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  • Sociedad

Metalchurch | La Iglesia protestante da la bienvenida al heavy metal

24.04.2026 – Susanne Wenger

Servicios religiosos en el club social, asistencia pastoral en festivales, círculos bíblicos con cerveza: desde principios de 2026, la Metalchurch es la primera congregación de heavy metal reconocida en Suiza. Las Iglesias nacionales, cada vez menos concurridas, buscan vías de renovación.

Samuel Hug, pastor de la Metalchurch, la Iglesia del rock duro, recibe a Panorama Suizo en su pequeño despacho de la localidad bernesa de Kirchberg, a un paso de la iglesia reformada que domina el paisaje urbano desde hace más de quinientos años. Su parroquia, de reciente creación, no dispone de instalaciones propias: “Queremos seguir siendo flexibles”, explica Hug. Lleva una sudadera negra con capucha y el logotipo del grupo musical. En la pared vemos carteles de estilo heavy metal, junto a estanterías con libros sobre este mismo tema y cientos de discos compactos. Mientras escribe sus sermones, el pastor escucha música heavy metal y busca puntos en común con el Evangelio: “Nunca faltan”, asegura.

Samuel Hug está casado, tiene cuatro hijos y es pastor ordenado. Antes, atendía a dos comunidades rurales del cantón de Berna, el cantón con mayor población protestante del país. A nivel nacional, los protestantes constituyen la segunda comunidad religiosa más numerosa después de los católicos. Samuel Hug se enamoró del heavy metal en su adolescencia, a pesar de que le advirtieron que esta música era “obra del diablo”.

Pero le fue imposible dejar de escuchar estos sonidos furiosos y rebeldes. Judas Priest, grupo pionero del metal nacido en la ciudad industrial británica de Birmingham, sigue siendo uno de sus grupos favoritos. Junto con otras personas que compartían los mismos ideales, fundó en 2012 la Metalchurch, en un principio como proyecto de voluntariado. “Queríamos tender un puente entre la Iglesia y el mundo del rock metálico”, explica. Sin embargo, este acercamiento llevó su tiempo. Hug y sus compañeros tuvieron que ganarse a ambos bandos: tuvieron que convencer, por un lado, a los “metaleros” de que no se trataba de instrumentalizarlos; y por otro, a los círculos eclesiásticos de que la Iglesia reformada no se fragmentaría en distintos grupúsculos.

Un paso histórico

En 2022, tras varios años de “aprendizaje mutuo”, como los llama Samuel Hug, las Iglesias reformadas de Berna, Jura y Soleura (ERBJS) lo nombraron “pastor innovador” a tiempo completo. En noviembre de 2025, el sínodo (la asamblea secular de la Iglesia) reconoció oficialmente la Metalchurch, con solo un voto en contra, y la dotó con 180 000 francos anuales, además de asignar un salario a su pastor, argumentando que su parroquia llega a personas que de otra forma apenas tendrían acceso a la Iglesia.

La Metalchurch opera “dentro del amplio marco de una Iglesia nacional”, afirma Markus Dütschler, portavoz de ERBJS. Desde su fundación se ha consolidado y sigue creciendo. El sínodo ha reconocido que ofrece a muchas personas “un refugio espiritual”.

Se trata de una novedad de gran trascendencia en la historia de la Iglesia. Las tres Iglesias nacionales reconocidas como corporaciones de derecho público en Suiza (la católica-romana, la evangélico-reformada y la católicacristiana) están organizadas tradicionalmente por territorios. La Metalchurch, en cambio, no se basa en el lugar de residencia de sus fieles, sino en un grupo específico de personas –algo totalmente novedoso–. Como no puede recaudar impuestos de sus fieles, como lo hacen las congregaciones locales, recibe fondos directamente de la Iglesia cantonal, aunque una parte de sus fondos procede también de donativos.

¿Por qué el heavy metal?

