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Entre el agro y el mercado mundial: cinco preguntas en torno a la agricultura suiza

17.07.2026 – Christof Forster

Pocos países apoyan tanto a su sector agrícola como Suiza. De hecho, casi la mitad de los alimentos que se consumen se producen en suelo nacional. La iniciativa sobre la alimentación, que se someterá a votación el 27 de septiembre de 2026, pretende aumentar significativamente esta proporción.

Cuando los días se acortan y las temperaturas descienden, a los suizos les apetecen cada vez más los platos sustanciosos: entre los clásicos figuran el rösti, la raclette y la fondue. Todo lo necesario para elaborarlos procede de Suiza: tanto la leche para el queso, como las patatas forman parte de la alimentación básica de nuestro país desde hace mucho tiempo. Hoy en día, Suiza elabora incluso su propio queso vegano.

Entretanto, la variedad de platos y alimentos que se consumen se ha vuelto mucho más amplia, y tratar de comprender los flujos financieros y comerciales de la agricultura suiza supone lidiar con una abrumadora cantidad de cifras. Además de nuestras preferencias personales, lo que determina nuestra alimentación es una compleja red de transacciones directas, subvenciones, aranceles, cuotas de importación, etc. A continuación, le presentamos cinco preguntas (y respuestas) que le permitirán comprender mejor este complejo tema.

1 ¿Podría Suiza ser totalmente autosuficiente en cuestión de alimentos?

Sí. A esta conclusión llegaron el agroecólogo de la ETH Andreas Bosshard y otros autores, en un estudio que publicaron en 2025. Este resultado les sorprendió incluso a ellos mismos: Suiza podría ser totalmente autosuficiente en materia alimentaria; incluso podría alimentar a más de diez millones de personas, y no solo a 4,2 millones como lo está haciendo actualmente. Hoy por hoy, su grado de autosuficiencia neta se sitúa en torno al 50 %. Si a ello se le suma el forraje importado para el ganado, se alcanza el 57 %. La iniciativa “Por una alimentación segura” pretende elevar esta tasa al 70 %.

Bosshard sugiere nueve medidas que podrían implementarse sin necesidad de inversiones mayores. La más importante de ellas se centraría en la alimentación del ganado que, en lugar de pienso concentrado y maíz, debería consumir únicamente forraje de los pastos. Hoy en día, cerca del 60 % de las tierras agrícolas suizas se dedican al cultivo de forraje, y nuestro país también importa forrajes concentrados. Esta medida permitiría liberar amplias superficies, que podrían utilizarse para alimentar a la población. Aunque disminuiría la cantidad de leche producida, las necesidades seguirían cubriéndose gracias a la sobreproducción actual, afirma el estudio mencionado.

Otra medida que sugiere Bosshard concierne al manejo de alimentos: si se redujera a la mitad el volumen de desperdicios, se podría alimentar a 1,8 millones de personas más. Además, sería conveniente destinar a los cerdos los restos alimenticios reaprovechables. Esto tendría un impacto positivo en el medio ambiente y permitiría alcanzar los objetivos de reducción de emisiones de carbono y amoníaco.

La Unión Suiza de Campesinos, en cambio, considera que la autosuficiencia total es “completamente utópica”, ya que, durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Suiza contaba con solo cuatro millones de habitantes y disponía de más superficie agrícola, el grado de autosuficiencia del país, a pesar del racionamiento de alimentos, no superaba el 70 %.

Bosshard reconoce que solo una pequeña parte de estas medidas podría ser implementada directamente por el sector agrícola; la mayoría de las demás requerirían la colaboración de la industria alimentaria, el comercio y los propios consumidores. Señala que los hábitos de consumo y los comportamientos actuales, responsables en gran parte de las ineficiencias del sistema alimentario, han sido ampliamente condicionados y fomentados por el Estado desde la Segunda Guerra Mundial, sobre todo en lo que respecta al consumo de productos de origen animal: desde hace varias décadas, al menos el 80 % de las subvenciones agrícolas se destina a la producción animal y solo el 20 %, a la producción vegetal.

En su informe de 2022 sobre la “Orientación futura de la política agraria”, el Consejo Federal también concluye que habría que ampliar la proporción de cultivos destinados al consumo humano directo, para mantener el nivel de autosuficiencia del país mientras continúa el aumento de la población. Sin embargo, será imposible alcanzar la autosuficiencia total, ya que muchos de los recursos esenciales para la agricultura proceden en gran medida del extranjero, en particular los fertilizantes, los productos fitosanitarios, el diésel y las semillas.

2 ¿Qué tan sostenible es la agricultura suiza en términos ecológicos?

