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  • Reportaje

Con la guerra en Ucrania, el búnker de Sonnenberg vuelve a captar la atención

01.07.2022 – STÉPHANE HERZOG

Con sus 20 000 plazas, el refugio antiatómico de Sonnenberg, inaugurado en 1976 en Lucerna, ha sido durante mucho tiempo la instalación más grande de este tipo en el mundo. Con la vuelta de la guerra a Europa, la visita de este testigo de la Guerra Fría cobra un nuevo significado.

¿Más alto, más apartado, más rápido, más bonito? En busca de los récords suizos más originales. Presentamos hoyel mayor búnker de protección civil de Suiza.

En la ladera de una pequeña colina nos hallamos frente a un parque infantil con su cajón de arena y sus columpios, rodeado de casitas. Al fondo se divisa un pórtico de hormigón. Bienvenidos al búnker de Sonnenberg, ¡el refugio antiatómico más grande jamás construido en Suiza! Nos encontramos a un kilómetro al oeste de la estación de tren de Lucerna, en el barrio de Bruchmatt.

Zora Schelbert, nuestra guía, llega en bicicleta. Además de ser profesora, desde 2006 acompaña a los visitantes a este lugar. Se trata de un trabajo a tiempo parcial “en el que cada visita es distinta”. Y aunque no vive lejos de aquí, en caso de ataque tendría que ir a refugiarse a otro lugar. ¿Adónde? “Registré la pregunta en un sitio web especializado en este tipo de asuntos, pero jamás obtuve respuesta”, comenta Zora en tono divertido. Avanzamos por un túnel en pendiente, de 200 metros de largo. En las paredes hay rayas de color naranja, 20 000 en total.

Las pintó la asociación Unterirdisch-überleben ["Sobrevivir bajo tierra"], que organiza las visitas. Cada raya representa a una persona, que contaría aquí con un espacio vital de un metro cuadrado. Esta multitud se repartiría en dos túneles de autopista, protegidos a ambos lados por puertas blindadas. Así se presenta el refugio antiatómico de Sonnenberg, inaugurado en 1976.

Electricidad para dos semanas

Al fondo del corredor accedemos al punto más elevado de un edificio subterráneo de siete plantas, conectado directamente con la autopista A2, un eje norte-sur por el que a diario transitan unos 65 000 vehículos. Este edificio es la "Caverna". En tiempos de guerra o de catástrofe, este cilindro de hormigón habría servido de cuartel general y centro de trabajo para 700 miembros del cuerpo de protección civil. Cada planta posee su función específica. El séptimo nivel abriga las instalaciones de energía y ventilación, con sus filtros biológicos, químicos y atómicos. La Caverna disponía de tres generadores diésel, entre los cuales uno de emergencia, con suficiente combustible para suministrar electricidad durante dos semanas. Esta planta también posee cabrestantes eléctricos que establecen una conexión vertical con la autopista. A través de unos pozos se habrían bajado a ambos túneles los equipos de supervivencia: catres, inodoros y grifos. Un tercio de la población de la ciudad se habría refugiado aquí.

En Kiev y Járkov, los túneles profundos del metro son utilizados para protegerse de los bombardeos. En Lucerna, esta protección la habría brindado el tramo de autopista de 1,5 kilómetros. En 1987, la operación “Hormiga” evidenció lo poco realista que habría sido la implementación del proyecto. Su objetivo era instalar 10 000 literas en una semana en uno de los dos túneles. Sin embargo, las carretillas previstas para transportarlas se atrancaron en los pasillos. Más grave aún: una de las cuatro puertas de hormigón destinadas a sellar el túnel no se dejó cerrar. De ahí que en 2002 se tomara la decisión de “reducir” la instalación y limitar su capacidad de acogida a 2 000 personas, que se alojarían en 24 horas. Con ello se dijo adiós al refugio-autopista.

Manifestantes encerrados bajo tierra

Desde su inauguración en 1976, el búnker de Sonnenberg solo se usó una vez: en diciembre de 2007, en ocasión de una manifestación de protesta contra el cierre de un sitio alternativo. La policía, que sigue en posesión de una planta en Sonnenberg, encerró a una decena de manifestantes en unas celdas acondicionadas para este fin. “Tal pareciera que quisieron poner a prueba las instalaciones”, comenta nuestra guía. Hace cuatro años, se colocaron 200 nuevas literas en una de las plantas de la Caverna para dar alojamiento a refugiados. Pero el proyecto pronto se abandonó.

