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  • Sociedad

Trajes repletos de historia y tradición

24.04.2026 – Denise Lachat

Con agujas, hilo y decenas de horas de trabajo manual, Monika Bögli mantiene viva una tradición suiza en Neuenegg (cantón de Berna). Esta modista viste a sus clientas con auténticos “trajes tradicionales a medida”.

Monika Bögli lleva un traje de trabajo tradicional de Berna. El mandil rojo y el azul, colgados en perchas, están hechos de seda de damasco y forman parte del traje festivo de Berna. Foto Denise Lachat

Con vivacidad, Monika Bögli abre la puerta de su taller de costura en Neuenegg, en el cantón de Berna, haciendo ondear su falda de un azul luminoso; o, para ser más precisos, su Kittel, como lo llaman los entendidos, sobre el que lleva un delantal a rayas azules y verdes. Bajo el corpiño asoma una blusa blanca, adornada con un broche de filigrana, y en el cuello luce un pañuelo de seda negro finamente calado. Todo pareciera indicar que esta grácil mujer se dispone a salir de casa; pero nada más lejos de la realidad: Monika Bögli viste un traje tradicional bernés de trabajo. Con una sonrisa comenta: “Así es como las mujeres vestían antiguamente para ir al campo”. Las familias campesinas confeccionaban sus propias telas, generalmente de lana o lino, lo suficientemente resistentes como para soportar numerosos lavados.

Un oficio que llena de orgullo

El traje de Monika Bögli está confeccionado en su mayor parte con una tela mitad lino, mitad algodón, tejida a mano; ha requerido decenas de horas de trabajo: nuestra costurera calcula que se necesitan entre 50 y 70 horas para confeccionar un traje tradicional. Especialmente laboriosa es la confección del corpiño, con sus tres capas de guata, forro y tela, además de los adornos. Este minucioso trabajo, sumado a materiales como la seda, elaborados en parte de manera artesanal, tiene su precio: un traje de trabajo nuevo cuesta cerca de 2 200 francos, y un traje de fiesta puede alcanzar los 3 000; a ello habría que añadir la joyería de plata, cuyo valor mínimo es de 3 500 francos. Pero quien se pone un traje así se siente como una persona nueva: tan solo las varillas del corpiño confieren un porte diferente a la mujer que lo lleva. Monika Bögli se siente orgullosa y honrada con su traje: “Me viste y me queda como un guante”.

La invención de una tradición

El orgullo y la honra se entrelazan con la sensación de seguir preservando una tradición que se remonta a la época medieval... y que estuvo a punto de desaparecer en Suiza. Con el auge económico posterior a la fundación del Estado federal en 1848, se desarrollaron la industria, los medios de transportes, la tecnología y el comercio, y el trabajo manual corrió a cargo de las máquinas. Los suizos, sobre todo en las ciudades, empezaron a seguir las tendencias internacionales en materia de moda. No fue hasta finales del siglo XIX cuando resurgió el interés por la cultura popular y las costumbres. Entonces se empezaron a documentar y recuperar los antiguos trajes. 

A este renacimiento contribuyeron tres importantes eventos: la creación, en 1905, de la organización “Patrimonio Suizo”, cuya misión es proteger el patrimonio cultural del país, el cual incluye no solo los edificios históricos, sino también la indumentaria tradicional. En esa época se comenzaron a confeccionar de nuevo los antiguos trajes, a partir de muestras históricas de diversos cantones. En 1926 se creó en Lucerna la Federación Nacional de Trajes Suizos (STV, por sus siglas en alemán), que este año celebra su centenario. El objetivo de la STV era reintegrar el traje tradicional —una prenda atemporal, sencilla y unificadora— en la vida cotidiana. Finalmente, en la Exposición Nacional de 1939, en Zúrich, se exhibieron en el Landidörfli trajes de todas las regiones del país, como distintivo de una Suiza fuerte e independiente en una época convulsa y como símbolo de patriotismo, cohesión social e identidad nacional.

Doris Leuthard, expresidenta de la Confederación, con su traje tradicional de Argovia durante la fiesta federal de trajes suizos de 2010. Foto Keystone

Hoy en día, el traje tradicional ya no se usa en la vida cotidiana, sino que se reserva para ocasiones especiales: las fiestas folclóricas, las veladas de entretenimiento, las bodas y los bautizos, así como los actos oficiales. Por ejemplo, en 2010, como invitada de honor de la Fiesta Federal de Trajes en Schwyz, la entonces Consejera Federal Doris Leuthard lució el traje festivo de la región de Freiamt en Argovia, su cantón de origen.

