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De pronto hasta el humor se volvió fiel al gobierno

22.07.2020 – Marc Lettau

Enmudecieron hasta los más mordaces humoristas, y los dibujantes más atrevidos dejaron caer el lápiz: la pandemia del coronavirus había acabado con el sentido del humor. Sin embargo, hasta en las peores circunstancias resulta que no se puede vivir sin reír y sonreír, como lo afirma el dibujante Max Spring.

Humor en tiempos de coronavirus

De repente desapareció el humor. Dejando a un lado su habitual mordacidad, los cómicos dieron muestras de extrema moderación y prefirieron hacerse eco de las recomendaciones oficiales: “Evitar los contactos, quedarse en casa, lavarse las manos”. Así, la siempre muy desenvuelta humorista Patti Basler decidió grabar vídeos divertidos, pero con un mensaje informativo sobre el coronavirus. Viktor Giacobbo, una leyenda del humor suizo, resume la situación como sigue: “Los cómicos nunca antes habíamos sido tan fieles al gobierno”. Lejos de burlarse de las autoridades, los cómicos las apoyaron. ¿Logró el virus infectar su sentido del humor?

Para contestar esta pregunta nos dimos a la tarea de interrogar al caricaturista Max Spring: –¿Qué dibujó al inicio de la crisis? –Nada. Era el fin del mundo. Cada día había más tensión, más imágenes de horror. La amenaza rondaba nuestra vida. No había cabida para el humor. Como si fuera poco, ningún periódico quería caricaturas sobre el coronavirus. En vez de dibujar, estaba muy pendiente de cualquier declaración del Consejero Federal Alain Berset y del experto Daniel Koch. Hasta yo mismo me alegraba de su liderazgo y de su mano firme”.

Para que el humor retoñe se necesita tiempo, opina Spring: “Un tema que al principio hubiera sido insoportable puede resultar estimulante una semana después. El humor necesita llegar a su debido tiempo”. Ahora Spring se siente libre para pintar con ironía las consecuencias de la pandemia. Sólo hay una cosa que nunca hace: “Burlarme de quienes realmente sufren.” Pero si el humor no permite evitar lo inevitable, ¿para qué sirve entonces? Spring toma el ejemplo del cambio climático, que considera una catástrofe aún mayor: “No debemos reírnos del cambio climático. Pero tenemos que reír a pesar del cambio climático. De lo que se trata, es de seguir siendo capaces de reír”. ¿No equivale esto a convertirse en un payaso del apocalipsis? Spring lo niega rotundamente: “Cuando voy a mi estudio no me propongo ser gracioso: trabajo, lucho y uso mi pincel como herramienta. Me imagino que así aporto mi granito de arena para superar problemas difíciles”.

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