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  • Reportaje

Los suizos y su amor por la navegación

24.04.2026 – Stéphane Herzog

Suiza ofrece a los amantes de los deportes náuticos decenas de lagos y embalses donde navegar. Nuestro país cuenta con un velero por cada 353 habitantes, lo que lo sitúa en el quinto puesto a nivel mundial. Suiza también tiene sus propios héroes del mar.

¿Más alto, más apartado, más rápido, más bonito? En busca de los récords suizos más originales. Hoy: un país con una elevada densidad de embarcaciones.

En comparación internacional, Suiza es una nación líder en número de embarcaciones por habitante. Si bien es cierto que el país no tiene acceso directo al mar, cuenta con 150 cuerpos de agua navegables y buenas condiciones para los deportes acuáticos, en particular para la vela. “La orografía crea vientos térmicos favorables para este deporte”, subraya Olivier von Arx, Presidente de la Asociación de Propietarios de Barcos (APB) en Ginebra. “En el lago Lemán, las primeras regatas se remontan al siglo XIX, en las que competían buques de transporte”, explica Bernard Schopfer, navegante y autor de varios libros, entre ellos uno sobre las regatas que se celebran en este espacio náutico conocido en el mundo entero. Este experto apoyó en materia de comunicación al equipo Alinghi en los preparativos previos a la primera victoria de Suiza en la Copa América, celebrada en Auckland en 2003. En ese entonces, varios regatistas del equipo neozelandés, que ostentaba el título, se pasaron al equipo suizo.

Nueva Zelanda, como nación marinera, intentó impedir la participación de Suiza en la competición, alegando que nuestro país carecía de salida al mar y que el proyecto suizo Alinghi, dirigido por el multimillonario Ernesto Bertarelli, sólo se sustentaba por el dinero. El equipo de comunicación de Alinghi replicó: “El reglamento de la Copa América establece que hay que tener un brazo de mar. El Rin cumple este requisito”, explica Bernard Schopfe. El equipo suizo Alinghi también resaltó el elevado índice de barcos por habitante en Suiza. “Además, mencionamos las hazañas de regatistas suizos como Pierre Fehlmann”, recuerda el ginebrino.

Vencedor en 1986 de la regata de vela Whitbread Round the World Race, hoy llamada The Ocean Race, Fehlmann es una figura tutelar de la vela suiza. “Se trata del primer gran marinero suizo. Popularizó la vela, y navegantes como Dominique Wavre [que completó diez vueltas al mundo en vela, n.d.l.r.] descubrieron el mar gracias a él”, comenta Daniel Rossier, excomodoro del Cruising Club de Suiza (CCS), que cuenta con 6 000 socios que navegan en alta mar. Entretanto, la nación alpina cuenta con otros dos regatistas de altos vuelos: Alan Roura, el participante más joven de Vendée Globe en 2017, y Justine Mettraux, que en 2025 cruzó la meta como octava en esa vuelta al mundo a vela en solitario que se lleva a cabo con barcos de 18 metros de eslora, los denominados “Imocas”. Ambos son, por cierto, de Versoix, un pueblecito ginebrino a orillas del lago Lemán.

“Los éxitos de los navegantes suizos y la victoria de Alinghi en 2003 hicieron soñar a la gente”, señala el marinero valdense Mathieu Verrier, quien atravesó el Atlántico en un barco de 6,5 metros. Diseñó y construyó su velero para la regata transatlántica Mini Transat de 2009, que es la puerta de entrada para las grandes regatas en alta mar. También participó en esta regata otro suizo, el ginebrino Fabrice Germond, que trabaja en la misma oficina naval de Lausana, la VMG Yacht Design, fundada por ambos navieros. En referencia al arte náutico en Suiza, Mathieu Verrier comenta: “Este país cuenta con personas que disponen de los recursos para comprarse un barco; además, aquí hay muchos lagos y el acceso al agua es fácil”. En Suiza hay veinte lagos y embalses donde uno puede sacarse una licencia de navegación. A la cabeza están los valdenses, con más de 15 000 barcos matriculados, seguidos por los zuriquenses (con 10 000) y los ginebrinos (con 6 000). Mathieu Verrier posee un pequeño catamarán que se puede navegar en solitario. Reconoce que vive su vida al ritmo de los boletines meteorológicos, “con una agenda que se rige por el viento”.