Desde que comenzó la guerra en Ucrania, la asociación ha recibido varias llamadas de personas que desean informarse sobre el refugio, algo inédito desde 2006. La gente acopia víveres y quiere saber dónde podría refugiarse. La asociación también recibe a operadores turísticos que incluyen en su recorrido una visita al búnker. ¿Por qué le tienen tanto miedo a un ataque en un país neutral?, preguntan los visitantes extranjeros. Otros se admiran de que Suiza haya tomado semejantes medidas para proteger a sus ciudadanos. Entre los suizos de la tercera edad, algunos admiten que esta obra les daba una sensación de seguridad, mientras que a los jóvenes la enormidad de las instalaciones les da una idea de cómo se percibía la amenaza nuclear en tiempos de la Guerra Fría. Zora Schelbert, que este año alcanzará la marca de mil visitas, tiene una percepción matizada de este refugio: “No quiero ridiculizar este sitio. Se hizo para ayudar a la gente, aunque tengo dudas en cuanto a su utilidad”, explica la guía.

Una densidad humana inhumana

En Sonnenberg, el visitante trata de imaginar la vida bajo tierra. La densidad humana prácticamente habría confinado a las personas a sus literas. Habrían tenido que apretujarse para acceder a los inodoros secos y los grifos de su unidad de supervivencia, de 64 plazas cada una. Cada individuo habría tenido que traer su propia comida. Se habría racionado el agua. No había manera de calentar las raciones: las únicas cocinas del refugio estaban reservadas al personal y al hospital subterráneo, que además disponía de algunas duchas, las únicas del edificio. La visita guiada sigue su recorrido por un quirófano, una sala de reunión y un estudio radiofónico. Gracias a la asociación se mantuvo en su sitio el decorado de aquellos años de la Guerra Fría: material quirúrgico, teléfonos alámbricos, raciones de supervivencia en polvo. Las unidades de la Caverna se suceden, idénticas unas a otras. En las paredes predominan el verde y el amarillo, colores destinados a calmar los ánimos. Una sala de partos, pintada de color salmón, es de tan reducidas dimensiones que el visitante se siente urgido a salir de ahí de inmediato.

No existe ninguna capilla en Sonnenberg, aunque sí celdas para unos 16 detenidos. En caso de ataque, las tensiones bajo tierra sin duda se habrían agudizado. Es probable que la “reducción” del refugio haya obedecido a esta preocupación. Al fondo de un pozo se ve el tráfico de la A2. “El apoyo financiero de la Confederación para la edificación de este refugio permitió a Lucerna construir esta autopista a bajo costo”, recuerda nuestra guía. Pero en caso de urgencia los y las habitantes de Lucerna asignados al refugio de Sonnenberg no llegarían aquí en auto: atravesarían el parque infantil y entrarían por el túnel de servicio.

Una imagen familiar en los conjuntos habitacionales suizos: la puerta de hormigón armado que da acceso al refugio. Foto Keystone

 
 
Suiza cuenta en sus refugios con más de una plaza por persona

El búnker de Sonnenberg forma parte de un sistema global basado en una ley votada en 1959, con el objeto de garantizar a cada habitante un refugio al que pueda acceder en solo treinta minutos a pie. El país cuenta con unos 365 000 refugios privados y públicos, que ofrecen alrededor de nueve millones de plazas, lo que representa una cobertura superior al 100%. Según estimaciones de la Oficina Federal de Protección Civil, se han construido en los últimos años cerca de 50 000 plazas anuales. Todo propietario de un inmueble nuevo está obligado a construir un refugio, que debe equipar y mantener; en caso de que desistiera de hacerlo, deberá pagar una contribución sustitutiva. Los municipios deben construir, equipar y mantener refugios públicos donde no los haya. Construidos con hormigón armado, los búnkeres suizos están diseñados para resistir la presión de una bomba y reducir la intensidad de la radiación por un factor de 500. Los suizos utilizan los refugios como espacio de almacenamiento o, incluso, como lugar de reunión y alojamiento para solicitantes de asilo y personas sin techo. Sin embargo, estos locales deben estar operativos en un plazo máximo de cinco días. El 3 de marzo, una semana después de que estallara la guerra en Ucrania, la Confederación anunció que, dada la nueva situación en materia de seguridad, los cantones debían “revisar los planes de asignación de refugios y adaptarlos en caso necesario”.

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