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  • Política

¿Adiós al estrépito de los fuegos artificiales?

02.10.2026 – Susanne Wenger

Una iniciativa presentada por grupos de protección de los animales y del medio ambiente propone prohibir a los particulares en toda Suiza el uso de fuegos artificiales ruidosos. El 29 de noviembre de 2026, el pueblo y los cantones decidirán sobre esta propuesta.

En Suiza, los ciudadanos pueden llevar sus reivindicaciones políticas a la agenda nacional mediante una iniciativa popular. Para ello deben reunir al menos 100 000 firmas. Así es como llegan a someterse a votación algunos temas que causan sorpresa fuera de nuestras fronteras: en 2018 se trataba de los cuernos de las vacas; hoy, son los fuegos artificiales. Presentada en 2023, la iniciativa “Por una restricción de los fuegos artificiales” pretende prohibir a los particulares la compra y el uso de fuegos artificiales ruidosos (ver Panorama 3/2025).

Los promotores de la iniciativa, encabezados por Roman Huber, ex periodista y adiestrador canino de Argovia, y por Corinne Meister, informática y criadora de San Galo, subrayan que no pretenden imponer una prohibición total. Se seguiría permitiendo el uso de los fuegos artificiales silenciosos, como los volcanes de pólvora. Lo mismo se aplicaría a los espectáculos pirotécnicos públicos en días festivos como el 1.o de agosto, siempre que cuenten con autorización cantonal. La iniciativa está respaldada por tres organizaciones de defensa de los animales, entre ellas la Protección Suiza de los Animales (PSA), una de las asociaciones con mayor número de afiliados.

El objetivo de esta iniciativa es evitar que las mascotas, el ganado y los animales salvajes sufran el estrés y las molestias causadas por los estruendos y destellos de los cohetes y petardos. Además, sus promotores sostienen que el ruido también es perjudicial para las personas: las partículas en suspensión procedentes de los fuegos artificiales suponen un riesgo para la salud, mientras que los contaminantes se filtran en el suelo y el agua, sin hablar de los más de doscientos accidentes que provocan cada año los fuegos artificiales. El Gobierno federal rechaza la iniciativa, al igual que la mayoría del Parlamento. Su principal argumento es que supondría una regulación excesiva: los cantones y municipios ya pueden restringir el uso de los fuegos artificiales, como ocurrió este año el 1.o de agosto, debido al riesgo de incendios relacionado con la sequía. De hecho, numerosos municipios ya han impuesto restricciones o, incluso, prohibiciones permanentes, siguiendo el ejemplo de las regiones turísticas y de montaña de los Grisones. 

Los detractores consideran que los fuegos artificiales forman parte de las tradiciones festivas del país; denuncian el impacto que tendría su prohibición en el sector comercial y abogan por la tolerancia y la responsabilidad individual. Con el afán de tener en cuenta la reivindicación de los promotores de la iniciativa y, al mismo tiempo, suavizarla, las dos Cámaras del Parlamento se mostraron inicialmente a favor de un contraproyecto, que preveía prohibir, en particular, los petardos sin efectos luminosos.

Pero, para sorpresa general, durante la votación final de la sesión de verano, el Consejo Nacional rechazó su propia reforma legislativa a través de una inusual alianza entre la derecha y la izquierda. Los partidos de centro-derecha (UDC y PLR) consideraron que la contrapropuesta iba demasiado lejos, mientras que los Verdes la juzgaron insuficiente. De este modo, la iniciativa sobre los fuegos artificiales llegará a las urnas sin contrapropuesta alguna.

 
 
Fuegos artificiales: ¡menuda diversión!

Lo reconozco: soy uno de esos aficionados que encienden cohetes y petardos por puro placer. Sé que son ruidosos, perjudiciales para el medio ambiente y hasta peligrosos; que llenan la atmósfera de gases tóxicos y estresan a nuestras inocentes mascotas. Pero, aun así, me encantan.

Desde hace cincuenta años, los fuegos artificiales del 1.o de agosto son para mí una oda a la alegría de vivir. También me han enseñado a ahorrar: de niño, tenía que apartar mi dinero de bolsillo durante meses para comprar suficiente “munición” en la papelería y poder lanzar fuegos artificiales en ráfagas durante horas, con un cañón que yo mismo había confeccionado con un tubo de cartón. Si el cañón se encendía, mi padre lo apagaba imitando el sonido de una sirena de defensa antiaérea. Mi padre era un hombre serio; pero el 1.o de agosto volvía a ser un niño y compartía conmigo mis fantasías infantiles.

