En la ribera del Sense, Cécile Auberson señala los árboles que se encuentran en el agua. “Aquí tenemos, tanto a la sombra como al sol, más nichos ecológicos que en cualquier otro lugar”, señala. Además, los humedales creados por los castores actúan como sumideros de carbono y metano que fijan estas moléculas en el fondo. También filtran los nitratos que provienen, entre otros, de las explotaciones agrícolas. Estos embalses contribuyen a recargar las capas freáticas y son capaces de mitigar los efectos de las fuertes crecidas. Esto es exactamente lo que necesita un país urbanizado como Suiza, donde la sequía supone una amenaza en verano.
Tal y como ha demostrado un estudio de info fauna, las presas construidas por los castores hacen que la diversidad y la masa biológica se disparen. En término medio, su presencia se traduce en 2,6 veces más especies y 5,9 veces más individuos de esas mismas especies. “En los embalses que observo en la ribera izquierda de Ginebra han vuelto a aparecer los martines pescadores”, se alegra Marie Bessat.
El problema es que el castor construye sus embalses de forma impredecible. Así sucedió, por ejemplo, en una zona industrial de Ginebra, en la orilla izquierda del lago Lemán, donde las presas de los castores provocaron inundaciones. La respuesta de los servicios públicos del cantón consiste en vigilar los niveles de agua y, en caso de subida repentina, bajar el nivel de las presas para evitar una entrada excesiva de agua, explica Marie Bessat. Para Cécile Auberson, el castor pone de manifiesto situaciones en las que la urbanización se ha llevado a cabo sin tener en cuenta el entorno natural. “Cuando se inunda una carretera, a menudo se observa que no se han respetado las normas de construcción que establecen una distancia mínima entre los cursos de agua y la carretera”, señala. Con el fin de prevenir futuros desajustes, el Servicio Nacional de Asesoramiento “Castor” ha organizado un simposio dirigido a los ingenieros civiles, para crear conciencia sobre estas cuestiones.
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