Un valioso símbolo de pertenencia

Hoy en día, volvemos a vivir tiempos convulsos. Tras la pandemia del coronavirus, durante la cual las asociaciones de yodel, trajes tradicionales y danza perdieron miembros, las costureras vuelven a notar un interés creciente por estos trajes entre los jóvenes. Este tipo de atuendo se regala con motivo de las confirmaciones, tanto católicas como protestantes, y lo llevan los hijos de familias de hoteleros. La clientela es más bien rural. Monika Bögli también tiene clientas jóvenes, que a menudo han heredado el traje de su abuela y lo mandan ajustar a su talla; otras mujeres se costean esta valiosa prenda para celebrar un cumpleaños particularmente fastuoso.

De niña, Monika Bögli ya vestía trajes tradicionales y bailaba danzas populares, antes de formar parte de un grupo de trajes regionales, al igual que su madre y su abuela. Para ella, vestir un traje tradicional es una manera de manifestar su pertenencia a la familia y a su región. “El traje forma parte de mi cultura, es la expresión de mi apego a la patria chica”, explica nuestra bernesa. De hecho, no solo cada cantón suizo tiene sus trajes propios y específicos; también existen decenas de modelos regionales que se distinguen por sus colores, cortes y adornos. En toda Suiza se contabilizan nada más y nada menos que 700 trajes diferentes.

En Suiza existen 700 trajes regionales, que se diferencian por colores, cortes y adornos: Cantón de Appenzell Rodas. Foto cedida a la revista/Silvan Bucher

Expresión de la diversidad cultural

“Algunos trajes se parecen mucho”, explica Sissi Sturzenegger, Presidenta de la comisión de trajes de la STV. “Sin embargo, los entendidos saben distinguirlos”. Así, en los alrededores del lago de Constanza, e incluso más allá de la frontera, se lleva un tocado en forma de abanico. Con motivo de su centenario, la STV quiere dar a conocer al gran público la diversidad de los trajes tradicionales suizos, en particular durante la Fiesta Suiza de Coros en Traje Tradicional, que se celebrará los días 5 y 6 de junio en Sursee (LU), pero también a través de un libro ricamente ilustrado que presenta los trajes de todos los cantones. No es de extrañar, pues, que se describa el traje tradicional como un “certificado de origen que se lleva encima”. Por cierto, esta prenda de vestir que crea identidad también es solicitada en el extranjero: durante su formación, Monika Bögli colaboró en la confección de trajes tradicionales para dos suizas residentes en Canadá.

Monika Bögli confecciona exclusivamente trajes tradicionales del Mittelland bernés, del Emmental y de la Alta Argovia; ni se le ocurriría confeccionar trajes de otras regiones o cantones. Esta filosofía la comparten todas las costureras de trajes tradicionales. De todas formas, la libertad artística es limitada: cada traje tiene sus hechuras y sus cortes, y unos accesorios predefinidos; solo se pueden elegir los colores y, a veces, los patrones, explica Bögli, mientras nos señala con el dedo toda una pila de carpetas llenas de muestras de telas y descripciones de trajes: “En los años 1930 se puso orden en el caos que reinaba anteriormente”, comenta.

Encontrará más fotos de trajes tradicionales en la publicación que saldrá a la venta el 15 de junio de 2026, con motivo del centenario de la Federación Nacional de Trajes Suizos.

Más que oficio, vocación

Monika Bögli completó su formación como diseñadora de moda, que duró tres años, con una especialización de dos años. Esta formación tiene mucha demanda, afirma, pero las plazas de aprendizaje con modistas profesionales escasean. El cantón de Berna ofrece ahora un programa modular con cursos específicos, por ejemplo, sobre la confección de corpiños y blusas. Para Monika Bögli, una cosa está clara: “Esta herencia nace y se transmite en la familia”. Ella misma ha contagiado el gusanillo a su descendencia: sus tres hijas, de 26, 28 y 30 años, ya llevaban trajes tradicionales cuando tenían tres años, para ir a fiestas o ferias ganaderas, y siguen haciéndolo como damas de honor en las bodas.

De repente, Monika se retira a la habitación de al lado para cambiarse, porque tiene otros asuntos que atender: suele trabajar en su taller de costura un día a la semana y el resto del tiempo en su granja, en Neuenegg, donde se dedica a la ganadería (para la producción de leche y carne), al cultivo de forraje y al puesto de venta que tiene en su granja. Vuelve vestida con jeans y blusa, el “traje tradicional” de nuestro siglo. Su traje bernés permanecerá bien guardado hasta la próxima celebración.

Más información sobre este libro en: www.trachtenbuch.ch

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