Lukas Bärfuss, nacido en 1971 en Thun, es uno de los escritores más destacados de Suiza. Librero de profesión y ganador de un premio literario, también es padre y zuriqués de adopción. Escribe novelas, obras de teatro y ensayos, y participa en el debate político. A menudo tiene una visión crítica de su país, poniendo de relieve las discrepancias entre la imagen que Suiza tiene de sí misma y la realidad, lo que a veces suscita controversia: algunos le reprochan su gusto por la polémica y las simplificaciones. Su último libro, ampliamente inspirado en su trayectoria personal, cuenta la historia de su madre y de su propia infancia en la marginación.
Este conmovedor relato comienza en Santo Domingo, donde su madre vivió sus últimos veinte años como suiza residente en el extranjero. Tras su muerte, Bärfuss encontró en su apartamento un extracto bancario: al final de su vida, solo le quedaban 60 francos. Se preguntó por qué nunca la había ayudado. Pero madre e hijo llevaban años sin hablarse. Bärfuss explica los motivos en el capítulo más extenso del libro, aquel en el que habla de su infancia en Thun. Allí vivió a solas con su madre, que tuvo que arreglárselas por su cuenta tras divorciarse del padre de Lukas, quien cumplía una condena por delitos contra el patrimonio.
En la calle a los quince años
De día, su madre trabajaba como empleada doméstica; por la noche, en un bar, se convertía en la “reina de la noche” ante la mirada de los hombres más influyentes de la ciudad. Su atractivo sexual era su único capital en aquel país rico, escribe el hijo. Cuando lo perdió, empezó a trabajar en una fábrica de municiones. Escaseaba el dinero y el apartamento era frío en invierno. La madre consideraba a su hijo un “accidente laboral” y lo tenía totalmente descuidado. “No era una madre”, escribe Bärfuss, “era una persona peligrosa”. Hasta que un día regresó a casa y se encontró con que estaba medio vacía. Su madre se había marchado sin decirle nada. Su hijo tenía quince años.
La madre consideraba a su hijo una carga, y apenas se ocupó de él.
Durante varios años vivió sin domicilio fijo, durmiendo en parques o en centros comerciales. Se escondía de las autoridades, que lo habrían tachado de “asocial”, dada su situación familiar y su ascendencia gitana. Sobrevivía con trabajos ocasionales y se refugiaba en los libros, que lo hacían soñar y crecer. Una beca para formarse como docente le ofreció la oportunidad de salir adelante; pero su madre se quedó con el dinero para emigrar a la República Dominicana: su pensión no le habría alcanzado para vivir en Suiza.
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