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Mercado laboral

24.04.2026 – Theodora Peter y Susanne Wenger

La población de Suiza está alcanzando máximos históricos. El auge económico impulsa un notable aumento de la inmigración. Aunque esto afianza la prosperidad, también genera problemas. ¿Estaremos pronto al borde de la saturación?

Los inmigrantes juegan un papel clave en el mercado laboral suizo: construyen carreteras y edificios, atienden a los pacientes en los hospitales, desarrollan programas informáticos o diseñan nuevos productos. A finales de 2025 trabajaban en Suiza en torno a 1,9 millones de profesionales extranjeros cualificados, con lo cual ya constituyen el 35 % del total de asalariados del país; hace veinte años, el porcentaje de extranjeros en el mercado laboral alcanzaba tan solo el 25 %. Por otro lado, disminuye la población activa nacional: la generación de los baby boomers (es decir, las personas nacidas entre 1946 y 1964) se ha jubilado o está a punto de hacerlo, y falta relevo generacional debido a la actual baja tasa de natalidad.

El 80 % de la mano de obra extranjera proviene de los países del Espacio Económico Europeo: cerca de un millón de empleados han llegado a Suiza desde que se puso en marcha el acuerdo de libre circulación de personas. Los acuerdos bilaterales con la Unión Europea (UE), que entraron en vigor en 2002, permiten a las empresas suizas acceder libremente al mercado único europeo, así como reclutar fácilmente personal cualificado de los países de la UE y la AELC.

La mayoría de los extranjeros trabajan en sectores económicos que requieren mucho personal, como la gastronomía o la construcción. Entre los albañiles y los enlosadores, el porcentaje de empleados sin pasaporte suizo asciende incluso al 60 %. En el sector de la construcción, actualmente en pleno auge, la demanda de profesionales cualificados es especialmente elevada: la cartera de pedidos está llena y la facturación sigue creciendo. Se construyen más viviendas y las administraciones públicas invierten en la ampliación de las infraestructuras existentes. La Asociación Suiza de Empresarios de la Construcción prevé que la necesidad de mano de obra continúe aumentando, también por la falta de aprendices en los oficios artesanales. En la construcción, la industria de maquinaria y la hostelería quedan cada año miles de plazas de formación profesional sin cubrir.

La demanda de personal cualificado también permanece constante en el sector sanitario, en pleno auge: en este ámbito se crearon 188 000 nuevos puestos de trabajo entre 2010 y 2020, según un informe del Observatorio sobre la libre circulación de personas. Alrededor de un tercio de estos empleos fueron cubiertos por trabajadores procedentes de países de la UE y de la AELC. En el Tesino y en la región del lago de Ginebra, la proporción de profesionales extranjeros es significativamente más elevada: numerosos trabajadores cruzan cada día la frontera desde Italia y Francia para trabajar en los centros de salud suizos.

Más del 40 % de los médicos que ejercen actualmente en Suiza proceden del extranjero, la mitad de ellos de Alemania. Para reducir esta dependencia, la Confederación y los cantones han aumentado en los últimos años el número de plazas en las facultades de medicina humana de las universidades suizas. Sin embargo, estos esfuerzos por promover la formación solo alcanzan a cubrir parte de la demanda, como lo revelan los datos de 2024: mientras unos 1 400 futuros médicos obtuvieron el diploma federal, se reconocieron ese mismo año más de 3 200 títulos extranjeros.

En el sector de la enfermería, los suizos y las suizas tampoco logran cubrir todas las vacantes. Desde la pandemia del coronavirus, que ha sometido a los hospitales y a sus trabajadores a enormes presiones, la escasez de personal cualificado se ha agravado. Antes de la pandemia eran alrededor de 11 000 los puestos vacantes; a principios de 2025, su número superaba ya los 14 000. Según las asociaciones profesionales, uno de cada tres profesionales de enfermería y cuidados acaba abandonando la profesión por desmotivación. Se estima que, de aquí al año 2030, faltarán en Suiza unos 30 500 profesionales de enfermería y cuidados, tanto en los hospitales como en las residencias de ancianos y en la atención domiciliaria a personas dependientes (Spitex).

La iniciativa sobre cuidados de enfermería, aprobada en 2021 por el electorado, no solo reclamaba una campaña decidida a favor de la formación, sino también mejores condiciones salariales: por ejemplo, mediante mayores indemnizaciones por trabajo nocturno y durante los fines de semana. Sin embargo, su aplicación por parte del Parlamento avanza muy lentamente, ya que la reforma implica costes adicionales.

La inmigración, en descenso

En otros sectores, tales como la informática, las finanzas o el comercio, la escasez de personal cualificado se ha aliviado desde 2024, como lo revela el último índice publicado por la agencia de contratación Adecco. Según este organismo, tal “normalización” se explicaría por la desaceleración de la coyuntura mundial y por la persistente incertidumbre económica.

La coyuntura también se refleja en las cifras de inmigración: en el año récord de 2023 llegaron a Suiza casi 100 000 personas más de las que abandonaron el país. Desde entonces, la inmigración neta ha ido disminuyendo: en 2024, esta cifra se redujo en un 15 %, hasta situarse en 83 000 personas, y en 2025, en un 10 % más, hasta situarse en 75 000 personas.

