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Jean Ziegler, el hombre que osó sacar a la luz temas delicados en su propio país

02.10.2026 – Stéphane Herzog

El sociólogo de “combate” Jean Ziegler falleció a los 92 años, tras haber perdido la batalla contra una larga enfermedad. Conocido en el mundo entero, fue admirado y detestado en su propio país. Contribuyó a la abolición del secreto bancario y sensibilizó a la opinión pública sobre el tema del hambre como arma política.

“Su última palabra fue un rotundo no”: la historiadora del arte y expolítica Erica Deuber Ziegler echa una mirada retrospectiva a la vida de su esposo. Foto Stéphane Herzog

Erica Deuber Ziegler nos recibe en su bonita casa, situada en lo alto del pueblo de Russin, en Ginebra. Ahora es viuda de Jean Ziegler, fallecido en junio a raíz de la enfermedad de Parkinson, “esa porquería”, como él solía decir. Después de las exequias celebradas en la catedral de Saint-Pierre (por cierto, al son de La Internacional), ha llegado para Erica el momento de ocuparse de su legado. Erica Deuber Ziegler, historiadora del arte y exdiputada en el Gran Consejo de Ginebra, conoció al sociólogo de origen bernés al corregir las pruebas de imprenta de sus obras. Ahora, está ordenando sus documentos, guardados en cientos de cajas de cartón. Una parte se entregará a los Archivos Federales. Sobre la mesa del salón se encuentran apiladas fotocopias de las necrologías dedicadas a quien fuera, en su día, relator especial de Naciones Unidas sobre del derecho a la alimentación en el mundo. “Una voz contra las desigualdades globales”, titulaba una nota necrológica de “Vatican News”. “El revolucionario con traje a medida”, escribía el cotidiano NZZ.

En una cesta de mimbre se amontonan más de 300 cartas de condolencia, entre las cuales figura un pésame de Christoph Blocher, exconsejero federal de la UDC. “No coincidían en nada, pero entre ellos existía un aprecio mutuo”, comenta Erica Deuber Ziegler. Se dice que el autor de “Una Suiza por encima de toda sospecha” (1976) y de “Suiza lava más blanco” (1990) nunca daba el brazo a torcer. Su última palabra fue un rotundo “no” dirigido a un enfermero que le pedía que comiera, cuenta su viuda. ¿Cuál ha sido el impacto de Jean Ziegler sobre la política suiza? “Desempeñó un papel fundamental, no desde el punto de vista legislativo, sino al decir públicamente cosas que nadie se había atrevido a abordar hasta entonces”, declara el profesor de Ciencias Políticas Pascal Sciarini. Se refiere a temas como el oro nazi en Suiza, los fondos sin reclamar o el dinero sucio que los dictadores depositaban en los bancos helvéticos al amparo del secreto bancario.

“Respaldó a los héroes equivocados”.

Pascal Couchepin, exconsejero federal (PLR)

Otro tema recurrente en Ziegler era el hambre “creada por la mano del hombre”. Según afirman algunos, Ziegler, que viajó a las regiones más pobres del orbe, nunca vaciló a la hora de sacar a la luz las verdades incómodas de su país, como la prosperidad suiza, debida en parte a los bancos. “Su habilidad para las frases impactantes, y también para la exageración, lo hacían popular entre quienes ya compartían sus puntos de vista y lo convertían en un adversario al que había que silenciar en los círculos que cuestionaba”, explica el politólogo, quien, no obstante, reconoce que ciertas imprecisiones recurrentes a veces debilitaban su discurso.

“Rebelde, temerario y reacio a la crítica”: Jean Ziegler (1934–2026). Foto Keystone

“Matar” al padre

Jean Ziegler nació en Thun, hijo de un padre calvinista, juez y coronel de artillería. Desde muy temprana edad, mostró sensibilidad ante la pobreza. Durante la Segunda Guerra Mundial, veía a niños colocados en familias, mal vestidos. “¿Qué hacemos?”, le preguntaba a su padre, y este le contestaba: “Mach di Sach”, es decir, “Ocúpate de lo tuyo”, cuenta Erica Deuber Ziegler. La noción calvinista de la predestinación lo indignaba. Más tarde, Jean Ziegler “mataría” a su padre convirtiéndose al catolicismo y al marxismo... ¡él, cuyo abuelo materno había sido uno de los fundadores de la Unión Democrática del Centro!

