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Kim de l’Horizon | Vitalidad y reflexión

27.01.2023 – BEAT MAZENAUER

Con su primera novela titulada “Blutbuch” [“Libro de sangre”], Kim de l’Horizon cosechó este año dos galardones: el Premio Suizo y el Premio Alemán del Libro, conquistando a ambos jurados con su exploración, tan excesiva como reflexiva, de las normas sociales, así como de su propia identidad no-binaria.

Su libro se mueve entre dos elementos. Por un lado, está el elemento robusto y rural, que se encarna en el haya que plantó el bisabuelo en el jardín de su casa, en esos tiempos en los que el mundo aún parecía funcionar con normalidad y solo había dos sexos. Y por otro lado, en marcado contraste con lo anterior, está lo fluido, lo difuminado, que Kim de l’Horizon, siguiendo una peculiaridad del dialecto bernés, denomina “Grossmeer”: algo así como una abuela oceánica, a la que el/la narrador/a se siente cercano/a, aunque no se encuentre del todo a gusto en su compañía. A ese personaje, que padece demencia, se dirige en su lucha con la memoria y el olvido, la vergüenza y el deseo, el miedo y la omnipresente amenaza de la violencia. “No mato a mis padres”, escribe, “traigo a mis madres al mundo”; y, con ellas, a sí mismo/a

Kim de l’Horizon “Blutbuch”, Editorial DuMont, 334 páginas, 32 francos

La figura narradora se siente más atraída por la tradición familiar femenina, hecha de abandono y opresión, pero también de tenacidad y resistencia, que por la historia masculina de su linaje. Así va recogiendo las “heridas cicatrizadas” para anclar en ellas su propia existencia queer. En este proceso también surgen crueles dudas acerca de su propia persona, que impregnan su escritura. ¿Cómo empezar? ¿Dónde terminar? En múltiples ocasiones, la figura narradora inicia su texto, para después dejarse llevar de buena gana por su “marcada libido”, que encuentra satisfacción en la autohumillación.

Blutbuch no es un libro de fácil lectura. Esta autoficción llena de vitalidad, exaltación y, en algunos pasajes, de lúdica pretensión, pugna con el lenguaje por encontrar una salida a las imposiciones familiares y sociales. Es un acto de equilibrio en una delgada cuerda. Alternando rápidamente entre una voz a veces vulnerable, a veces sobria y a veces “frenética”, para decirlo con sus propias palabras, Kim de l’Horizon genera una intensidad lingüística que sustenta y acredita el texto. El lenguaje de Kim de l’Horizon se enfrenta a la fragilidad de la existencia y disuelve el orden tradicional de las cosas de forma tan magistral como impactante.

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