Los fuegos artificiales son un entretenimiento popular desde que fueron inventados en China allá por el año 200 a. C. y, luego, adoptados por Europa en el siglo XIV. Las fiestas públicas aprovecharon la poderosa magia de estos fuegos, igual que hacen hoy en día los pirotécnicos aficionados. ¿Acaso no nos gusta a todos llamar la atención de vez en cuando?

Pero ahora, ese inocente placer parece estar pasando por una mala racha. Poner límites está de moda. Las personas sensatas fomentan el pyro-bashing, y con mayor razón desde que la guerra ha vuelto a ser una realidad sangrienta en Europa; y creo que acabarán ganando –con o sin iniciativa popular–. Además de que sus argumentos suenan más racionales, cabe reconocer que vivimos tiempos de angustia: si los niños llevan casco protector para jugar en los parques, ¿cómo tolerar algo tan peligroso como los fuegos artificiales?

Por eso no termino estas líneas en tono combativo, ni llamo a defender a toda costa el derecho a lanzar fuegos artificiales libremente. Tampoco quiero rebelarme si “mi” época parece haber llegado a su fin; más bien me alegro de haber podido vivirla. Porque, por muy tóxica y ensordecedora que haya sido la época dorada de los fuegos artificiales, también estuvo repleta de alegría y felicidad. Y fue maravillosamente absurda. ¡Menuda diversión!

Rudolf Gafner, periodista independiente en Burgdorf (Berna)

 

Fuegos artificiales: ¡vaya ruido!

Yo también crecí en medio de ese entusiasmo por los fuegos artificiales que, cada año, el 1.o de agosto, se encendían en las calles de nuestros barrios. El espectáculo no me atraía especialmente, pero tampoco me molestaba. Me hacía gracia aquel círculo de fuego chispeante que mi padre clavaba en un poste: giraba cada vez más rápido y las chispas salían disparadas cada vez más lejos. También recuerdo con agrado el gran espectáculo pirotécnico de los festejos nocturnos junto al lago. Las luces multicolores iluminaban de su brillo el paisaje alpino: ¡Qué belleza!

Atrás han quedado esos tiempos. Hoy por hoy, no se escucha más que una serie interminable de estallidos y petardazos. No solo ha aumentado la variedad de artefactos, sino también, por desgracia, su potencia. Antes se lanzaban los cohetes de forma artesanal: de uno en uno, desde botellas vacías. Hoy en día entran en acción baterías de lanzamiento múltiple capaces de disparar varias docenas de fuegos de artificio en menos de un minuto, lo que convierte la plaza del pueblo en un campo de batalla cubierto de cartón. Cuanto mayor es el presupuesto, más escandalosos, más largos y más frecuentes son los fuegos artificiales.

Las consecuencias de tales excesos saltan a la vista: vecinos exasperados; perros temblorosos; vacas aterrorizadas; aves perturbadas en su ciclo reproductivo; diminutas partículas de polvo; basura; accidentes. “Los fuegos artificiales son tradición y alegría”, me dicen. Pero, ¿no debería la alegría de vivir ir acompañada de respeto por los demás? ¿Y qué tienen que ver con la tradición suiza esos productos importados mayoritariamente de China?

Lo que sí es una auténtica tradición suiza es la democracia directa. Por eso acudiremos a las urnas para decidir si el placer de unos pocos debe seguir prevaleciendo sobre la protección de los animales y del medio ambiente. Según una encuesta de 2024, solo el 13 % de los suizos compra artículos pirotécnicos. Los valores cambian, sin que por ello tengan que acabar los festejos. Admiremos el espectáculo de los “volcanes de pólvora” fabricados en Suiza: no necesitan hacer ruido para causar sensación. Y, de vez en cuando, disfrutemos de los fuegos artificiales públicos, lanzados por profesionales. Entre la magia de una experiencia compartida y un show presuntuoso, ¡mi corazón no vacila!

Susanne Wenger, redactora de “Panorama Suizo”

Sitio web del comité de la iniciativa
Ja zur Einschränkung von Feuerwerk

Sitio web de los opositores a la iniciativa
Pro Feuerwerk – Nein zur Feuerwerksinitiative
 
 

En el próximo “Panorama Suizo” se publicará una retrospectiva de las votaciones del 27 de septiembre de 2026.

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