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¿Por qué se plantearon los políticos suizos silenciar a la ciencia en relación con el coronavirus?

07.06.2021 – Susanne Wenger

Algunos parlamentarios pretendían prohibir al grupo de científicos encargado de asesorar al gobierno federal en materia de pandemia que hiciera declaraciones en público. No lo consiguieron; pero el decreto “mordaza” dio mucho de qué hablar. Continúan tensas las relaciones entre científicos y políticos.

“¡Y, sin embargo, se mueve!” Estas son las palabras que, en el siglo XVII, habría pronunciado Galileo Galilei en respuesta a la Inquisición, cuando lo obligaron a abjurar su teoría, contraria a la cosmovisión papal, de que la Tierra giraba alrededor del Sol. Retomando su ejemplo, se podría decir: “¡Y, sin embargo, se expresan!” Los aludidos son en este caso los investigadores del grupo de trabajo que asesora al gobierno federal suizo en esos tiempos de pandemia. ¿Es la comparación con Galileo excesiva? Quizás sí. Sin embargo, ciertos comentaristas del país la usaron hace poco, preguntando si el Parlamento quería que regresáramos a esa sombría época.

Una actitud mesurada ante la curva del número de casos: incluso durante el bullicioso debate en torno al decreto “mordaza”, el microbiólogo y director del grupo de trabajo, Martin Ackermann, destacó por su serena objetividad. Foto Keystone

¿Qué pretendían los parlamentarios? Ni más ni menos que prohibir al grupo de trabajo que hiciera declaraciones públicas, a fin de evitar que comentara las medidas adoptadas por el Consejo Federal ante la pandemia. Esta exigencia fue formulada por la influyente Comisión Económica del Consejo Nacional, antes de la deliberación en torno a la Ley sobre la Covid-19, en primavera. Tras recibir duras críticas, la Comisión redujo sus exigencias y el Consejo Nacional terminó rechazando el proyecto, con 116 votos en contra y 78 a favor. No obstante, el asunto pasó a la historia como el decreto “mordaza”.

Surge la desconfianza en la capital federal

El grupo de trabajo está integrado por casi 70 expertos de distintas universidades e institutos de investigación suizos. Están representadas varias especialidades, desde la epidemiología y la economía hasta la ética. Este foro honorífico publica regularmente sus “policy briefs”, en los que hace balance de la situación basándose en datos y modelos. Sus publicaciones reflejan una sólida evaluación científica. Algunos miembros del grupo de trabajo no solo intervinieron en las ruedas de prensa de la Oficina Federal de Salud Pública, sino también en entrevistas y en las redes sociales. Según el mandato celebrado con la Confederación, están autorizados a hacerlo en su calidad de investigadores: un juego de equilibrio, en el que no todos mostraron igual habilidad.

Consejero Nacional Leo Müller

Al encontrarse en el centro de la atención, algunos dieron rienda suelta a su frustración por ver que el sector político no siempre acata sus recomendaciones. Esto despertó críticas, antes siquiera del proyecto “mordaza”. Se acusó al grupo de trabajo de fomentar el alarmismo, ejercer presión sobre las autoridades y carecer de consenso entre sus propios miembros. La desconfianza se desató cuando el organismo advirtió de la tercera ola, justo cuando los partidos conservadores intentaban convencer al Consejo Federal de que relajara las medidas por la pandemia. En los debates posteriores, la UDC, el PLR y el Centro centraron sus ataques en la falta de coherencia interna del grupo de trabajo. “Las declaraciones contradictorias de este equipo han contribuido más a inquietar a la población que a ayudarla”, sentenció Leo Müller, Consejero Nacional del Centro por Lucerna. En tiempos de crisis, añadió, se necesita una comunicación clara, regida también por normas claras.

“Las declaraciones contradictorias de este equipo han contribuido más a inquietar a la población que a ayudarla.”

Leo Müller

Consejero Nacional

Libertad de expresión para investigadores

En cambio, el PSS, los Verdes, Verdes Liberales y parte de las fuerzas conservadoras defendieron la libertad de expresión de los investigadores. La bernesa Regula Rytz, de los Verdes, denunció un “intento de acallar a la ciencia portadora de malas noticias”: una democracia ilustrada y liberal, declaró, pierde toda credibilidad si mete en cintura a la ciencia. También los medios hablaron de un “escándalo”. Limitar la libertad de expresión de la ciencia es perjudicial para la sociedad, escribió el Neue Zürcher Zeitung: es indispensable que los investigadores hagan públicas sus recomendaciones para que los ciudadanos puedan formarse una opinión propia y evalúen las decisiones del sector político.