“Este país cuenta con personas que disponen de los recursos para comprarse un barco; además, aquí hay muchos lagos y el acceso al agua es fácil”. Mathieu Verrier, marinero y arquitecto naval

Los lagos forman el horizonte inmediato de muchos suizos, cuyo país tiene acceso a dos de los lagos más grandes de Europa occidental: el lago Lemán y el lago de Constanza. Los navegantes de agua dulce se dividen en dos grupos principales, claramente diferenciados entre sí: los navegantes de vela y los aficionados a la motonáutica. El segundo grupo es cada vez más numeroso. “La lancha a motor es como un coche con dos amarras; tiene volante y acelerador”, aclara Mathieu Verrier. En cambio, la vela, que pierde cada vez más adeptos, requiere una larga formación. También hay que invertir mucho tiempo, admite el autor Bernard Schopfer, que durante treinta años participó todos los martes en regatas en el lago Lemán. Recuerda sus viajes en lancha a motor, cuando solía regresar a Ginebra desde Lutry, los domingos por la noche. “Con un barco a motor puedes salir de Lausana para ir a comer percas en Thonon, en Francia. Con un velero, sin embargo, no sabes cuándo vas a llegar”, explica Mathieu Verrier.

¿Y qué diferencia hay con la navegación marina? “La diferencia es que no hay sal”, bromea el arquitecto naval, aunque no sin advertir que en un lago como el Lemán pueden soplar vientos muy fuertes. “En la última edición del récord de la vuelta al mundo a vela, se produjo una racha de viento en Bretaña, al final de la regata, con rachas de hasta 80 km/h; pero en el lago ya se han registrado vientos de 140 km/h”, señala Mathieu Verrier. Los lagos pueden ser peligrosos, como lo evidenció, por ejemplo, un accidente en el lago de Zug, ocurrido en junio de 2024, cuando se encontró a 80 metros de profundidad el pecio de un velero, con un navegante todavía a bordo; la embarcación naufragó durante una regata. En 2019, un vendaval azotó el Bol d’Or Mirabaud, la regata en cuenca cerrada más grande del mundo. Durante una hora, vientos de más de 100 km/h dispersaron la flota, provocando el abandono de 212 de un total de 465 embarcaciones de la competición. Por suerte no hubo que lamentar víctimas.

Estas condiciones no son muy distintas a las del mar, y, de hecho, cada año muchos suizos se pasan a la navegación marina, que requiere una licencia especial. El curso teórico dura catorce semanas y concluye con un examen. A continuación, hay que navegar de forma activa durante 1 000 millas náuticas, es decir, 1 850 kilómetros en el mar, un itinerario que tiene que ser validado por patrones. Cada año, unos 800 suizos y suizas superan este examen, señala Daniel Rossier, exdirector de CCS. “La licencia suiza es muy exigente”, opina este marinero de 82 años, que ha surcado todos los mares. Afirma que siempre le ha sorprendido la cantidad de compatriotas con los que se ha encontrado en los puertos, especialmente en el Caribe.

“En el lago Lemán, las primeras regatas se remontan al siglo XIX, en las que competían buques de transporte”. Bernard Schopfer, navegante y autor

Otro desafío es encontrar un puesto de amarre. Lo necesitan las embarcaciones con quilla y los barcos demasiado grandes para poder sacarlos fácilmente del agua durante la temporada baja. Sin embargo, muchas veces el sueño de tener un barco propio no se hace realidad por la falta crónica de plazas. Según cifras facilitadas por las autoridades, a finales de 2025 Ginebra tenía una lista de espera de más de mil personas. Paradójicamente, solo una minoría de embarcaciones sale a navegar con regularidad. Habría que compartir los barcos o, incluso, retirar del agua a los que siempre permanecen amarrados en el muelle; “pero no se les puede poner cuentamillas”, señala el responsable de la APB, Olivier von Arx, quien afirma no perderse ni una oportunidad para salir a navegar. “Me alejo 300 metros de la costa, apago el motor y disfruto del espacio y la tranquilidad”, dice.

Traspasar un puesto de amarre a un pariente o amigo cercano está sujeto a condiciones muy estrictas; esto implica una escasez crónica de amarres. “Mejor así”, comenta Bernard Schopfer, quien recuerda que la superficie de los lagos suizos no es ilimitada.

Un país de marineros de agua dulce

Según datos oficiales, en 2024 había 94 372 barcos privados matriculados en Suiza, de los cuales 63 446 eran barcos a motor y 25 385, veleros. Esto corresponde a un velero por cada 353 habitantes: más que en Francia (uno por cada 380 habitantes) o en Italia (394). Esta tasa sitúa a Suiza en el quinto puesto de la clasificación mundial, encabezada por Noruega (92), seguida de Nueva Zelanda (173).

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