En su último informe sobre los objetivos medioambientales para la agricultura, que data de 2016, la Confederación presentó un panorama contrastado. Su análisis se centró en el grado de cumplimiento de los objetivos en los ámbitos de la biodiversidad, las emisiones de gases de efecto invernadero, el fósforo y los productos fitosanitarios. Desde entonces, los objetivos ambientales no han vuelto a analizarse de manera sistemática, ni se han recopilado los avances en un estudio global. Según los expertos, esto constituye una grave insuficiencia, ya que solo se analizan y actualizan algunos aspectos específicos, lo que impide contar con una visión global coherente.

Para poder recibir pagos directos, las explotaciones deben acreditar que cumplen las normas de manejo ecológico. Sin embargo, las organizaciones de protección del medio ambiente sostienen que estas normas mínimas son muy insuficientes. Según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), ninguno de los trece objetivos medioambientales se ha alcanzado.

Aunque tienden a la baja, los niveles de nitrógeno que afectan a los ecosistemas sensibles siguen siendo demasiado elevados, según señala el seguimiento agroambiental de la Confederación. La contaminación por amoníaco también está disminuyendo, aunque sigue superando el valor deseable. Lo mismo ocurre con los plaguicidas: si bien los valores medidos han descendido desde 2019, volvieron a aumentar en 2024 en las aguas corrientes. El Parlamento ha decidido reducir a la mitad los riesgos ambientales derivados del uso de productos fitosanitarios de aquí a 2027.

Los productos importados contaminan más el medio ambiente que los productos locales: esta es la conclusión a la que ha llegado el instituto de investigación Agroscope, basándose en el caso de las patatas y estableciendo comparaciones con Alemania, Francia, los Países Bajos e Italia. Tratándose de los productos de origen animal, los resultados fueron menos concluyentes.

La biodiversidad, en cambio, se ha mantenido estable. Ante su constante descenso en el transcurso de la historia, este dato puede interpretarse como una señal positiva, señala el informe agrícola de la Confederación para el año de 2025. Sin embargo, la biodiversidad sigue siendo muy reducida.

Por lo tanto, sigue habiendo un amplio margen de mejora en materia de sostenibilidad ecológica. Un nuevo estudio de Agroscope demuestra que es posible lograr un sistema alimentario mucho más respetuoso con el medio ambiente, con una alimentación más saludable para la población y un mayor nivel de autosuficiencia.

3 ¿Es Suiza un país de pequeñas explotaciones agrícolas?

En comparación internacional, la agricultura suiza se caracteriza por sus pequeñas granjas familiares: en promedio, cada explotación posee una superficie útil de 22 hectáreas. La mayoría de los países de la UE registran superficies de explotación medias mucho más extensas.

Aunque no existe una definición exacta de lo que constituye una pequeña explotación agrícola, suele tratarse de una granja con un área cultivable de menos de 10 hectáreas. En Suiza hay 13 213 explotaciones de este tipo (de un total de 47 075 para el año de 2024). Alrededor del 5 % de las explotaciones tienen incluso una superficie inferior a una hectárea.

La mayor parte de las explotaciones (12 380) tienen una superficie de entre 10 y 20 hectáreas (2024), mientras que las grandes explotaciones, de más de 50 hectáreas, solo representan el 7 %. En general, sigue predominando el modelo clásico de la explotación agrícola familiar, en la que suelen participar varios miembros de la familia, a menudo de distintas generaciones, ya sea a jornada completa o a tiempo parcial.

Sin embargo, la agricultura suiza está en plena mutación desde hace tiempo, ya que cada año desaparece entre el 1 y el 1,5 % de las explotaciones; tan solo en 2025, 805 granjas cesaron sus actividades y fueron absorbidas por explotaciones vecinas, lo que resulta en un incremento constante de la superficie útil media: desde el año 2000, esta ha aumentado aproximadamente un 50 %.

4 ¿A cuánto ascienden las subvenciones estatales destinadas a la producción alimentaria?

Suiza otorga subvenciones millonarias a la producción de alimentos, por lo que nuestra agricultura es una de las que más ayudas recibe a nivel mundial, conforme a la voluntad política de la nación. De cada franco que perciben los agricultores, aproximadamente la mitad procede del Estado. Se trata de subvenciones, como los pagos directos, o de precios al consumidor más altos debido a los aranceles. Según una estimación del grupo de expertos Avenir Suisse, de tendencia liberal, el proteccionismo agrícola de Suiza cuesta cerca de tres mil millones de francos al año. A esto deben añadirse las ayudas del Gobierno Federal para fomentar la producción y la comercialización, como las primas por la elaboración de queso. Estas ayudas ascienden a unos 500 millones de francos anuales, que se suman a los pagos directos de 2 800 millones de francos (2024). En otras palabras, cada habitante aporta un promedio de 300 francos anuales para financiar la agricultura, además de unos 40 francos destinados a la industria lechera, independientemente de la cantidad de productos lácteos que consuma. Algunas de estas subvenciones están sujetas a ciertas condiciones, como la protección de los paisajes culturales o el fomento de la biodiversidad.

