“Lamentamos no poder reseñar el libro, porque realmente no estamos acostumbrados a recibir de su editorial tan vana palabrería”, escribió en 1922 el Berner Tagblatt al editor Orell Füssli al devolverle Ich selbst. Gefühle [“Yo mismo. Sentimientos”], de Hans Morgenthaler. Como en todas sus obras desde su debut con Ihr Berge [“Vosotras, las montañas”] en 1916, Morgenthaler (nacido el 4 de junio de 1890 en Burgdorf, Doctor en Botánica, Zoología y Geología por la ETH de Zúrich y enfermo incurable de tuberculosis tras una estancia en Siam de 1917 a 1920) volvió a elegir el formato de las “impresiones”, que le permitía combinar lo personal con lo científico y lo objetivo.
Este apasionado alpinista, para quien escalar montañas era una especie de trance extático, había publicado con Ihr Berge una declaración de amor al mundo alpino. Sus libros posteriores, en cambio, se adentrarían en las experiencias vividas en el continente asiático. En 1921, Matahari. Stimmungsbilder aus den malaysisch-siamesischen Tropen [“Matahari. Impresiones de los trópicos malayo-siameses”] narraba el viaje de un europeo cansado de la civilización, que intentaba superar los prejuicios coloniales para comprender la mentalidad de la población indígena.
“¿De qué me sirve haber demostrado que soy capaz de crear algo bello, escribir alguna que otra hermosa frase? ¿Qué sentido tiene que aquí, en nuestra pulcra Europa, yo tenga que soportar tanto sufrimiento, físico y anímico, pasar hambre en más de un sentido si, a cambio de dar lo mejor de mí mismo, lo único que obtengo es el agradecimiento del diablo?”
Extraído de “Woly. Sommer im Süden”, Zúrich, 1924.
Su siguiente obra, Gadscha Puti. Ein Minenabenteuer [“Gadscha Puti. Una aventura minera”], una novela mucho más pesimista, fue rechazada en 1926 por la editorial Orell Füssli y no se publicó sino hasta después de la muerte de Morgenthaler. Lo mismo ocurrió con su novela autobiográfica In der Stadt. Die Beichte des Karl von Allmen [“En la ciudad. La confesión de Karl von Allmen”], que se sumerge en lo más profundo y oscuro de la “miseria poética” de su autor y no se publicó sino décadas después de su muerte. En cualquier caso, Ich selbst. Gefühle no merece en absoluto el calificativo de “vana palabrería”. Más bien se trata, como observaría en 1981 Kurt Marti, del grito de un hombre a quien “nunca le preocupó la literatura”, sino siempre “la vida, su propia vida”. No deja de sorprender que, en esa misma época, Morgenthaler escribiera un libro tan sensual como erótico y, a la vez, filosófico, crítico con su tiempo, e incluso con toques de humor.
“Woly”, la historia de un amor casto y ardiente
La novela Woly. Sommer im Süden [“Woly. Un verano en el sur”], publicada en 1924, transcurre en Ascona y narra el amor imposible de Hamo, poeta soñador y sensible, por Woly, una danesa emancipada y segura de sí misma. “Jamás había leído una historia de amor tan casta y apasionada, salida de la pluma de un hombre”, escribió Emmy Ball-Hennings al autor. En vista de tan desafortunada pasión, parece milagroso que Morgenthaler pudiera, al final de su vida, vivir una historia de amor plena: con la doctora Marguerite Schmid, a quien Morgenthaler ya había mencionado en Ihr Berge (1916) como su compañera de escalada en el Weisshorn.
Fue ella quien, en 1926, cuando la locura y la depresión se apoderaron de él, lo acogió bajo su protección. El poeta, aquejado de una enfermedad incurable, ya no pudo llevar hasta el Weisshorn a su compañera, que lo cuidaba como una madre (de todos modos, ya en 1920, en señal de protesta contra el turismo masivo, ¡Morgenthaler había arrojado su equipo de montaña a una grieta!). Pero junto a ella, Morgenthaler acaba reconciliándose consigo mismo y muere en sus brazos el 16 de marzo de 1928 en Berna, a la edad de 38 años. Su último poema es una plegaria:
“Amado Señor: / Mátame. /
Arrebátame esa desolada vida. /
Entonces te daré un tierno beso”.
Charles Linsmayer es filólogo y periodista en Zúrich
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