Menu
stage img
  • Tema Clave

La Suiza humanitaria bajo la afluencia de refugiados

29.01.2016 – Marc Lettau

El año pasado, más de 35 000 personas solicitaron asilo en Suiza. El continuo flujo de refugiados conduce inevitablemente a un conflicto de intereses entre la solidaridad y el rechazo, la tradición humanitaria típica de Suiza y una profunda incertidumbre.

El drama de los refugiados en Europa ha generado en los últimos meses imágenes inquietantes, e incluso insoportables: estaciones de trenes en las que miles en busca de ayuda se han quedado “varados”; un pequeño refugiado sirio de tres años, Aylan Kurdi, cuyo cuerpo inerte fue devuelto por el agua a las costas de Bodrum. Al mismo tiempo parecía anacrónico lo que ocurría en Suiza: a principios de septiembre, en la estación fronteriza de Buchs algunos activistas llevaban carteles en los que habían garabateado a toda prisa el mensaje “Refugees welcome”. Esperaron en vano: el anunciado aflujo de refugiados sirios huyendo de la guerra pasó de largo, dándoles a comprender algo nuevo: Suiza dista mucho de ser un país de ensueño para todos.

Ello no obstante, el tema de los refugiados dominó el otoño electoral. Anteriormente la UDC había evocado la incertidumbre de amplios círculos de la población y criticado el “caos en materia de asilo” que reinaba en Suiza, así como el problema de los “falsos refugiados”, en vista de los numerosos solicitantes de asilo procedentes de Eritrea. El permanente debate sobre los refugiados y la política de extranjería relegó a segundo plano todos los demás temas políticos –y surtió efecto: el día de las elecciones Suiza dio un viraje a la derecha.

Unos tres solicitantes de asilo por cada 1 000 habitantes

Pero esto no cambió en absoluto el rumbo de los acontecimientos. La cifra de refugiados sirios que huyen de la guerra y solicitan asilo en Suiza se disparó en el último trimestre. La Secretaría de Estado de Migración revisó continuamente al alza sus previsiones para el año 2015, hasta superar al final los 35 000. ¿Son muchos? Habida cuenta del tamaño del país, esto significa que por cada 1 000 residentes en Suiza hay unos tres solicitantes de asilo. No es un gran aflujo, pero sí representa una cifra elevada en comparación con otros países europeos. Al mismo tiempo, las cifras son claramente inferiores a las registradas durante las guerras que desgarraron a Yugoslavia. En aquella época llegaron a apilarse en Suiza hasta 53 000 solicitudes de asilo.

La Ministra de Justicia, Simonetta Sommaruga (PS), asegura que la situación es “volátil”, aunque perfectamente controlable. Su juicio contrasta con las quejas de muchos cantones, que dicen disponer apenas de suficientes camas para los solicitantes de asilo, algunos de los cuales permanecieron incluso sin techo. Sin embargo, el problema no es la falta de alojamiento, sino la situación de los cantones, encargados por la Confederación de abrir centros de asilo; pero en muchos sitios sólo pueden hacerlo en contra de la voluntad de la población. Por eso aumenta la presión por parte de los cantones, para que la Confederación se encargue ella misma de crear más alojamientos –por ejemplo, en las instalaciones militares–.

Por consiguiente, la estructura marcadamente federalista de Suiza dificultó una vez más una reacción rápida en situación de crisis. Aun así, los especialistas advirtieron hace ya más de un año que el número de sirios huyendo de la guerra aumentaba drásticamente. A consecuencia de ello, las ONG solicitaron que Suiza acogiera a 100 000 refugiados sirios, y finalmente el Consejo Federal decidió acoger a 5 000 especialmente necesitados.

Llegar a la conclusión de que Suiza no hace nada para adaptar su derecho de asilo a los actuales desafíos sería, por supuesto, totalmente erróneo. La Ministra de Justicia, Sommaruga, impulsó en 2013, dos años después del estallido de la guerra en Siria, una amplia reforma del asilo. Su meta principal es acortar sensiblemente los procesos de asilo, que hoy día suelen durar años. La mayor parte de las solicitudes de asilo deberá gestionarse en 140 días como máximo. Con ello se quiere acortar notablemente el largo tiempo de espera y la incertidumbre que puede ser una pesada carga para los refugiados. Y para garantizar que se tomen decisiones justas pese a la rapidez de los procesos, se prevé además revalorizar la protección jurídica de los solicitantes de asilo.

