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  • Naturaleza y medioambiente

Los castores restauran los humedales destruidos por el hombre

02.10.2026 – Stéphane Herzog

Tras ser exterminados por su piel y su carne, los castores fueron reintroducidos en Suiza a finales de los años 1950. Sus presas crean embalses que captan el CO², absorben los contaminantes y promueven la biodiversidad. Hemos recorrido su hábitat, en las orillas del río Sense.

Seguimos los pasos de la bióloga Cécile Auberson, que nos lleva a una zona de castores en Zumholz (Friburgo), en la ribera del Sense. “Es uno de los pocos ríos suizos que se ha conservado en estado natural”, explica esta colaboradora científica del Servicio Nacional de Asesoramiento “Castor”, de la fundación info fauna. En esta región, el río cambia constantemente de curso en función de la corriente, formando lo que los especialistas llaman un río trenzado. Bordeamos un pequeño afluente del Sense, el Dütschbach, pasando por pasarelas de madera. En esta área boscosa, donde la temperatura se mantiene en niveles agradables en períodos de calor intenso, llegamos a la orilla de una gran laguna.

Los castores fueron exterminados por su piel. Su reaparición favorece la creación de humedales. Foto info fauna

Mejor que los ingenieros

Hemos llegado a un embalse típico de los castores, que crean sus territorios construyendo presas. “Se valen de sus pequeñas patas delanteras para colocar lodo al pie de las presas”, explica Cécile Auberson. No muy lejos de ahí vemos una madriguera habitada por una familia de castores. Saldrán tras la puesta del sol. ¿Por qué estos mamíferos crean zonas acuáticas? La respuesta es sencilla: los castores acceden a sus madrigueras pasando por debajo del agua, lo que los protege de sus depredadores, entre los que se encuentran el lince, presente en esta región, y, en otros lugares, el lobo o, incluso, el zorro. Estos mamíferos, que pueden permanecer bajo el agua hasta 15 minutos seguidos, necesitan un entorno acuático de al menos 60 cm de profundidad para sobrevivir. Construyen sus presas en lugares impredecibles, lo que a veces provoca inundaciones en carreteras y campos. El agua alivia parte del peso de los troncos, a veces enormes, que utilizan para construir sus viviendas.

Embalse creado por castores cerca del río Sense, en Zumholz (Friburgo). Foto Stéphane Herzog

“Los castores moldean los humedales mejor que los ingenieros”, señala Marie Bessat, responsable del programa “Naturaleza en el campo” de la Oficina Cantonal de Agricultura y Naturaleza de Ginebra. La manera en que se percibe a estos animales ha cambiado radicalmente tras su desaparición completa del territorio suizo a principios del siglo XIX y las primeras reintroducciones a finales de los años 1950. Antes se cazaba a los castores por sus pieles (para fabricar sombreros), su carne y el castóreo (una secreción aceitosa utilizada como medicamento). Además, los castores han sufrido las devastadoras consecuencias de la intervención generalizada del ser humano en el medio acuático. La mayoría de los ríos, deltas y pantanos del país fueron drenados o modificados para dar cabida a cultivos y viviendas. Antes de estas obras, los cursos de agua se estancaban, debido a las numerosas presas de madera flotante construidas por los castores. Así lo relata el periodista estadounidense Ben Goldfarb en un libro publicado en 2018, que celebra el resurgimiento de los castores: “Más que un curso de agua, el río Skagit, en el estado de Washington, parecía un gigantesco aserradero flotante. Lejos de ser perjudiciales, estas acumulaciones de madera crean un hábitat excepcional para los salmones”, apunta.

Aliados naturales

Despreciado, cazado y menospreciado en su día, el castor ha vuelto. Su población en Suiza y Liechtenstein creció de unos pocos ejemplares en el momento de las primeras reintroducciones a cerca de 4 900 individuos repartidos en 1 402 territorios, según la Oficina Federal del Medio Ambiente (OFMA). Su presencia contribuye a detener el colapso de la biodiversidad en Suiza, provocado por la desaparición de los humedales, ya que más del 80 % de todas las especies animales de Suiza se concentran en las llanuras aluviales, según la OFMA. En este contexto, el castor se presenta como un aliado natural, que tiene además la ventaja de ser particularmente económico, teniendo en cuenta que el Gobierno federal destina 40 millones de francos anuales a la financiación de proyectos de revitalización y renaturalización de los cursos de agua.

La bióloga Cécile Auberson. Foto Stéphane Herzog

En la ribera del Sense, Cécile Auberson señala los árboles que se encuentran en el agua. “Aquí tenemos, tanto a la sombra como al sol, más nichos ecológicos que en cualquier otro lugar”, señala. Además, los humedales creados por los castores actúan como sumideros de carbono y metano que fijan estas moléculas en el fondo. También filtran los nitratos que provienen, entre otros, de las explotaciones agrícolas. Estos embalses contribuyen a recargar las capas freáticas y son capaces de mitigar los efectos de las fuertes crecidas. Esto es exactamente lo que necesita un país urbanizado como Suiza, donde la sequía supone una amenaza en verano.

Tal y como ha demostrado un estudio de info fauna, las presas construidas por los castores hacen que la diversidad y la masa biológica se disparen. En término medio, su presencia se traduce en 2,6 veces más especies y 5,9 veces más individuos de esas mismas especies. “En los embalses que observo en la ribera izquierda de Ginebra han vuelto a aparecer los martines pescadores”, se alegra Marie Bessat.

El problema es que el castor construye sus embalses de forma impredecible. Así sucedió, por ejemplo, en una zona industrial de Ginebra, en la orilla izquierda del lago Lemán, donde las presas de los castores provocaron inundaciones. La respuesta de los servicios públicos del cantón consiste en vigilar los niveles de agua y, en caso de subida repentina, bajar el nivel de las presas para evitar una entrada excesiva de agua, explica Marie Bessat. Para Cécile Auberson, el castor pone de manifiesto situaciones en las que la urbanización se ha llevado a cabo sin tener en cuenta el entorno natural. “Cuando se inunda una carretera, a menudo se observa que no se han respetado las normas de construcción que establecen una distancia mínima entre los cursos de agua y la carretera”, señala. Con el fin de prevenir futuros desajustes, el Servicio Nacional de Asesoramiento “Castor” ha organizado un simposio dirigido a los ingenieros civiles, para crear conciencia sobre estas cuestiones.

Aunque el castor es difícil de avistar, en algunos casos la proximidad de su hábitat con los seres humanos reduce su nivel de vigilancia. Esto es lo que ocurre en Carouge (GE), cerca de la Isla de los Castores, un área protegida situada a orillas del Arve, donde se pueden observar, desde un puente, ejemplares de gran tamaño. Los castores se parecen a grandes marmotas con una cola ancha, que golpean sobre la superficie del agua para advertir de un peligro. En esta área protegida también se les puede ver nadando bajo el agua con asombrosa agilidad.

Castor – info fauna | Centre national des données et d’informations sur la faune de Suisse

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