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La luz artificial, motor de la sociedad insomne

28.09.2016

Cada vez disfrutamos menos de la luz diurna y nos exponemos más a la luz artificial; esto modifica la biología humana, declara Alexander Reichenbach, especialista en luz de la Oficina Federal del Medio Ambiente.

“Panorama Suizo”: Señor Reichenbach, la luz es algo impoluto por excelencia. ¿Cómo puede hablarse de contaminación lumínica?

Alexander Reichenbach: La luz es un fenómeno más complejo de lo que parece y sufre enormes transformaciones a lo largo del día. Su intensidad y su composición espectral se modifican. Cuando la luz indebida brilla en el momento indebido, se habla de contaminación lumínica.

¿Cuándo se convierte la luz en fuente de contaminación?

Cuando la luz va más allá del simple objetivo de iluminar, en términos de espacio, duración o intensidad, hablamos de contaminación lumínica. En comparación con otros factores que impactan el medio ambiente, éste no es un tema primordial; pero desde un punto de vista científico hay que reconocer que apenas empezamos a constatar sus repercusiones, porque la luz eléctrica sólo existe desde hace unos cien años. Al fin y al cabo, la revolución tecnológica podría tener consecuencias que hoy desconocemos.

Para el profano eso suena algo enigmático.

En lo que respecta a los seres humanos, es fácil constatar la influencia que ejerce la luz artificial sobre la sociedad: la luz artificial es el motor de la sociedad insomne. A eso cabe añadir que las nuevas formas de iluminación tienen una nueva composición, a saber una mayor cantidad de luz azul. El componente de luz azul posee importantes repercusiones a nivel biológico. Como durante el día cada vez estamos menos expuestos a la luz natural, aumenta el efecto biológico de la luz artificial.

¿Cuáles son los riesgos de una exposición demasiado prolongada a una luz con un fuerte componente azul?

Nos arriesgamos a que la fase del sueño se desplace hacia atrás. Una fuerte exposición a la luz azul retrasa la producción de melatonina, una hormona que nos prepara a la fase del sueño.

El hombre busca la luz, no las tinieblas. ¿Cómo reeducarlo para que busque más la noche y la oscuridad?

La reacción de la mayoría de la gente con la que hablamos sobre este tema es favorable. Muchas veces, los proyectistas están dispuestos a adoptar medidas contra el exceso de luz. Además, lo que facilita las cosas es que la luz innecesaria conduce a un consumo innecesario de energía, y con ello a gastos innecesarios.

En el balcón del vecino parpadean de noche lamparitas solares que cambian de color; parece muy divertido...

Sobre estas formas de iluminación decorativa ya existe una resolución del Tribunal Federal Supremo. El Tribunal dictaminó que la iluminación decorativa no funcional debe apagarse a las 22 horas. El trasfondo de esta resolución es que incluso pequeñas y difusas fuentes de luz pueden contribuir a la contaminación lumínica y ejercer una influencia negativa sobre la flora y la fauna. En principio, hoy rige la norma de que la luz debe usarse con medida.

Hablemos de la luciérnaga. A este insecto no le importa en lo más mínimo que exista un decreto para exigir que las noches sean más oscuras. ¿Acaso se trata de un animal especialmente renuente en cuanto a contaminación lumínica?

No, en absoluto, pues al contrario la luciérnaga nos viene a demostrar por qué serían tan beneficiosas las noches oscuras. De ser así, volveríamos a contemplar espectáculos naturales como el destello de las luciérnagas. Hoy en día las noches son demasiado claras. Sólo una minoría ha presenciado el espectáculo de una noche iluminada por el destello de las luciérnagas.

ENTREVISTA a cargo de Marc Lettau

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