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  • Sociedad

El “rey de los Alpes” está de vuelta... ¡gracias a los cazadores furtivos!

25.11.2020 – Mireille Guggenbühler

El íbice es una criatura fascinante. Pero este “rey de la montaña” se encontraba al borde de la extinción. Fueron cazadores furtivos los que volvieron a introducir clandestinamente jóvenes íbices en los Alpes suizos, antes siquiera de que este animal volviera a ser huésped oficial de nuestro país, hace cien años. La reintroducción de especies desplazadas suele ser un proceso complejo, no exento de conflictos.

La cima del Stockhorn, en el Oberland bernés, se levanta a 2 190 metros sobre el nivel del mar. Esta montaña, la más elevada de los Prealpes, atrae no sólo a excursionistas, escaladores y parapentistas, sino también, durante el invierno, a quienes gustan de las raquetas de nieve. Además, dentro de poco podría hacerse realidad el sueño de Alfred Schwarz, antiguo gerente del teleférico del Stockhorn: que aquí también puedan avistarse íbices. Y es que la asociación “Amigos del Stockhorn” y la de guardabosques del cantón de Berna tienen previsto reintroducir este imponente animal.

«Queremos que el íbice regrese a su antiguo territorio.»
Alfred Schwarz Antiguo gerente del teleférico del Stockhorn

Es verdad que hasta hace unos doscientos años vivían íbices en el Stockhorn. Desde la Edad Media, este elegante y fuerte escalador era símbolo de una robusta salud. Por eso era admirado… y también codiciado: a prácticamente cada parte de su cuerpo se le atribuían poderes curativos, por lo que este animal servía para elaborar numerosas medicinas. Y debido a que su carne también era muy apreciada, su caza era especialmente lucrativa.

La caza intensiva, la tala acelerada de los bosques aunada a la expansión de los pastizales para ganado a cada vez mayor altura, significaron un reto insuperable para el “rey de los Alpes” que, al igual que otras muchas especies, terminó desapareciendo de los Alpes suizos: en 1804 se cazó en el Valais el último íbice. Algunos especímenes sobrevivieron al otro lado de la frontera, en el norte de Italia. Estos animales estuvieron desde ese momento bajo la protección del entonces rey de Italia, Víctor Manuel II, quien creó un cuerpo especial de guardabosques para asegurar su resguardo.

En Suiza, en cambio, a quien más le preocupaba el destino del íbice era a la ciudadanía. Porque si bien la ley de caza de 1875 había sentado las bases para su reintroducción, los políticos casi no tomaron medidas concretas para darle cumplimiento. Al fin y al cabo fueron particulares los que tomaron cartas en el asunto, primero en el cantón de San Galo, y poco después en los Grisones.

Paradójicamente, fueron cazadores furtivos los que desempeñaron un papel clave en este asunto. Ellos, que habían diezmado la población de íbices a pesar de la prohibición de cazarlos, llevaron ilegalmente los primeros cabritos de Italia a Suiza por encargo de un hotelero.

“Por un animal se pagaban hasta 1000 francos, que equivaldrían actualmente al valor de un automóvil de categoría media.”

Hans Lozza

Portavoz del Parque Nacional Suizo, en el cantón de los Grisones

Pero ¿cuál fue la motivación para reintroducir este animal que había sido exterminado? Los motivos fueron esencialmente de tipo emocional, asegura Hans Lozza. “Se trataba de reparar el exterminio”. También influyó el turismo, “especialmente en el cantón de los Grisones, en cuyo escudo figura el íbice”. La protección del entorno jugó un papel secundario, ya que “los conocimientos ecológicos eran entonces bastante limitados”.

En la actualidad, el Parque Nacional Suizo alberga casi 300 íbices. Pero incluso fuera de esta área protegida, la población de íbices ha ido en constante aumento desde su reintroducción oficial, en 1920. El año pasado se contabilizaron en toda Suiza casi 18 500 animales, que forman distintas colonias en los cantones montañosos.

