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Ha venido para quedarse

03.04.2020 – Theodora Peter

Los primeros lobos regresaron a Suiza hace 25 años. Entretanto, casi 80 lobos deambulan por los Alpes y el Jura. Su número aumenta rápidamente, pero este animal protegido está otra vez amenazado.

En 1995, algunos jóvenes lobos machos ingresaron a Suiza por un área montañosa y accidentada de la frontera sur, tras separarse de sus manadas en los Alpes franco-italianos y dirigirse hacia el norte, en busca de nuevos territorios. Les siguieron hembras, que tuvieron cachorros. A finales de 2019 se contaban en los cantones de los Grisones, Tesino, Valais y Vaud casi 80 lobos, divididos en ocho manadas. Si su número continúa aumentado como hasta ahora, en diez años podría haber hasta 300 lobos. Con ello, el hábitat ecológico disponible en Suiza se habrá agotado. Teóricamente, en los casi 20 000 kilómetros cuadrados de los Alpes y del Jura podrían vivir 60 manadas de cinco o seis animales cada una. Como expresó Reinhard Schnidrig, Director de la sección “Animales Salvajes y Biodiversidad del Bosque”, de la Oficina Federal de Medioambiente, en una entrevista con Panorama, se necesitan unas 20 manadas para garantizar la protección de la especie a largo plazo.

Durante más de 120 años, este depredador tuvo mala fama en Suiza: tras siglos de persecución, el último lobo nativo fue abatido en 1872, en el Tesino. Después de eso, el Canis lupus sólo era bien visto en cautiverio. Cuando se inauguró el zoológico de Basilea en 1874, el lobo era una de sus principales atracciones, al lado de otros depredadores tales como el lince, el tejón y el zorro. Entretanto, el recinto de lobos de Basilea se destina a otros fines, pues Cleopatra y César, los últimos miembros de la antigua manada, fueron sacrificados el pasado verano para liberarlos del sufrimiento debido a su avanzada edad. Si bien el zoológico de Basilea ha desistido de albergar lobos, estos animales salvajes pueden admirarse en varias reservas naturales suizas.

Entre entusiasmo y aversión

En el medio silvestre, en cambio, es muy difícil toparse con un tímido lobo. En 2006, el fotógrafo naturalista Peter A. Dettling tomó una de las primeras fotos de un lobo salvaje en Suiza, en el distrito de Surselva. Este suizo en el extranjero, ahora de 48 años, vive desde 2002 principalmente en Canadá, donde observa el comportamiento social de las familias de lobos en el Parque Nacional Banff. Cuando en 2012 se comprobó la existencia de la primera manada de lobos suiza en el macizo de Calanda, Dettling regresó a los Grisones para documentar la evolución de los lobos de esa zona. A través de conferencias, excursiones y libros (véase el recuadro), este entusiasta de los lobos defiende el “incomprendido carácter” del lobo. Afirma que durante siglos se le ha acusado injustamente de ser un cazador sanguinario. Según Dettling, olvidamos que el lobo, como antepasado del perro, es “nuestro aliado más antiguo y ha contribuido en forma decisiva a la evolución de la humanidad”.

Sin embargo, los criadores de ovejas y los ganaderos cuyos animales han sido presa de los lobos, no comparten su entusiasmo. El lobo sigue su instinto natural y caza cuando tiene la oportunidad de hacerlo. Este comportamiento es lógico en la naturaleza, ya que el éxito de la caza no está garantizado. Sin embargo, las ovejas que huyen desatan el instinto depredador del lobo, que mata entonces todo lo que puede en los pastizales, desencadenando verdaderas “masacres” que han dejado perplejos a los campesinos. Desde que los criadores de ovejas protegen mejor sus rebaños, los daños han disminuido y los clamores por la erradicación del lobo se han calmado un poco.

Ya están permitidos los disparos

Los lobos mataron entre 1999 y 2018 a casi 3 700 animales, según indica una estadística de KORA, fundación para la ecología de los depredadores y la gestión de la fauna silvestre que, por encargo de la Confederación, supervisa la evolución de las poblaciones de depredadores y sus consecuencias. Los criadores perjudicados reciben de la Confederación y de los cantones indemnizaciones por los animales presa de los lobos. En el futuro, sin embargo, sólo se pagarán los daños si los animales han estado protegidos de forma adecuada, por ejemplo, mediante cercas eléctricas y perros especialmente entrenados que vigilan los rebaños de ovejas en los Alpes y los defienden contra los lobos. La Confederación subvenciona estas medidas de protección con casi tres millones de francos al año.

