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  • Reportaje

Dinomanía suiza

17.07.2026 – Stéphane Herzog

Suiza ofrece tres posibilidades para descubrir los dinosaurios: a través de sus huellas, en Vieux Émosson (Valais); en el museo Jurassica (Jura); y en el yacimiento de Frick (Argovia). Aunque las huellas del Valais corresponden en realidad a primos lejanos de los dinosaurios, estos lugares atraen a un nutrido público.

“Una huella nos da información sobre el modo de andar del animal, sobre sus zancadas y su peso”. Dra. Lara Sciscio, especialista en huellas de dinosaurios.

La Doctora Lara Sciscio, especialista en huellas de dinosaurios, empuja una gran puerta de madera que da a un sótano. Nos encontramos en el castillo de Porrentruy (Jura), que aún alberga presos en las plantas superiores, según precisa nuestro segundo acompañante, el paleontólogo Gaël Spicher, doctorando en el Museo de Historia Natural Jurassica (en obras hasta 2027). Esta cueva de Alí Babá está dedicada íntegramente a los hallazgos de las famosas excavaciones que se realizaron durante las obras de la autopista Transjurane. Las obras comenzaron a principios de los años 2000 y su trazado iba a afectar una zona susceptible de albergar vestigios de interés. Se formó un equipo de arqueólogos, lo que permitió emprender excavaciones de salvamento, relata el periodista científico Pierre-Yves Frei en su último libro dedicado a los dinosaurios en Suiza*. En febrero de 2002, cerca de Courtedoux (Jura), aparecieron en la tierra huellas de dinosaurios, más concretamente, de saurópodos. Estos cuadrúpedos de cuello largo y patas enormes eran herbívoros. Vivían en el Jurásico Superior, hace unos 157 a 152 millones de años. “No nos habrían atacado para comernos, como lo habría hecho, por ejemplo, un Tyrannosaurus rex, que vivió en el Cretácico y del que se encuentran restos en Estados Unidos”, explica Lara Sciscio. 

El yacimiento de Jura reúne unos 700 tramos de terreno por donde pasaron los dinosaurios que en aquel entonces deambulaban por Europa, así como 14 000 de sus huellas. Esto constituye una magnífica oportunidad para esta investigadora que llegó al museo Jurassica hace cuatro años, procedente de su Zimbabue natal. “Una huella nos da información sobre el modo de andar del animal, sobre sus zancadas y su peso”, precisa la paleontóloga, especialista en icnología (estudio de las huellas fósiles). ¿Y qué pasa con los esqueletos? Aquí no se han encontrado apenas. Pero ya en el siglo XIX se descubrieron restos de saurópodos en Moutier (JU), aclara la científica. Los bichos en cuestión se parecen a los Diplodocus.

Hace millones de años, los terópodos poblaban el territorio de la actual Suiza. Una réplica se encuentra delante del museo Jurassica en Porrentruy. Foto Stéphane Herzog

Huellas con un diámetro de 1,2 metros

Nuestras dos científicas abren cajas que contienen fósiles procedentes de las excavaciones de la Transjurane. Aquí nos encontramos con el vientre fosilizado de una tortuga, que vivió hace 152 millones de años, durante el Jurásico Superior (un término que tiene su origen en la palabra Jura). En el momento de su hallazgo, cada fósil o huella de animal se recubre de yeso para su protección; luego se extrae de la roca y se transporta al laboratorio para su limpieza. Aquí hay material para trabajar durante décadas. ¿Pero dónde se encuentran los dinosaurios? Las paleontólogas despliegan una gran carpeta vertical. Observamos huellas redondas dejadas por un saurópodo del género Amanzia. Este animal tenía patas tan gruesas como columnas (la huella más grande mide 1,2 metros de diámetro), un cuello largo, una cabeza pequeña y una cola larga y muy robusta. Su tamaño era de aproximadamente cuatro metros a la altura de la cadera. Este “dibujo” es el resultado de comparaciones con otros saurópodos, ya que aquí no se han encontrado esqueletos de tales animales en las excavaciones, explica Lara Sciscio. Ahora bien, para identificar con certeza a un animal, es necesario disponer tanto de su huella como de su esqueleto. Las dos investigadoras nos conducen al patio de un centro de formación, donde se puede observar el subsuelo a través de unos cristales. Allí descubrimos huellas tridáctilas (de tres dedos) dejadas por terópodos, dinosaurios bípedos, así como dinosaurios carnívoros, parecidos al T-rex. Cabe recordar que este monstruo vivió antes de la extinción de los dinosaurios no avianos, mientras que las aves actuales son... ¡auténticos dinosaurios vivos! Esta extinción ocurrió hace 66 millones de años.

