En todas partes se esgrime el mismo argumento: mientras que los ordenadores y las tabletas pueden y deben utilizarse en la enseñanza, los smartphones privados generan inquietud en el aula, merman la concentración y el espíritu comunitario.
En la Suiza federal, donde la soberanía educativa no recae en la Confederación, sino en los cantones, la situación es muy heterogénea y nuestro país está aún muy lejos de tener una ley nacional al respecto. Sin embargo, a petición del Parlamento Federal, la Confederación tiene ahora la obligación de analizar el tema.
El Parlamento ha aprobado dos mociones presentadas por sendas senadoras ecologistas del Consejo de los Estados, que solicitan a la administración federal la elaboración de un informe. Dicho informe debe mostrar cómo puede el Estado proteger a los escolares del uso excesivo y nocivo de las redes sociales, y dar a conocer la postura del Gobierno respecto a una prohibición de los teléfonos móviles en las aulas. Estas intervenciones se fundamentan, por cierto, en los estudios mencionados anteriormente.
Si bien los teléfonos móviles perturban las clases, también es cierto que forman parte de la vida cotidiana de los niños. Incluso el billete de autobús suele estar guardado en su teléfono móvil.
Fomentar las competencias
¿Qué opinan los profesores y directores de escuela suizos, así como los expertos en protección de menores, sobre la prohibición del móvil en la escuela? La verdad es que distan mucho de tener una postura claramente definida al respecto. En 2024, la Asociación Suiza de Profesores (LCH) declaró que los estudios sobre este tema no eran concluyentes: el éxito de la prohibición del teléfono móvil en la escuela depende en gran medida de la forma en que se aplique y de las acciones pedagógicas que acompañen esta medida.
En lo que respecta a los teléfonos móviles y dispositivos similares, hay que sopesar cuidadosamente los pros y contras, tanto del control como del fomento de las competencias digitales en el entorno escolar. Aunque los teléfonos móviles pueden generar distracción, adicción y conllevan riesgos como el ciberacoso, también ofrecen importantes oportunidades de aprendizaje. Una prohibición general no sería viable a largo plazo, afirma la LCH.
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