También existen subvenciones “ocultas”: por ejemplo, los economistas señalan los tipos reducidos del impuesto sobre el valor añadido (IVA), que se aplican directamente a las labores agrícolas, como la siembra o el arado, e indirectamente a los productos alimenticios: estas prestaciones están sujetas a un tipo de IVA de tan solo 2,6 %, ya que se consideran necesidades básicas. No obstante, dado que no todos los grupos de la población recurren a ellas en la misma proporción, esto genera distorsiones, ineficiencias e inequidades sociales: incluso los hogares con ingresos elevados se benefician de estas ayudas, ya que tienden a comprar alimentos más caros, por lo que pueden resultar aún más beneficiados que el resto de la población.

En opinión de algunos economistas, la sobreabundancia de subvenciones y ventajas fiscales distorsiona el mercado, frena artificialmente el cambio estructural y tiene efectos negativos sobre el clima y el medio ambiente. Además, dudan que tales medidas permitan alcanzar una autosuficiencia amplia en situaciones de crisis.

5 ¿Es la comida una nueva religión?

La Iniciativa sobre la Alimentación se propone reforzar la autosuficiencia y promover aún más los alimentos de origen vegetal. Este tipo de objetivo no tarda en encender acalorados debates. Y es que, en cierto modo, la alimentación se ha convertido en una especie de religión. No en el sentido de que ofrezca respuestas a preguntas existenciales, como si hay vida después de la muerte o de dónde venimos, sino en el sentido de que, para las personas que le dan gran importancia, forja una identidad que va mucho más allá de la alimentación. Adoptar una dieta vegetariana o vegana puede convertirse en una forma de vida susceptible de repercutir en muchos ámbitos, del mismo modo que, para algunos, comer carne se convierte en una postura política: están en juego el bienestar animal, la sostenibilidad, la protección del medio ambiente, el cambio climático, los estilos de vida y el individualismo —en suma, toda una visión del mundo centrada en la alimentación—.

Ya no se dice “Como vegano, sino “Soy vegano”; o bien: “Soy carnívoro”. Y eso, a pesar de que no se trata sino de una de las innumerables características que definen a una persona. De ahí que las discusiones sobre preferencias alimentarias puedan volverse rápidamente delicadas. Otro paralelismo con la religión podría ser la ideología, que nos lleva a actuar según unas normas estrictamente definidas; en la religión, a esto se le llama dogmas.

Al igual que la fe, la alimentación también puede generar un sentimiento de pertenencia comunitaria: nos identificamos con quienes comparten nuestra forma de ver el mundo y nos distanciamos de quienes piensan diferente. Hasta bien entrado el siglo XX, los matrimonios entre protestantes y católicos eran mal vistos por la sociedad y se consideraban casi imposibles. Hoy en día, hay veganos que se niegan a mantener una relación con una persona que coma carne.

Algunos veganos están convencidos de que su dieta contribuye a salvar el planeta, mientras que algunos carnívoros se sienten con el derecho de comer toda la carne que quieran, ya que el ser humano siempre se ha alimentado con productos de origen animal. En ocasiones, los individuos que han optado por una dieta carnívora se defienden de aquellos que se alimentan de vegetales, porque les hacen sentir moralmente inferiores.

Al igual que en el caso de las religiones, la comida suele asociarse con promesas de salvación: salud, pureza e integridad moral. De ahí que compartir una comida pueda en ocasiones resultar complicado.

Según un estudio de la ETH, Suiza podría alimentar a más de diez millones de personas.

Suiza otorga subvenciones millonarias a la producción de alimentos, por lo que nuestra agricultura es una de las que más ayudas recibe a nivel mundial.

¿Cuáles objetivos persigue la Iniciativa sobre la Alimentación?

La iniciativa “Por una alimentación segura” plantea que la tasa de autosuficiencia alimentaria debe incrementarse hasta el 70% como mínimo, en un plazo de diez años. Esto supondría que la alimentación se basara, en mayor medida, en productos vegetales. La iniciativa también aboga por la protección de los recursos hídricos subterráneos y el fomento de una agricultura y un sector agroalimentario sostenibles. Entre sus impulsores se encuentra Franziska Herren, de la asociación “Agua limpia para todos”, que ya había participado en el lanzamiento de la iniciativa sobre el agua potable, rechazada en junio de 2021. El Consejo Federal y el Parlamento rechazan la iniciativa sin ofrecer una contrapropuesta. La votación tendrá lugar el 27 de septiembre de 2026.

(CF)

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