Llega al Consejo Nacional un agricultor suizo residente en Francia
06.02.2026 – Stéphane Herzog
Rudi Berli, natural del cantón de Zúrich pero ginebrino de adopción, sustituirá al Consejero Nacional ecologista Nicolas Walder. Su elección como suizo en el extranjero es excepcional. Berli se compromete a defender los intereses de la región del Gran Ginebra, el área transfronteriza entre Ginebra y Francia.
¿Son muchos los trenes que conectan Ginebra con la estación francesa de Chancy-Pougny? “Dieciocho cada día”, responde de un tirón Rudi Berli, sentado a la mesa de su casa. Rudi Berli vive en una bonita propiedad de la campiña francesa, situada a quince minutos a pie del Ródano, que separa Francia de Suiza. “Nunca hubiéramos podido comprarnos una casa en Suiza”, declara este suizo originario de la localidad rural de Hausen am Albis (ZH). Cuando era niño, el viaje en autobús a la gran ciudad de Zúrich duraba una hora. Ahora, solo se tarda la mitad. “Allá, hay conexiones supereficaces para ir a cualquier lado”, observa Rudi Berli, quien, al igual que otros representantes electos de Ginebra, considera que esta ciudad merecería recibir más atención, sobre todo en materia de transporte público.
Así es cómo Rudi Berli defendía sus convicciones políticas hasta ahora: con el megáfono en las manifestaciones de protesta de los agricultores. Foto Keystone
De ahora en adelante, Rudi Berli hará llegar su mensaje directamente a Berna, pues sustituye en el Consejo Nacional a su compañero de partido Nicolas Walder. Rudi Berli, empleado de la cooperativa Jardins de Cocagne, vende sus hortalizas orgánicas en Ginebra. Durante el verano se estuvo preparando para desempeñar un papel en la política federal, cuando la primera suplente, Isabelle Pasquier-Eichenberger, anunció su renuncia al cargo. El 19 de octubre, la elección de Nicolas Walder al Consejo de Estado de Ginebra le abrió las puertas al Parlamento Federal.
¿A qué se dedicará Rudi Berli en Berna? Este padre de familia pretende defender su región, en la que viven un millón de personas (tanto en Ginebra, como en los municipios aledaños de Francia y del cantón de Vaud). Su pueblo, Pougny, es muy representativo de este territorio. El 14 de julio, día de fiesta nacional en Francia, los suizos cruzan el Ródano para participar en las festividades al otro lado de la frontera, mientras que el 1.° de agosto, día nacional en Suiza, los franceses vienen a celebrar en Chancy. “La gente simplemente baila allí donde suena la música”, concluye el nuevo Consejero Nacional. El territorio del lado francés acoge a muchos residentes fronterizos. Y los pueblos también están unidos por lazos familiares.
Rudi Berli no es antieuropeo, pero defiende dos principios fundamentales: la defensa del trabajo de los campesinos y artesanos de la región (lo que él llama relocalización) y la protección de los productos agrícolas a través de los impuestos. “Esto es posible, incluso en el marco de la Unión Europea”, dice. Para este agricultor que llegó a Ginebra en 1985 para formarse en la Escuela de Lullier, donde obtuvo varios diplomas (en fruticultura, horticultura y paisajismo, entre otros), el mundo campesino se encuentra bajo presión. “En esta profesión, las retribuciones oscilan entre malas y muy malas”, señala Berli, y pone como ejemplo a los productores de leche que ganan diez francos la hora. Los granjeros suizos, abrumados por el trabajo, las deudas y la carga mental, caen como moscas, resume Rudi Berli, quien fuera sindicalista de la organización Uniterre.
El diputado electo no deja de denunciar las contradicciones de una sociedad que reclama la protección del medioambiente, pero que no está dispuesta a pagar el precio justo por ello. La cooperativa Jardins de Cocagne, que ofrece una cesta semanal a sus socios, ha vivido una época de bonanza. Sin embargo, desde hace algunos años tiene dificultades para alcanzar el número mínimo de 420 clientes para su cesta.
“Soy un ciudadano suizo que vive en Europa”.