“Vieux Émosson es quizá el error más célebre de la paleontología suiza”. Pierre-Yves Frei, periodista científico.

Otro sitio en Suiza para observar las huellas de estos animales tan variados y, a veces, aterradores es Vieux Émosson, en Valais. Este yacimiento se encuentra a más de 2 400 metros de altitud. Pero en realidad se trata de un caso muy peculiar, porque los paleontólogos tardaron años en averiguar que los animales en cuestión no podían ser dinosaurios. “Estas huellas pertenecen a unos parientes cercanos de los dinosaurios, con los que compartían un antepasado común a principios del Triásico”, declara Pierre-Yves Frei, quien explica en su libro cómo surgió tal malentendido: en 1976, el geólogo alsaciano Georges Bronner y unos amigos suyos decidieron recorrer a pie la región de la presa de Émosson. Durante la segunda jornada, el grupo llegó a la región de Vieux Émosson, nombre de la primera presa construida en este valle. Mientras Georges Bronner estaba haciendo fotos con su hija Sylvie, su mirada se desvió de repente hacia una losa medio sumergida en la nieve. Lo que estaba viendo no eran simples agujeros: ¡eran huellas! Este descubrimiento tuvo repercusión mundial y el sitio se convertiría en el de los dinosaurios de Vieux Émosson, y lo sigue siendo hoy. ¿Por qué se pensó inicialmente que eran huellas de dinosaurios? La primera razón, explica el periodista ginebrino, es que las huellas, aunque muy numerosas, son de mala calidad: podían dar la impresión de ser huellas de tres dedos, típicas de los dinosaurios. De hecho, solo hay huellas de cinco dedos. 

Otra dificultad es que la roca sedimentaria no contiene ningún fósil, lo que hace imposible una datación precisa. Los primeros investigadores de este hallazgo estimaron la edad de las huellas en 230 millones de años. Sin embargo, la roca tiene 240 millones de años de antigüedad y, en esa época, los dinosaurios acababan justo de aparecer en el hemisferio sur. Así pues, hubo que desechar la tesis de los dinosaurios, para dar paso a la de unos animales pentadáctilos (de cinco dedos): cocodrilos zancudos, de casi tres metros de longitud, provistos de poderosas mandíbulas y pertenecientes a la rama de los Pseudosuquios (“falsos cocodrilos”), mientras que la otra rama corresponde a los Avemetatarsalia, a los que pertenecen los dinosaurios.

Pierre-Yves Frei: “Un dinosaure dans la montagne”. Savoir suisse, Lausana, 2026, 192 páginas.

Frick y sus esqueletos perfectos

En su libro, Pierre-Yves Frei menciona otro lugar fabuloso para la historia de los dinosaurios en Suiza: las canteras de Frick (Argovia), donde en 1976 un paleontólogo suizo, Ben Pabst, descubrió en la arcilla restos fósiles de dinosaurios de aproximadamente 210 millones de años de antigüedad, pertenecientes al subgénero de los plateosáuridos. Se trata de herbívoros de ocho metros de largo y cuatro toneladas de peso. En el museo de Frick se puede contemplar un esqueleto completo de este animal. Se estima que esta zona de Argovia alberga unos 500 fósiles de dinosaurios por hectárea. ¿A qué se debe tal abundancia? “En esta gran llanura, durante el Triásico, los puntos de agua se convertían en charcos de lodo durante la estación seca. Sedientos, los grandes dinosaurios se aventuraban en este gran lodazal y no siempre lograban salir”, cuenta el autor. “No me gusta imaginármelos hundiéndose allí, pero nos han dejado un testimonio de gran valía”, concluye el periodista ginebrino.

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