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  • Editorial

El cambio climático ha llegado a Suiza

17.11.2017

“El cambio climático es una realidad, aunque algunos todavía no lo crean.” Con estas palabras, la Presidenta Federal, Doris Leuthard, se dirigió a los habitantes de Bondo (Grisones), el pasado agosto. Poco antes, tres millones de metros cúbicos de roca se habían derrumbado en el cercano Piz Cengalo. Gigantescas masas de rocalla cayeron al valle, sepultando parte del pueblo. Murieron ocho senderistas; en el propio pueblo, nadie sufrió lesiones gracias a un sistema de alarma; pero la destrucción fue inmensa.

En el pasado, las catástrofes naturales solían ocurrir en lugares remotos. En Suiza, nos enterábamos de ellas a través de la prensa o la televisión: devastaciones por huracanes en el Caribe, inundaciones por lluvias torrenciales en Asia. En la actualidad, Suiza también está siendo afectada. En las montañas se agrietan los glaciares y masas de roca se derrumban hacia el valle. En las planicies se inundan los centros de los pueblos y los cultivos son destruidos por heladas o bolas de granizo del tamaño de una pelota de tenis en pleno mes de mayo.

En Suiza también el clima se ha vuelto loco: es un hecho al que tenemos que acostumbrarnos. Las causas son conocidas, como lo resume de forma contundente el artículo de la sección “Tema clave” de la presente edición: las temperaturas se elevan en alta montaña, los veranos calurosos son más frecuentes. Esto repercute directamente en los glaciares y en la estabilidad de las laderas de las montañas.

El hecho de que los cambios climáticos se deban, principalmente, al comportamiento humano y no a caprichos de la naturaleza, hasta ahora no ha sido demostrado por completo –por desgracia, pues muchas personas siguen sin ver ningún motivo para cambiar su comportamiento cotidiano–. Sin embargo, el hecho de que el cambio climático sea una realidad, como lo aseveró la Presidenta Federal Leuthard, es algo que no se puede negar. Ni en Bondo, ni en Suiza.

Marko Lehtinen, redactor jefe

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