En otros términos, el mercado laboral suizo sigue atrayendo a muchos inmigrantes, aunque no todos deciden permanecer en el país para siempre. La pérdida del empleo, el elevado coste de la vida, la dificultad para conciliar familia y trabajo o los problemas de integración pueden motivarlos a regresar a su país. También pueden influir razones familiares, como muestra el caso de la periodista de origen alemán Anne-Careen Stoltze, que se estableció en Suiza en 2006, para marcharse trece años después.

Desde el punto de vista económico, no cabe duda de que Suiza seguirá necesitando mano de obra extranjera. De lo contrario, el número de “personas en edad de trabajar” se reducirá drásticamente en los próximos años, ya que serán más las personas que se jubilen que las que ingresen en el mercado laboral. Según un estudio del Banco Nacional Suizo, este desequilibrio podría agravarse y Suiza podría afrontar un déficit de 400 000 trabajadores dentro de los próximos diez años.

El sector empresarial insta al crecimiento

Sin la importación de mano de obra, que constituye para Suiza “una necesidad crucial”, las empresas corren el riesgo de abandonar el país y el nivel de los servicios podría deteriorarse, advierten la organización central economiesuisse y la Unión Patronal Suiza, en un documento en el que se pronuncian sobre la iniciativa de la UDC “¡No a una Suiza de 10 millones!”, que se someterá a votación el 14 de junio de 2026.

Los representantes de la economía también temen una desaceleración del crecimiento y, por ende, un descenso del producto interior bruto (PIB). Desde 2002, el PIB per cápita ha aumentado un 23 % en Suiza y, con él, se ha elevado también el nivel de bienestar. Aunque no es posible determinar con exactitud cuál ha sido el aporte de la inmigración a este crecimiento, es indiscutible que la libre circulación de personas contribuye a aumentar la creación de valor.

En cambio, el impacto de esta inmigración impulsada por el mercado laboral sobre el medio ambiente y la sociedad es objeto de debate: ¿Qué nivel de crecimiento necesita Suiza para preservar su calidad de vida? Se trata de una cuestión controvertida en los círculos políticos.

 

Reflexiones de quien vino y se fue

La periodista Anne-Careen Stoltze (48 años) se marchó de Alemania en 2006 para instalarse en Suiza. Trece años después regresó a su país, junto con su familia.

“Vine a Suiza por amor. En 2004, cuando conocí a mi futuro marido, vivía en Bremen, donde hacía prácticas en la redacción de un periódico. Matthias, que es de Hamburgo, ya trabajaba en Berna. En aquel entonces, los hospitales suizos buscaban atraer a estudiantes de medicina alemanes para realizar prácticas y ejercer como asistentes.

Después de dos años viajando en tren nocturno entre Bremen y Berna, decidimos instalarnos en Suiza. Mientras Matthias continuaba su formación de medicina especializada, yo logré dar mis primeros pasos en el periodismo. Después, llegó a Suiza la crisis de los medios de comunicación; perdí mi empleo, justo cuando estaba embarazada. Si bien obtuve una indemnización, me di cuenta por primera vez de lo poco protegidas que están las madres y del escaso apoyo que se brinda a los padres.

En Suiza, sigue siendo difícil conciliar la vida laboral y la vida privada. Nuestros dos hijos iban a la guardería, lo cual resulta muy caro. Muchas madres (y también cada vez más padres) reducen su jornada laboral para atender a la familia. Ante la escasez de mano de obra cualificada, Suiza debería ofrecer mejores condiciones para aprovechar mejor el potencial de las mujeres en el mercado laboral. Entiendo perfectamente el debate sobre la inmigración y el estrés que provoca la densidad de población. Como empleada de un medio de comunicación local, he sido testigo de la explosión de la construcción en nuestra aglomeración.

Tras dejar el periodismo, me formé en comunicación científica y trabajé varios años para la Escuela Superior de Ciencias Aplicadas de Berna (BFH, por sus siglas en alemán). Suiza se ha convertido en una segunda patria para nuestra familia. Nuestros hijos, que nacieron en Berna, se consideran suizos. Pero yo nunca llegué a sentirme del todo integrada. Por un lado, esto se debe a que siempre se me percibía como alemana por mi forma de hablar. Por otro lado, lamentaba no poder participar en el debate público ni votar. Habíamos iniciado un proceso de naturalización cuando nuestros padres enfermaron en Alemania. Eso cambió nuestras prioridades: si queríamos pasar más tiempo con ellos, teníamos que volver a casa. Además, deseaba participar en la vida política y la sociedad civil de mi país de origen. En 2019 volvimos a Brandeburgo, donde habíamos renovado la casa de mis abuelos. Mi marido ha conservado su consultorio de médico especialista en Berna, donde trabaja tres días a la semana, ahora como residente semanal. Por mi parte, desde 2025 trabajo en mi región como encargada de Relaciones Internacionales, promoviendo el encuentro de personas a ambos lados de la frontera germano-polaca”.

periodista Anne-Careen Stoltze

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