Que el heavy metal, esa subcultura amante de las guitarras estridentes y de lo tenebroso, haya logrado esta hazaña no sorprende demasiado a Samuel Hug: “El metal trata los grandes temas de la vida”, dice Hug. Al igual que la mismísima Biblia, no rehúye temas como el dolor, la duda y las profundidades de la existencia humana. Comparte el mismo mensaje cristiano de esperanza, añade el pastor roquero. La única diferencia es la forma en que se transmite este mensaje. “Lo que nos une es la fe”.

“La Iglesia no puede esperar a que la gente se acerque a ella; debe ir a donde está la gente”.

Samuel Hug

El equipo directivo consta de ocho personas, entre las que se encuentran el pastor y una diaconisa social. 125 voluntarios apoyan a la Metalchurch, el doble que hace cuatro años. La parroquia no lleva ningún registro de sus miembros, pues la Iglesia de aficionados al rock metálico se constituye donde se reúne su feligresía. Más de cien personas asisten a los servicios religiosos mensuales de la Metalchurch que cuentan con música en vivo, se celebran en un club social y se retransmiten a través de un canal de radio en línea llamado “Drachenblut” [“Sangre de dragón”]. La Metalchurch también ofrece asistencia pastoral en festivales de música (el año pasado se celebraron unos treinta) y organiza charlas como “Biblia, cerveza y rock metálico”, que se organizan en las salas de estar de casas particulares. Mucho menos solicitados son los bautizos, las bodas y los funerales al estilo heavy metal. Según Hug, esto refleja el retroceso de los rituales tradicionales.

Las Iglesias nacionales pierden terreno

El reconocimiento de la Metalchurch se produce en un momento de importantes cambios dentro del panorama religioso suizo. Las Iglesias nacionales, antaño dominantes, llevan décadas perdiendo terreno. En 1980, según estadísticas federales, el 47 % de la población pertenecía a la Iglesia católica-romana; hoy es el 30 %. La Iglesia evangélico-reformada registra un descenso aún mayor: del 45 al 19 %. Paralelamente, la diversidad religiosa ha ido aumentando, debido a la inmigración. Sin embargo, el grupo con mayor crecimiento corresponde al de los aconfesionales: mientras que, en 1980, las personas sin confesión religiosa tan solo constituían en torno al cuatro por ciento de la población, pasaron a ser, por primera vez, el principal grupo en 2024: casi el 37 %.

Con la disminución del número de fieles, también se han reducido los ingresos de las Iglesias nacionales. No pocas parroquias locales se fusionan y venden sus edificios, incluyendo iglesias. Para no perder aún más terreno, las Iglesias deben encontrar nuevas formas de expresión: ese es el consenso que prevalece no solo en una Suiza cada vez más secularizada, sino también en amplios círculos eclesiásticos. Las Iglesias deberían “contextualizar” más su mensaje, es decir, adaptarlo más al entorno de vida de sus fieles. Por ejemplo, en la Iglesia de Inglaterra las congregaciones convencionales y las alternativas, como las “Iglesias forestales”, coexisten desde 2008 en pie de igualdad. En Suiza, donde las iglesias cantonales son autónomas en su toma de decisiones, este tipo de enfoque aún se encuentra en fase experimental.

¿Un remedio contra el abandono de las iglesias?

“Deseamos abrirnos a nuevas formas de presencia eclesiástica”, explica el portavoz de las Iglesias reformadas de Berna, Jura y Soleura (ERBJS), que cuentan con un fondo específico para la innovación. Este está destinado a promover más de treinta proyectos: desde un centro de hip-hop, pasando por una vicaría queer, hasta un convento urbano en un edificio eclesiástico reconvertido. Que la Metalchurch haya sido reconocida oficialmente como una congregación eclesiástica es hasta la fecha la señal más clara de renovación que ha dado una Iglesia cantonal. Queda por ver si otras comunidades seguirán su ejemplo. Para el pastor roquero Samuel Hug, fan del metal y excepcional comunicador, una cosa es segura: “La Iglesia no puede esperar a que la gente se acerque a ella; debe ir a donde está la gente”.

www.metalchurch.ch

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