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“La democracia directa alivia las tensiones”

23.01.2019 – Susanne Wenger

Dentro de nueve meses se celebrarán elecciones en Suiza. El politólogo Michael Hermann nos habla de las divisiones, la coherencia interna y el estado de salud de la democracia suiza.

Panorama Suizo: Señor Hermann, en los últimos tres años los británicos han votado a favor de abandonar la UE y los populistas de derecha, tanto de Europa como de ultramar, han triunfado en las urnas. En Suiza, en cambio, un partido conservador y nacionalista como la UDC tuvo que reducir sus pretensiones. ¿Qué opina al respecto?

Michael Hermann: Lo que actualmente se está observando en distintos países ya había ocurrido en Suiza mucho antes. El ascenso de la UDC comenzó en los años 90. La relación con Europa, la migración, la globalización, las consecuencias del cambio económico y social: estos temas, que preocupan a mucha gente, se reflejaron más rápida y directamente en la política gracias a la democracia directa de Suiza. Se lanzaron iniciativas populares, se produjeron virulentos y apasionados debates; se acentuaron las divisiones. Los referendos suizos dieron mucho que hablar en toda Europa.

La prohibición de los minaretes, el voto contra la “inmigración en masa”, la deportación de extranjeros que hubiesen delinquido, la negativa a facilitar la naturalización de los “secondos”...

Exacto. A mí me llamaron periodistas extranjeros solicitándome explicaciones. El titular de un periódico británico rezaba: “Switzerland: Europe's Heart of Darkness.” También llamó la atención la publicidad provocadora de la UDC. Luego llegó el gran éxito electoral de la UDC de 2015 y el giro a la derecha; pero desde entonces, la situación se ha apaciguado. En un reflejo típicamente suizo, el electorado puso coto a cierto predominio de la UDC. Hoy en día, Suiza demuestra de nuevo mayor moderación y la población se ha pronunciado reiteradamente contra la expansión de la democracia directa a expensas del Estado de derecho. En cierta medida, nosotros ya hemos abordado e integrado en nuestro sistema los temas que ahora se están planteando en Europa y en los Estados Unidos.

El sistema suizo está buscando un equilibro; pero ¿el país todavía puede reformarse? Algunas reformas importantes, como la del sistema de pensiones, fracasaron en las urnas.

La democracia directa incorpora pronto las preocupaciones de la gente, alivia las tensiones, resuelve conflictos; posee muchas ventajas, aunque no tiene mucha capacidad para promover reformas. Pero siempre ha sido así. En comparación con los demás países europeos, el seguro de vejez y supervivientes y el sufragio femenino tardaron una eternidad en introducirse. De hecho, lo que resulta más difícil hoy en día, es formar alianzas que sobrevivan a la lucha electoral permanente. Especialmente la UDC y el PSS prefieren mantenerse firmes en la línea política de su partido, que tratar de llegar a un compromiso. Sin embargo, las diferencias políticas no suelen ser enormes: en el caso de la reforma al sistema de pensiones no se trataba de un debate entre neoliberalismo y socialismo, sino de una simple diferencia de 70 francos.

¿Qué significa para Suiza la baja forma de los partidos de centro?

Dado que no tenemos un sistema de oposición gubernamental, las elecciones no sirven para llevar al poder a determinada fuerza política. La o el votante sólo puede maniobrar el superpetrolero para que se dirija un poco en la dirección deseada: un poco más a la izquierda o a la derecha, un poco más progresista o más conservador, un poco más verde. Este sistema no favorece a los partidos del centro que, como el PDC, carecen de una orientación claramente definida; en cambio, los puntos fuertes de estos partidos radican en tender puentes, en forjar compromisos. Pero si el centro se reduce cada vez más, la coherencia interna del sistema puede llegar a debilitarse.

¿Por qué la socialdemocracia en Suiza logra mantener su cuota electoral, mientras que se hunde en muchos países europeos?

A diferencia de otras socialdemocracias de Europa, en Suiza el PSS se posicionó claramente a la izquierda después del cambio de siglo y desde entonces ha mantenido este rumbo. Esto le ha conferido un perfil muy claro. Pero desde mucho antes se había hecho el portavoz de preocupaciones ecológicas y sociales, lo que le permitió abrirse a nuevos estratos electorales, por lo que dependía menos de los trabajadores tradicionales. Además, en el sistema suizo el PSS nunca tuvo que asumir la plena responsabilidad del gobierno. Aunque esté en el Consejo Federal, también puede actuar como oposición.

En ciertos países, el auge de los populistas de derecha suscita preocupaciones por la democracia. Hay ataques a la prensa, al “establishment”, agitación y desinformación en la red. Suiza, por su lado, ¿sigue siendo el país modelo de la democracia?

Suiza es un país estable y próspero. El sistema evita que ciertas figuras autoritarias o ciertos partidos políticos puedan crecer demasiado. Pero la democracia suiza también tiene problemas. El sistema de la milicia se está desgastando y en el Parlamento hay numerosos grupos de presión. A la financiación de los partidos le falta transparencia y no hay un límite superior en los gastos. El sistema de medios de comunicación se está desmoronando a toda velocidad, porque los periódicos no están respaldados por el modelo empresarial. Las ramificaciones regionales del paisaje mediático siempre han sido una parte importante de la Suiza federal.

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