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  • Literatura

Nicolas Bouvier | Viajando en un Topolino hasta Japón y Afganistán

05.08.2021 – CHARLES LINSMAYER

De 1953 a 1957, al volante de un antiguo automóvil, Nicolas Bouvier desarrolló un arte de descubrir el mundo que sigue fascinando al lector moderno.

Dos son los ciudadanos suizos cuyo nombre se halla indisolublemente ligado al Topolino, ese simpático “ratoncito” fabricado por Fiat de 1936 a 1955: Gottlieb Duttweiler (1888–1962), fundador de Migros, quien con insólita agilidad lograba introducir su imponente figura en el diminuto automóvil que actualmente se expone en el Museo del Transporte de Lucerna; y Nicolas Bouvier, nacido el 6 de marzo de 1929 en Grand-Lancy, cerca de Ginebra, y fallecido el 17 de febrero de 1998 en Ginebra, quien, en el verano de 1953, partió junto con su amigo pintor Thierry Vernet en su Topolino rumbo a Asia, para recorrer el mundo de una forma totalmente nueva, impulsado por una gran curiosidad y sed de aventuras, pero también por un anhelo filosófico de sustentabilidad.

Una invitación a no complicarse la vida

¿Su actividad favorita? No hacer nada. Tenían dos años por delante y sus ahorros les alcanzarían para cuatro meses; recorrerían Turquía, Irán, India y Japón; cruzarían desiertos, puertos de montaña, ciudades, mercados y se enfrentarían a una implacable naturaleza. Bouvier ya había estado en Laponia, África del Norte y los Balcanes. Pero ahora se acercaba a lo desconocido con una visión de las personas y las cosas que le era muy propia: viajar era para él una “invitación a no complicarse la vida, una segura y suave iniciación en la transparencia y la superación del propio yo”.

Un forma novedosa de redactar un diario de viaje

Para financiar la expedición, Vernet pinta y vende cuadros, en tanto que Bouvier escribe artículos periodísticos. La primera parte del periplo (Belgrado-Kabul), Bouvier la relataría en “L’usage du monde” [“Los caminos del mundo”] (1963). Esta obra es la primera muestra del inconfundible estilo de su autor para redactar un diario de viaje. Con un tono, una elección de palabras y un ritmo inigualables, Bouvier penetra hasta el corazón de las cosas, los lugares y las personas, buscando siempre el lado humano de un mundo inhumano. Su relato no sólo nos introduce en territorios desconocidos, sino también en el mundo interior del observador, un mundo lleno de conocimientos y de sutil sensibilidad.

Tras año y medio de viaje, los amigos se separan y Bouvier cruza solo la India rumbo a China y, finalmente, Ceilán (hoy Sri Lanka), donde permanece nueve meses. En 1982, relataría en “Le Poisson-scorpion” [“El pez escorpión”] cómo el clima bochornoso de Ceilán le restó toda energía, pero también cómo se aguzaron sus sentidos para percibir los aspectos fascinantes y aterradores de la isla, cuyas sombras e insectos deseaba comprender. En octubre de 1955 abandonó Ceilán y llegó en un vapor francés a Japón, donde estuvo un año recopilando el material que publicaría en 1970, en su “Chronique japonaise” [“Crónica japonesa”].

Tocando fondo

De vuelta a Europa, casado desde 1958 con Eliane Petitpierre, hija de un Consejero Federal, y a punto de ser padre de dos niños, necesitó varios años para dar forma literaria al fruto de su viaje de cuatro años. El autor, siempre en busca de la palabra más precisa y contundente, no tardó en caer en una profunda crisis, que describe en su único poemario “Le Dehors et le Dedans” (1982) y que lo sumió en la desesperación y el alcoholismo. Sin embargo, fue precisamente el recuerdo de aquellos momentos en tierras lejanas lo que le permitió superar esos sombríos momentos y convertirse, en opinión de muchos de su lectores, en un intérprete de la condición humana y un guía único en su género, gracias a su acceso singular a esos mundos lejanos.

Una invitación a “celebrar el arte y la alegría de vivir”

A partir de 1963, Bouvier publicaría tomo a tomo sus recuerdos de aquel gran viaje de 1953 a 1957, así como la crónica de sus estancias en Japón, Corea y China, sin olvidar la impactante descripción de su estadía en las islas Aran, en Irlanda. Bouvier, cuyo lema era: “Celebra el arte y la alegría de vivir como si fueras a morir mañana”, no ha dejado, ni después de su muerte en 1998, de motivar a gente de todos países a viajar con los ojos abiertos y llenos de curiosidad, acercándose a lo desconocido con amor y respeto. Sus libros, que se han traducido a los principales idiomas del mundo, no han perdido su magia y encanto, ni siquiera en nuestra época del turismo de masas.

Los libros de Nicolas Bouvier están disponibles en muchas ediciones en francés, alemán e inglés.

Charles Linsmayer es filólogo especializado en literatura y periodista en Zúrich.

Foto: Yvonne Böhler

“Uno no viaja para engalanarse como árbol de Navidad con toda clase de anécdotas exóticas, sino para que el camino lo desplume, lo enjuague, lo estruje hasta que se parezca a esas servilletas raídas por las lavadas que, junto con un trozo de jabón, suelen entregarle a uno en los burdeles.”

(Nicolas Bouvier, “Le Poisson-scorpion [“El pez escorpión”], Editions Gallimard, París, 1996)

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