Rudi Berli, sobre sí mismo
Para este zuriqués enamorado de la Suiza francófona —“aquí se come mejor que en la Suiza alemánica, y en Ginebra la gente se toma más su tiempo”—, la solución consistiría en una agricultura mixta y una ganadería responsables. “El objetivo es ofrecer alimentos de calidad y de origen local. Por su resiliencia, este modelo tiene sentido ante las incertidumbres climáticas. Se trata de un microcosmos agrícola coherente, que no depende de insumos fósiles y químicos”, sostiene nuestro agricultor. Rudi Berli no echa la culpa a los campesinos: “Nadie es adicto a los productos químicos. Lo que buscan todos es obtener un rendimiento suficiente”.
¿Qué opina Berli del desarrollo de Ginebra, impulsado durante doce años por su compañero ecologista Antonio Hodgers, exconsejero de Estado acusado de haber cubierto el cantón con hormigón y que respaldó la construcción de torres de 175 metros en el barrio de Praille-Acacias-Vernets? “Vivir en una torre, ¿por qué no? Se tiene vista”, responde Berli. Ginebra, que delega en Francia parte de la carga de la vivienda, ¿debería reducir su superficie arable? “En absoluto”, contesta Berli, quien defiende con uñas y dientes este territorio densamente urbanizado en su centro, pero rodeado de verde campiña.
En cambio, el territorio francés está desfigurado por la urbanización y las zonas comerciales. Pero entonces, ¿dónde construir? Rudi Berli evoca el sistema de la zona franca, que permite a los agricultores suizos producir en la vecina Francia bajo un régimen suizo. Propone que se haga lo mismo con la vivienda, ya que las cajas de pensión públicas podrían construir en las áreas fronterizas. Considera que Suiza también podría invertir en las infraestructuras francesas, especialmente del sector médico, con el fin de equilibrar este territorio. Por su parte, Ginebra podría densificar su zona residencial y hacer que los municipios con más recursos, como Cologny, también construyeran viviendas sociales.
Esto nos lleva a abordar el tema de la crisis regional, que surgió cuando el Consejo de Estado de Ginebra decidió cancelar la posibilidad, para los residentes fronterizos, de escolarizar a sus hijos en Suiza a partir de 2026. Esta decisión ha venido a afectar a 2 500 escolares y ha encendido la mecha entre ambos países. El propio Rudi Berli tendrá que soportar las consecuencias, ya que entre los afectados se encuentra uno de sus hijos. Aún no se la ha pasado la rabia: “Se trata de una decisión discriminatoria y arbitraria”, espeta. El Consejero Nacional participa además en una de las numerosas demandas colectivas de los trabajadores fronterizos suizos contra el cantón de Ginebra.
“La gente simplemente baila allí donde suena la música”.
Rudi Berli, sobre el día a día a ambos lados de la frontera
En Berna, Rudi Berli recibirá una remuneración de unos 6 000 francos mensuales, además de las indemnizaciones y los recursos para contratar a un asistente parlamentario. “Es necesario para ser eficaz”, señala. Le gustaría “reunir a los suizos francófonos”, pero algunos políticos veteranos del Palacio Federal ya lo han advertido: el ambiente puede ser odioso en los corredores del Parlamento. ¿En qué idioma hablará para convencer a sus colegas diputados? “Represento a Ginebra, y por lo tanto hablaré en francés”, responde. Salvo a lo mejor en momentos clave, como le ha aconsejado el exconsejero nacional ecologista Ueli Leuenberger. ¿Se considera Berli un suizo del extranjero? “Soy un ciudadano suizo que vive en Europa”, precisa nuestro ginebrino.
Los diputados federales residentes en el extranjero: casos excepcionales
Históricamente, Suiza solo ha tenido tres: la Consejera Nacional Stéphanie Baumann (PSS, Berna/Francia, 2001-2003) y los Consejeros Nacionales Ruedi Baumann (Verdes, Berna/Francia, 2001-2003) y Tim Guldimann (PSS, Zúrich/Alemania, 2015-2018). Rudi Berli había presentado su candidatura para las elecciones federales de 2023, sin ser elegido, aunque reunió un total de 12 000 votos. Era el segundo suplente en la lista. Y ahora es el cuarto suizo residente en el extranjero que ocupa un escaño en el Consejo Nacional.
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