En 1961, tras doctorarse en Derecho y acceder a la abogacía, Jean Ziegler se trasladó al Congo como enviado especial de la ONU. De esta experiencia nacería su interés por la descolonización y su orientación hacia la sociología del desarrollo. Luego, en París, se codeó con personajes como Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir. Jean Ziegler, “rebelde, temerario y reacio a la crítica”, como lo describió su amigo, el empresario inmobiliario y escritor Metin Arditi, terminó ganándose la ira de los tribunales: en 1991, el Parlamento votó a favor de levantar su inmunidad parlamentaria, lo que abrió la vía a nueve juicios por difamación, que acabaría perdiendo. Sin embargo, esto no impediría que el sociólogo fuera reelegido ese mismo año para el Consejo Nacional. Su segunda esposa lo acogió en su casa de Russin, a la que agentes de la Oficina de Ejecuciones Judiciales acudieron en varias ocasiones, según recuerda la historiadora del arte.

El cotidiano NZZ describió a Jean Ziegler como un “revolucionario con traje a medida”.

Un encuentro con Ernesto Che Guevara en Ginebra en 1964 se convirtió en el eje principal de su misión. “Le llamaron a Jean para que le sirviera de guía”, cuenta su viuda. Durante diez días, el sociólogo, quien en 2009 sería nombrado vicepresidente del Comité Consultivo del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, se llevó al Che de paseo por Ginebra y le explicó el sistema político suizo. Jean Ziegler se habría ofrecido para acompañarlo a Cuba. Pero el Che le ordenó: “El cerebro del monstruo está aquí. Es en esta ciudad donde deberás luchar”. “Es como si el mismísimo Jesucristo le hubiese hablado”, resume Erica Deuber Ziegler.

Denunciando el secreto bancario

Entre las críticas dirigidas a Jean Ziegler, destacan sus encuentros con revolucionarios que acabaron convirtiéndose en dictadores: Fidel Castro, Robert Mugabe, Muamar el Gadafi y Hugo Chávez. “Jean se encontró tres veces con el Gadafi para preguntarle por la situación de los pueblos del Sahel. Dijo que una sola vez ya era demasiado”, recuerda su viuda. “Se puso del lado de los pueblos en los países donde había dictaduras”, concluye la socialista Micheline Calmy-Rey, expresidenta de la Confederación, quien elogia su valentía y su capacidad para denunciar las prácticas hipócritas de Suiza. Un ejemplo de ello fue su intervención ante la comisión bancaria del Senado estadounidense, en 1998, para defender la idea de que solo las sanciones económicas obligarían a los bancos helvéticos a restituir los activos de las cuentas inactivas.

“Al denunciar el secreto bancario hizo un favor a los bancos, cuyos dirigentes entendieron que debían evolucionar hacia la excelencia”, considera Metin Arditi. El exconsejero federal Pascal Couchepin no comparte este punto de vista: “Se veía a sí mismo como representante del Tercer Mundo; pero respaldó a los héroes equivocados. Al final, Jean Ziegler ha dejado a Suiza un legado bastante flojo”, declaró a los medios de comunicación tras su fallecimiento. Este dardo del exconsejero federal hace sonreír a Erica Deuber Ziegler, quien subraya, entre otras cosas, la fama que su marido adquirió en todo el mundo.

En la Fiesta Nacional del 1.º de agosto, en el pequeño municipio ginebrino de Choulex, su hijo, el dramaturgo Dominique Ziegler, pronunció un discurso a petición de las autoridades. “En los últimos diez años, UBS ha destinado 211 mil millones de dólares estadounidenses a proyectos relacionados con el petróleo y el gas. Es una locura total”, exclamó ante los lugareños, siguiendo fielmente la línea trazada por su difunto padre.

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