En el año de 1601, a raíz de un terremoto al menos diez personas perdieron la vida debido a un tsunami en el lago de los Cuatro Cantones, que se originó bajo el agua. Sus causas estaban relacionadas con la configuración del sitio.
¿Más alto, más apartado, más rápido, más bonito? En busca de los récords suizos más originales. Hoy: las olas más extremas en los lagos suizos.
Para la mayoría de nosotros, la palabra “tsunami” se relaciona con los océanos. ¿Quién no recuerda el devastador tsunami del océano Índico que se cobró la vida de unas 230 000 personas el 26 de diciembre de 2004, provocado por un terremoto frente a la costa occidental de Indonesia?
Pero ¿puede haber tsunamis en Suiza? Lo que a primera vista parece imposible no lo es en absoluto. “Este peligro es real”, afirma Flavio Anselmetti, profesor de Geología en Berna, quien lleva más de diez años dedicándose a este tema, junto con varios investigadores de la Universidad de Berna y de la ETH de Zúrich.
El tsunami mejor documentado de la historia de Suiza se produjo el 18 de septiembre de 1601 en el lago de los Cuatro Cantones, y también fue provocado por un terremoto. “El sismo, cuya magnitud ha sido evaluada posteriormente por los científicos en 5,9, sacudió toda la Suiza central. Los árboles y los edificios se inclinaron, y se derrumbaron las laderas de las montañas.”
Estas líneas están extraídas de una entrada de blog en el sitio web del Museo Nacional Suizo. Su autor es Noah Businger, un historiador de 32 años. Businger cuenta que descubrió el fenómeno por casualidad, en el transcurso sus estudios. Siendo nativo de la Suiza central, decidió profundizar en el tema, por lo que fue completando sus conocimientos históricos con los hallazgos de las investigaciones más recientes.
Olas de hasta cinco metros
El entonces secretario municipal de Lucerna, Renward Cysat, dejó un registro detallado de lo ocurrido: en Buochs, olas de hasta cinco metros de altura se adentraron un kilómetro en la ribera. Al menos diez personas perdieron la vida y algunas embarcaciones fueron arrastradas muy lejos de la orilla. En Lucerna, el agua llegó a retirarse varias veces por completo del cauce del río Reuss, para luego regresar con gran fuerza. Esto es lo que llamaríamos hoy en día una “seiche”, un fenómeno en el que toda el agua oscila de un lado a otro del lago, como si se tratara de una gran bañera.
La gente no tenía ni idea de qué le había caído encima. “Debió de ser aterrador”, afirma Businger. La gente pensaba que era un castigo de Dios por sus pecados. Las autoridades intentaron apaciguar al Todopoderoso y prohibieron durante varios meses cualquier tipo de fiesta, así como el baile, el canto y los gritos.
¿Qué había sucedido exactamente? La investigación ha podido reconstruirlo, en particular gracias a los registros del secretario municipal. Así, el dato de que los objetos lanzados por el agua yacían en la orilla “a dos alabardas” por encima del nivel habitual del lago permitió extraer conclusiones sobre la altura de las olas. Sin embargo, la conversación con el geólogo Anselmetti deja claro que el tsunami no fue provocado directamente por el terremoto.
“Como una placa de nieve”
La cuenca lacustre frente a Buochs alcanza una profundidad de más de 200 metros. Durante siglos se habían ido acumulando grandes cantidades de lodo y rocas en sus laderas sumergidas. Las sacudidas del terremoto hicieron que una parte considerable de estos sedimentos se desprendiera y comenzara a deslizarse, “como si se tratara de una placa de nieve”, explica Anselmetti. Varias avalanchas de sedimentos se precipitaron hasta el fondo del lago, desplazando hacia arriba toda la masa de agua que tenían encima, tras haberla arrastrado hacia el espacio que habían ocupado anteriormente. El lago debió de estar en plena ebullición.
Cuando, en una superficie determinada del fondo de un cuerpo de agua, se eleva toda una columna de agua, se libera una inmensa energía. Se produce una ola de tsunami que, si bien se propaga de forma poco espectacular, no pierde nada de su potencia.
En cambio, si una roca cae en un lago, explica el geólogo, se producen otro tipo de olas. Al principio, pueden ser más altas que una ola de tsunami, pero se debilitan rápidamente. La liberación de energía es menor, ya que el fenómeno se produce principalmente en la superficie del lago y no levanta grandes masas de agua.
El mapa de peligros naturales del cantón de Nidwalden muestra las zonas de la ribera que se inundarían en caso de tsunami. Mapa Cantón NW
Varios factores de riesgo
¿Qué riesgo de tsunamis existe en los lagos de Suiza? Según Anselmetti, deben tomarse en cuenta dos factores: la presencia de laderas subacuáticas con una acumulación importante de lodo; y la de zonas ribereñas llanas. Cuanto más someras son las aguas cercanas a la orilla, más lejos puede avanzar una ola. En Buochs se dan ambas condiciones. Sin embargo, el geólogo nos tranquiliza diciendo que la mayoría de las laderas del lago de los Lucerna “se descargaron” durante el terremoto de 1601. Pasarán siglos antes de que vuelva a acumularse una cantidad crítica de sedimentos.
Una pendiente lacustre es especialmente susceptible a los deslizamientos si presenta una inclinación de entre 10 y 25 grados, continúa el geólogo. Si la inclinación es más pronunciada, los sedimentos apenas se adhieren a ella. Y si lo es menos, no pueden producirse grandes deslizamientos, explica Anselmetti. En los lagos de Ginebra, Thun y Zug, serían más bien los deslizamientos lacustres provocados por un terremoto los que podrían provocar un tsunami. En cambio, los lagos de Oeschinen, Walen, Lungern y Brienz, rodeados de altas montañas, son ejemplos de lagos en los que cabe esperar olas provocadas por desprendimientos rocosos, sigue el geólogo.
En Suiza, algunos cantones ya han comenzado a incluir el riesgo de tsunamis en sus mapas de peligros naturales. El cantón de Nidwalden, el más afectado por aquel tsunami histórico, fue el primero en haberlo hecho. Entre otros motivos, esto tiene que ver con los seguros. Si se volvieran a producir olas como las que provocó el tsunami de 1601, causarían graves daños también en la actualidad.
¡Aléjese de la orilla!
Hoy en día, los modernos sonares de barrido lateral permiten cartografiar el fondo de los lagos con una precisión de centímetros y detectar estructuras y patrones que hasta hace poco permanecían ocultos. En el lago de Constanza se han descubierto así artefactos que datan de la Edad de Piedra.
Flavio Anselmetti está en primera línea de este tipo de investigación. Hoy, los científicos pueden localizar con precisión las laderas lacustres cargadas de sedimentos. Los análisis ya están en marcha, explica Anselmetti, y sus resultados se incorporarán a los mapas de riesgos naturales.
Queda una pregunta por resolver: ¿cómo alertar a la población ante un posible tsunami? Dada la rareza de este tipo de fenómenos y la rapidez con la que se producen, resulta difícil utilizar sistemas sofisticados de boyas y sirenas, señala el geólogo. Sin embargo, ser consciente del peligro que supone un tsunami ya puede resultar decisivo. Y esto es válido en cualquier parte del mundo: si, cuando se produce un terremoto, uno se encuentra en un terreno llano junto a una masa de agua, es recomendable alejarse de la orilla, “porque podría producirse un tsunami”.
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