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  • Editorial

Entre el auge económico y la falta de espacio

24.04.2026 – Walter Schmid

Suiza crece y crece, a un ritmo que no es del agrado de todos: cada seis minutos y cincuenta y cuatro segundos llega una persona más a nuestro país. Lo que a primera vista podría parecer un dato anecdótico dado a conocer por la Oficina Federal de Estadística, refleja, en realidad, uno de los grandes dilemas de nuestro tiempo.

Actualmente, más de nueve millones de personas viven en Suiza; dentro de algunas décadas, podrían ser más de diez. Para muchos, esta evolución traduce nuestro auge económico; para otros, es motivo de preocupación. La iniciativa “¡No a una Suiza de 10 millones!”, que se someterá a votación el 14 de junio de 2026, propone fijar un tope demográfico y reducir estrictamente el flujo de inmigrantes.

Sin embargo, de no ser por la inmigración, muchas cosas no funcionarían adecuadamente en la vida cotidiana: personas procedentes de todos los rincones del mundo trabajan en los hospitales, la construcción, los restaurantes y centros de investigación. Contribuyen a la prosperidad económica de nuestro país y amortiguan los efectos del envejecimiento de nuestra sociedad. Al mismo tiempo, las ciudades y las aglomeraciones urbanas nos recuerdan que el crecimiento tiene su coste: la vivienda escasea, los trenes están cada vez más abarrotados y aumenta la presión sobre el territorio y las infraestructuras.

La densidad ocupacional se manifiesta hasta en los lugares más inesperados: Suiza tiene registradas casi 100 000 embarcaciones privadas. Conseguir un atracadero en Ginebra puede ser tan difícil como encontrar una vivienda en Zúrich: la lista de espera es largas y las plazas escasean. Con cierta ironía, cabría preguntarse: si se plantea un tope al número de habitantes, ¿por qué no también al número de embarcaciones?

La iniciativa, que afecta a 530 000 suizas y suizos en el extranjero europeo, deja poco margen para la ironía. La normativa vigente sobre la libre circulación de personas permite vivir, trabajar o fundar una empresa en un país de la UE con relativa facilidad. Su rescisión transformaría la vida cotidiana y los derechos de residencia de muchos ciudadanos suizos en el extranjero. Establecer un límite fijo de población implicaría, en última instancia, poner fin a la libre circulación. Por ello, la jornada electoral del 14 de junio de 2026 también será decisiva para las relaciones entre Suiza y Europa.

El debate revela un país que está cuestionando su modelo de éxito. Pero Suiza también tiene otras historias que contar: por ejemplo, la de una modista de trajes tradicionales que, como por arte de magia, es capaz de vestirnos con esplendor patrio, o la historia curiosa de un grupo de aficionados al heavy metal que la Iglesia reconoce oficialmente como comunidad religiosa. Quizá sea precisamente esa mezcla de tradición y evolución la que explique el éxito helvético. En tiempos dominados por las grandes cifras, ¿por qué no dirigir la mirada hacia las pequeñas historias que se ocultan detrás de ellas?


WALTER SCHMID, REDACTOR JEFE

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