La gran mayoría del Parlamento apoya esta reforma; pero al cierre de la presente edición se desconocía por completo lo que pasará con ella, ya que la UDC quiere forzar un referéndum para que el pueblo la rechace. La UDC encuentra absurdo que los solicitantes de asilo tengan un asesor jurídico, porque piensan que es “conceder el derecho a que todos tengan abogado gratis”. Pero su oposición a la reforma es más fundamental y apuesta por un contraproyecto que supondría la eliminación de hecho del derecho de asilo.

En el bando contrario, la oposición de la derecha suscita una clara desaprobación. Stefan Frey, portavoz de la Organización Suiza de Ayuda a los Refugiados, dice: “Quien esté contra la reforma se pronuncia a favor de la situación actual, que conlleva una inseguridad de años para los afectados.” Quien abogue por los largos plazos seguirá contribuyendo a aumentar “considerablemente los gastos sociales” para la gente que “por su incierto estatus social no puede ser integrada”. Durante demasiado tiempo Suiza ha estado a la defensiva frente a quienes buscan protección, dice Frey: “Ahora hay que suplir un gran déficit en materia de integración, lo que influirá considerablemente en el debate del próximo futuro.” Si los procesos fueran más cortos, numerosos refugiados buscarían integrarse mucho antes.

Oposición contra los “falsos incentivos”

El “debate sobre el futuro próximo” ya se está gestando activamente. Así, la Conferencia Suiza para la Ayuda Social cree que urge tomar más medidas contra el desempleo de los que llegan. A más tardar doce meses tras su llegada se debería convocar a todos a un curso obligatorio de iniciación profesional, con una duración de un año. Pero la oposición pone el grito en el cielo; por ejemplo, Reto Lindegger, Director de la Asociación de Ayuntamientos, advierte que con ello se crearán “falsos incentivos”. El “derecho a la formación” puede conducir a que afluya más gente a Suiza.

La integración no es un proceso unilateral: si los refugiados se adaptan con el tiempo, depende asimismo del comportamiento de los que ya viven en el país. En ese sentido hay algo que llama la atención en Suiza: de acuerdo con Gianni d’Amato, catedrático e investigador de migración en la Universidad de Neuenburg, en los últimos veinte años el compromiso de la sociedad civil a favor de los refugiados ha disminuido fuertemente. Este investigador denuncia la “profesionalización”, pues aduce que la integración promovida por el Estado hace desistir a los ciudadanos de su obligación a hacer algo ellos mismos.

En ese punto insiste Stefan Frey, de la Organización Suiza de Ayuda a los Refugiados, quien opina que el exacerbado federalismo obstaculiza a veces el compromiso humanitario concreto. Así, la regulación del alojamiento privado de los solicitantes de asilo es completamente distinta en cada cantón, de modo que no se aprovecha “el gran potencial de familias de acogida”: tan sólo en los cantones de Ginebra, Vaud, Argovia y Berna hay “cientos de ofertas”.

Marc Lettau es redactor de “Panorama Suizo”

Similitudes con la ex Yugoslavia

Las cifras están claras. Las más de 35 000 solicitudes de asilo del año pasado son un repunte, pero no un récord. Mucho más elevado fue el flujo de refugiados entre 1990 y 1999, cuando se desintegró Yugoslavia en los conflictos armados y muchos buscaron protección en Suiza. Durante los años más difíciles llegaron a apilarse en Suiza hasta 53 000 solicitudes de asilo. Sólo desde Serbia viajaron a Suiza en el punto más álgido del conflicto (1999) unos 30 000 solicitantes de asilo. Pero el flujo de refugiados de entonces sólo es en parte comparable con el actual. Muchos de los refugiados de la ex Yugoslavia pudieron quedarse al principio con “familias de migrantes” ya residentes en Suiza. Además, la proximidad geográfica del sureste de Europa con Suiza facilitó su acogida.

top