Polémica en torno a su expansión

El íbice es uno de los numerosos animales que fueron exterminados en Suiza y que han retornado durante los últimos decenios, ya sea por cuenta propia o con la ayuda del hombre. Los más conocidos y controvertidos son el lobo y el escurridizo oso. Estos han regresado “por su propio pie”. En cambio, el castor, el lince y el íbice han sido reintroducidos por el hombre. Mientras que el íbice al principio regresó a Suiza de forma ilegal, el retorno del castor y del lince ocurrió bajo la supervisión de especialistas y con el respaldo de los medios políticos. En la actualidad existe una base legal para el reasentamiento y la propagación de especies previamente exterminadas.

A pesar de la normativa existente, prácticamente todo reasentamiento plantea debates de principios. La pregunta es siempre: ¿cuántos de estos animales puede soportar el país sin que surjan problemas graves, como los que se presentan cuando asolan las cosechas o devoran animales de granja? La ley define cuándo y qué animales pueden ser sacrificados. No obstante, el tema suele encender las pasiones: algunos se encolerizan cuando estos animales causan destrozos, y otros cuando se abaten por este motivo. El ejemplo más reciente de estas recurrentes y acaloradas discusiones es la reforma de la ley de caza, rechazada por voto popular el 27 de septiembre de 2020. Antes de la votación, el punto más debatido era si el lobo merecía ser protegido.

En el proyecto de reasentamiento del Stockhorn se ha optado desde un principio por debatir los detalles de tan sensible tema con los propietarios de pastos alpinos y campesinos:

«Nos dicen que temen que los íbices compitan con sus rebaños por el pasto y quizá les transmitan enfermedades.»

Alfred Schwarz

Antiguo gerente del teleférico del Stockhorn

Habrá que enfrentar grandes desafíos

Actualmente, la solicitud para el proyecto del Stockhorn está siendo estudiada por el Inspector Federal de Caza Reinhard Schnidrig, máximo responsable de la fauna salvaje en Suiza. Para él, la reintroducción del íbice en Suiza ha sido básicamente “un éxito”. Pero los próximos cien años no dejarán de plantear grandes desafíos. “Antiguamente, el problema era la caza no regulada, mientras que hoy lo es la explotación intensiva de las montañas”, comenta Schnidrig. El auge de las actividades al aire libre supone un acoso constante a los íbices y otros animales salvajes por parte de los deportistas de montaña. Si bien el interés por la naturaleza debe aplaudirse, no debe producirse a costa de los animales salvajes: “Por eso, para cada reasentamiento se necesita también diseñar un enfoque de gestión de usos”. También el cambio climático afecta a los animales: el íbice no tolera las altas temperaturas y por ello escala a alturas cada vez mayores. Actualmente en el parque nacional las hembras viven con sus cabritos, en promedio, 120 metros más arriba que hace 25 años. Se están acercando cada vez más a los territorios de verano de los machos. “Esto podría causar a largo plazo una mayor competencia por el alimento dentro de la especie”, advierte Lozza.

Pero los íbices no sólo se ven afectados por factores externos, sino también por su falta de diversidad genética. Las poblaciones actuales son descendientes de aquellos pocos animales introducidos desde Italia: se trata de un patrimonio genético muy limitado en la actualidad. A esta limitación genética se debe probablemente que algunas poblaciones se reproduzcan con menor intensidad. A esto se suman los problemas que genera la endogamia, como la propensión a ciertas enfermedades. Por eso, opina Reinhard Schnidrig, sería conveniente que las nuevas poblaciones se formaran tanto a partir de animales nacionales, como extranjeros.

Aún está por verse si el Stockhorn albergará algún día íbices extranjeros. De momento los responsables del proyecto esperan que éste reciba luz verde por parte de las autoridades. Su objetivo es introducir los primeros animales ya en la primavera de 2021.

Mireille Guggenbühler es periodista independiente y vive en Thun.

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