Legalmente, está permitido sacrificar a un lobo si éste ocasiona demasiados daños. El límite se alcanza, generalmente, cuando un lobo ha matado más de 25 ovejas. Desde el año 2000, las autoridades han otorgado un total de 23 autorizaciones de caza, de las cuales se han logrado ejecutar diez. Los demás lobos lograron huir antes de que los guardabosques pudieran alcanzarlos. Casi 20 lobos murieron por otros motivos: fueron atropellados en carreteras o en vías férreas, o abatidos ilegalmente. Cuando un lobo fallece de muerte natural, casi nunca se encuentra y no figura en ninguna estadística.

Se someterá a votación la modificación de la Ley de caza

El creciente número de lobos ha hecho reaccionar a los políticos de los cantones de montaña. Ya en 2015, el Parlamento encargó al Consejo Federal una flexibilización de la protección de especies, que permitiera regular la población de lobos antes de que surjan conflictos graves. Los electores decidirán el 17 de mayo sobre una controvertida modificación de la Ley Federal de caza, encaminada a controlar la población de lobos mediante su caza, antes de que causen daños. Esta modificación cuenta con el apoyo de los partidos burgueses, la asociación de agricultores y los cazadores. Desde su punto de vista, la caza de lobos es indispensable para permitir su convivencia con los seres humanos.

A esas “cazas preventivas” se oponen las asociaciones protectoras de la naturaleza y de los animales, pues advierten en esta propuesta una señal que debilitará la protección de especies. En poco tiempo recogieron las 50 000 firmas necesarias para un referendo. Las asociaciones se oponen también a que los lobos puedan ser abatidos incluso en áreas en las que la caza está prohibida, pues opinan que esas áreas protegidas también deben brindar refugio a los lobos.

Se cuestiona la protección del lobo

Según las autoridades federales, flexibilizar la protección del lobo es compatible con el Convenio relativo a la Conservación de la Vida Silvestre y del Medio Natural de Europa, un convenio internacional firmado en Berna en 1979. La Oficina Federal de Medioambiente ha reiterado que este Convenio permite explícitamente la caza de lobos para prevenir daños graves. Todavía está pendiente una solicitud presentada en 2018 por Suiza para cambiar el nivel de protección del lobo de “estrictamente protegido” a “protegido”, en el marco del Convenio. En 2006, el comité permanente del Convenio de Berna rechazó una solicitud de Suiza en este sentido. Antes de tomar una nueva decisión, los países de la UE desean cuantificar la población de lobos en toda Europa. Todavía no hay resultados disponibles.

El tema del lobo despierta emociones y este mítico animal no deja indiferente a nadie. La Ley de caza dio lugar ya a un acalorado debate en el Parlamento Federal, en el que los habitantes de las montañas echaron en cara a los de la planicie que idealizaban al lobo y pretendían imponerles la manera de convivir con este animal. Esta brecha entre las zonas urbanas y las rurales podría volverse a abrir con la votación del 17 de mayo. Pero independientemente del resultado del referendo, el lobo está aquí y ha venido para quedarse.

El lobo en películas y libros

En el documental “Die Rückkehr der Wölfe” [“El regreso de los lobos”], de 2019, el cineasta Thomas Horat, del cantón de Schwyz, muestra lo difícil que es convivir con el lobo. Horat no se limitó a Suiza: durante tres años investigó en Austria, Alemania, Polonia, Bulgaria y EE. UU. Para ello, entrevistó a pastores de ovejas, a expertos en materia de lobos —entre ellos a Reinhard Schnidrig— y a científicos, y les preguntó sobre los hechos y los mitos relacionados con este tan controvertido animal. Esta película, digna de ver, muestra al fascinante lobo sin glorificarlo. “El regreso de los lobos” estará disponible a partir del otoño como DVD o vídeo por encargo.

El lobo no sólo conquista el cine, sino también la literatura. En su último libro “Wolfsodyssee” [“Odisea del lobo”], el fotógrafo naturalista suizo-canadiense Peter A. Dettling hace una reseña de los largos años que pasó en busca del verdadero carácter del lobo. La fascinación por este animal se apoderó de él desde que se topó por primera vez con diez lobos salvajes en Canadá, en 2005. En el libro se mezclan la biografía, la historia natural, la investigación del comportamiento y los viajes de aventuras. El “hombre lobo” Dettling quiere despertar empatía y comprensión por uno de nuestros “más antiguos aliados”. El libro contiene numerosas fotografías, incluyendo las fotos de lobos que aparecen en la presente edición de “Panorama Suizo”.

 

Tráiler del documental “Die Rückkehr der Wölfe” [“El regreso de los lobos”]con subtítulos en inglés.

Wolfsodyssee. Peter A. Dettling. Werd & Weber Verlag (2019), 350 páginas, 39 CHF. Disponible en alemán.

Véase también el artículo “Los lobos tienen que sentir que el hombre no siempre es inofensivo”
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