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Los mayores, reducidos a un “grupo de riesgo”

22.07.2020 – Susanne Wenger

En Suiza, las personas mayores se vieron especialmente afectadas por el confinamiento: si bien recibieron importantes muestras de solidaridad, también fueron objeto de discriminación. La epidemia puso a prueba las relaciones intergeneracionales.

La crisis del coronavirus y la gente mayor

A mediados de mayo, cuando Suiza empezó a flexibilizar el confinamiento, Pro Senectute lanzó una campaña basada en un cortometraje que mostraba a personas mayores en acción: una mujer de 66 años leyendo cuentos a su nieta, un hombre de 84 podando el seto de sus vecinos. El mensaje era claro: “Los mayores realizan tareas indispensables”. Desde hace más de cien años, la organización Pro Senectute se ocupa de todo lo relacionado con la vejez en Suiza. Mediante esta campaña pretendía mostrar que con el virus se ha empobrecido mucho nuestra forma de considerar a la vejez: todos los mayores de 65 años pasaron automáticamente al “grupo de riesgo”. Al inicio de la crisis, la Oficina Federal de Salud Pública lo declaró: los mayores corren mayor riesgo y necesitan protección.

Un hospital improvisado para el grupo de riesgo: servicios de urgencia en el gimnasio municipal Rämibühl, de la ciudad de Zúrich. Foto Keystone

Por cierto, las estadísticas lo confirman: el riesgo de morir por Covid-19 aumenta con la edad; pero ahora se sabe que el virus no afecta sólo a los ancianos. En los hospitales suizos, casi la mitad de los enfermos graves por el virus tenían menos de sesenta años; pero a mediados de marzo estos datos no se conocían. Así, las autoridades instaron a los mayores a quedarse en casa, evitar los contactos y no hacer ellos mismos las compras. Con algunas excepciones, estas consignas se respetaron en todo el país.

Víctimas de aislamiento colectivo

Aunque se justificaban desde un punto de vista médico, estas medidas tuvieron consecuencias sociales: los 1,6 millones de personas mayores de 65 años en Suiza se sintieron víctimas de aislamiento colectivo. Se prohibieron las visitas en los asilos de ancianos, lo que causó mucho sufrimiento y no pudo evitar todas las muertes por Covid-19. En Suiza, la gran mayoría de los ancianos viven en su hogar. Muchos tuvieron que pasar su cumpleaños solos y de un día para otro cesaron los encuentros fuera de casa. Los jubilados no pudieron desempeñar sus tareas sociales: los abuelos no pudieron cuidar a sus nietos, mientras que en los servicios de transporte comunitario faltaban los chóferes y en las tiendas de Cáritas, los voluntarios.

En Suiza, numerosos jubilados realizan trabajo voluntario; continúan activos y con buena salud mucho tiempo después de jubilarse, en parte gracias a los buenos servicios de salud y unas condiciones de vida favorables. Su contribución social es importante, en un país que apuesta por la responsabilidad individual. Por ejemplo, los abuelos y abuelas que cuidan a los niños permiten a las familias y al gobierno ahorrar 8 000 millones de francos anuales. A cambio, los activos sustentan con sus impuestos las pensiones del Seguro de Vejez y Supervivencia (SVS) desde hace más de 70 años. El contrato intergeneracional, como se denomina a la solidaridad entre jóvenes y ancianos, posee en Suiza una larga tradición.

Chivos expiatorios

La crisis sometió a prueba este contrato, arrojando resultados ambiguos. Por una parte, hubo una gran disposición para ayudar: así, muchos jóvenes se ofrecieron espontáneamente a hacer las compras para sus vecinos de edad avanzada. Por otra, no faltaron algunos cínicos que dijeran que, con o sin coronavirus, los ancianos no tardarían en morir. Si bien éstos fueron minoría, el sector político y los medios de comunicación llegaron a preguntarse si era realmente necesario paralizar a todo un país con el afán de proteger a sus ancianos. Algunos llegaron incluso a proponer que los jubilados, con sus ingresos seguros, sufragaran parte de los ingentes costos del confinamiento, para evitar que toda la cuenta recayera en los más jóvenes.

Padre e hijo se encuentran a través de la pantalla: Daniel visita a su padre Reymont en el asilo de ancianos de Le Locle. Foto Keystone

Con el tiempo se fue agudizando el descontento entre los ancianos. Mientras que muchos soportaban las restricciones con serenidad, a otros, sobre todo a los adultos mayores jóvenes (los de la generación del baby boom), más ávidos de autonomía, les resultó difícil aceptar su nuevo papel: en vez de ser los pilares de la sociedad, de repente ya no eran sino una carga y un grupo de riesgo. A pesar de que en Suiza siempre estuvo permitido salir de su casa, algunos recibieron insultos por hacerlo. Un hombre de 74 años declaró ante la televisión suiza que por primera vez en su vida se había sentido discriminado ¿Qué había ocurrido? “En esa tensa situación, los mayores se convirtieron en chivos expiatorios”, afirma la investigadora de generaciones Pasqualina Perrig-Chiello. Con la crisis salieron a la luz ideas negativas sobre la vejez.

¿Consecuencias para el SVS?

Según esta investigadora, la vejez se “generalizó demasiado”: no todos los mayores son frágiles y adinerados. Perrig-Chiello reprocha a los responsables políticos haber propagado esta generalización. Todavía se desconocen los efectos a largo plazo de la crisis del coronavirus. Pero ya antes del virus, los “conflictos entre generaciones” eran objeto de candentes debates de política social: la población suiza envejece, las instituciones pugnan por encontrar soluciones en materia de salud y fondos de pensiones. Después del coronavirus, la competencia por los recursos se agudizará, pronosticó el periódico NZZ am Sonntag. Es preciso aliviar la carga de los jóvenes, pues el contrato intergeneracional se ha vuelto frágil.

En opinión de Pasqualina Perrig-Chiello, la epidemia más bien ha mostrado “lo poco que saben las generaciones una de otra a nivel social”. No obstante, “a pesar del discurso mediático” ha habido en Suiza una gran solidaridad entre las generaciones. Esta es una oportunidad que no hay que desaprovechar: “El contrato intergeneracional puede renegociarse sobre una base más objetiva”. Incluso durante la epidemia fue notoria la contribución de los mayores, como lo dejó patente el caso de todos aquellos y aquellas médicos y enfermeros jubilados que ayudaron a superar la emergencia en el sector sanitario.

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