Consejera Nacional Regula Rytz

El grupo de trabajo, por su parte, se mantuvo en la retaguardia durante la polémica. Su Director, Martin Ackermann, Profesor de microbiología de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, ya había descollado por su serena objetividad. El grupo, resaltó Ackermann, no dice al sector político lo que debe hacer, sino que le presenta varias opciones de actuación “de las que sabemos que son efectivas para evitar infecciones”. Añadió que las informaciones y declaraciones del grupo también ayudan a orientar a cantones, asociaciones, empresas y población. Sobre la acusación de alarmismo, Ackermann comentó que la finalidad de los escenarios presentados es evitar que se vuelvan realidad.

“Un intento de acallar a la ciencia portadora de malas noticias.”

Regula Rytz

Consejera Nacional

Un discurso con escaso eco

Aunque a fin de cuentas no se les puso a los asesores ninguna “mordaza”, su discurso tuvo escaso eco: a pesar de sus análisis que aconsejaban prudencia, el Consejo Federal anunció en abril importantes medidas de relajamiento. Y el debate en torno al grado de intervención de la ciencia en la política continúa, no solo a propósito de la pandemia, sino también del cambio climático y otros temas medioambientales. Por ejemplo, antes de la votación actual sobre la iniciativa del agua potable surgieron discrepancias entre el Consejo Federal y los investigadores de la EPF, quienes recalcaron la problemática de los pesticidas. “Una política que busque soluciones debe tener en cuenta los datos científicos”, opina Servan Grüninger, bioestadístico de la Universidad de Zúrich y Presidente de “Reatch”, una organización que se empeña en acercar la ciencia, la política y la sociedad. Sin embargo, para que esta colaboración prospere, tanto la ciencia como la política aún tienen mucho que aprender.

Bioestadístico Servan Grüninger

Muchos investigadores son legos en política y sus concepciones en este ámbito son poco realistas, afirma Grüninger, miembro del PDC: “Creen que sus hallazgos producen automáticamente la política más adecuada”. Muchos no tienen conciencia —o muy poca— de que para tomar decisiones políticas no solo debe tenerse en cuenta la evidencia científica, sino también los aspectos económicos o sociales. Muchas veces tampoco saben cómo hacerse escuchar con eficacia por el sector político. Los políticos, por su parte, suelen considerar las declaraciones de los científicos sobre temas políticos como muestras de arrogancia o injerencia. Solo escuchan a la ciencia mientras corrobore su propio punto de vista.

“Muchos investigadores creen que sus hallazgos producen automáticamente la política más adecuada.”

Servan Grüninger

Bioestadístico

Diálogo en vez de mordaza

Actualmente, un proyecto denominado “Franxini” pretende fomentar la comprensión mutua. Fue iniciado conjuntamente por investigadores y políticos de todas las tendencias, como respuesta a la controversia suscitada por el decreto “mordaza” en torno a la ley Covid-19. El proyecto lleva este nombre en honor a Stefano Franscini, hijo de campesinos tesineses de escasos recursos, quien se dio cuenta muy joven de la capital importancia de la educación. Este liberal, elegido en 1848 al Consejo Federal, fundó la actual Escuela Politécnica Federal de Zúrich y puso los cimientos de lo que sería la Oficina Federal de Estadística. El objetivo del proyecto Franxini es formar a los investigadores para la política, afirma Servan Grüninger, cuya organización “Reatch” está detrás de la iniciativa. Por ejemplo, los científicos deberán familiarizarse con el sistema político suizo a través de cursos intensivos.

¿Servirá esto de algo? Al parecer, el proyecto ya dio resultado en el caso del epidemiólogo ginebrino Marcel Salathé, quien el año pasado criticó duramente al sector político y abandonó el grupo de trabajo. Ahora apoya el proyecto Franxini y estudia el manual de 900 páginas sobre la política suiza. “Lee el maldito manual del usuario”, escribió en Twitter con un guiño.

El presente artículo refleja la situación a fecha del 1.o de mayo de 2021.Página web del grupo de trabajo científico suizo Covid-19: www.sciencetaskforce.ch

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