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  • Sociedad

El Estado Islámico recluta también en Suiza

23.05.2016 – Stéphane Herzog

Las autoridades suizas han detectado unas setenta salidas con destino a la Yihad, una cifra proporcionalmente menor que en el resto de Europa. El entramado social helvético permite prevenir este fenómeno, opina Miryam Eser Davolio.

Desde 2001 el Servicio de Inteligencia suizo ha identificado a 73 “viajeros a la Yihad”, 58 de los cuales han llegado a Siria e Irak, la tierra del Estado Islámico. ¿Quiénes son estos suizos o residentes en Suiza? ¿Qué hacer para evitar tal ruptura con su país de origen? ¿Cómo tratar a los que regresan? A continuación, una entrevista con Miryam Eser Davolio, doctora en Ciencias de la Educación y catedrática del Departamento de Trabajo Social de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Zúrich, quien dirigió en 2015 un estudio multidisciplinario sobre los procesos de radicalización yihadista en Suiza.

Panorama Suizo: ¿Quiénes son estos suizos que se marchan a jugarse la vida por el Estado Islámico?

Miryam Eser Davolio: Los perfiles son tan heterogéneos que es imposible generalizar.

¿Se trata de gente muy joven?

Contrariamente a lo que sucede en cualquier otra parte de Europa, de aquí se marcha gente de 25 a 35 años. Hay menos jóvenes y menos mujeres que en otros sitios, con excepción de una chica de 15 años que se fue a Siria con su hermano de 16 años.

La mayoría de los que se van son musulmanes. Es un punto en común, ¿no?

Sí, es verdad: las cuatro quintas partes de los que se marchan son musulmanes, el resto son conversos. Esta cifra está sobrerrepresentada respecto a la realidad, porque en Suiza hay pocas conversiones. También se ve que los candidatos a marcharse a menudo se han criado en familias secularizadas. Los jóvenes radicalizados a veces acusan a sus padres de ser malos creyentes, y éstos se sienten desamparados ante tal argumento.

¿Cuáles son las motivaciones de los yihadistas suizos?

Son muy diversas, pero a menudo el compromiso es más ideológico o político que religioso. Esta última motivación está sobrevalorada. Los candidatos tienen una visión dicotómica del mundo: por un lado está el mundo musulmán y por el otro el occidental, cuyos valores, considerados decadentes, deben combatirse. Los yihadistas se describen como víctimas de un sistema en el que fuerzas ocultas –EE.UU., los judíos, los europeos, etc.– apuntan a la destrucción de todos los musulmanes.

¿Funciona el Estado Islámico como una utopía?

Sí, en el sentido de que representa a un Estado que sería más justo, más coherente. La lucha contra Bashar al-Ásad también está idealizada.

Para ciertos analistas, los atentados del 13 de noviembre de 2015 en París, en los que jóvenes europeos dispararon contra otros jóvenes, marcan un retroceso del apoyo al EI. ¿Qué opina usted al respecto? ¿Ha tenido todo esto un impacto en Suiza?

Estoy bastante de acuerdo. Cuando se perpetraron los atentados de enero de 2015 contra Charlie Hebdo, aún había gente que los legitimaba. En cambio, los recientes atentados terroristas han reforzado la cooperación entre los musulmanes y las autoridades. En Suiza los musulmanes, incluidos muchos jóvenes, ahora se muestran más dispuestos a denunciar hechos sospechosos. Prestan más atención a las señales de radicalización. Hace poco me llamaron algunas personas para decirme que su jefe enviaba dinero al EI a través de fundaciones. Nosotros los pusimos en contacto con la policía.

Suiza, tierra de reclutamiento de terroristas: es un shock, ¿no?

Sí, y aunque este fenómeno es proporcionalmente menos acentuado que en otras partes, sea cual sea la cifra siempre es demasiado alta. No obstante, creo que es más difícil reclutar yihadistas en Suiza. Las minorías se encuentran mejor integradas aquí que en otros países europeos. La sociedad civil dispone de vínculos que permiten la cooperación entre sus distintos órganos. En los cantones suele haber intercambios con la mayoría de las mezquitas, entre otras cosas para asegurar su propia seguridad. En las escuelas se trabaja con los jóvenes en torno a la tolerancia, el respeto, etc. La prevención de la violencia se basa en una cooperación entre ciertos trabajadores sociales y la policía. Esto es muy importante. A mí me sorprendió muchísimo que Abdeslam Salah, que había participado en los atentados parisinos de noviembre de 2015, pudiera seguir viviendo durante tres meses en su barrio de Molenbeek, en Bruselas. Hubo gente que lo reconoció, pero nadie intervino. Creo que algo así sería imposible en Suiza.

¿Qué hacer con las personas que regresan a Suiza después de pasar un tiempo con el EI?

En tales casos se pone automáticamente en marcha un proceso jurídico; pero pienso que también hay que trabajar sobre las actitudes y las convicciones de la gente y atender a sus traumatismos. Los que regresan quizás se hayan distanciado de su misión en Siria o en Irak, pero de forma ambivalente. Hemos ido a visitar cárceles, que se encargan de la gestión de riesgos y proponen terapias. Todo eso está bien, la pregunta a plantearse es si hay que elaborar programas específicos. Este es un punto que está actualmente en debate.

¿A qué medios se puede recurrir para evitar o impedir que la gente se marche al EI?

A menudo Internet juega un cierto papel en la decisión de marcharse. A eso hay que añadir los contactos con “tutores” religiosos, a quienes no necesariamente han conocido en las mezquitas, sino en bares, centros deportivos o gimnasios, donde los jóvenes suelen pasar el tiempo libre. La lucha en Internet es compleja, ya que es imposible controlar todas las fuentes de la propaganda. Se podrían elaborar contradiscursos, como lo hizo el gobierno francés a través de un clip contra la Yihad. Por un lado hay que concentrarse en la lengua como vector de comunicación. Por otro hay que convocar a otras instituciones, no gubernamentales, consideradas más “creíbles”, tal como lo hicieron 120 religiosos musulmanes que se erigieron contra la Yihad.

¿Qué se puede/debe decir a una persona en fase de radicalización?

Una posibilidad es abordar con ella temas relacionados con los valores, la política, los conflictos. Una primera señal sería comprobar si esa persona clasifica el mundo de manera simplista, por ejemplo dividiéndolo en creyentes y no creyentes. Si el individuo piensa que la violencia es legítima cuando va dirigida en contra de estos enemigos, entonces estamos ante un caso de radicalización que necesitará mucho trabajo. Hay que involucrar en el proceso a expertos, padres, un hermano, un tío. Se trata de enseñar al candidato a la Yihad que es aceptado por los demás, aunque los demás no estén de acuerdo con él. ¿Cómo romper el adoctrinamiento? La meta es hacer reflexionar a esa persona. Si un individuo opina que todas las guerras tienen como enemigo a los musulmanes, se le puede demostrar que no es así, citando por ejemplo la intervención de la OTAN en Kosovo.

Stéphane Herzog es Redactor de «panorama suizo»

“Suiza ya no queda fuera de los planes del EI”

Para Frédéric Esposito, Director del Observatorio Universitario de Seguridad en Ginebra, la creciente fascinación por el Estado Islámico también concierne a Suiza, que si bien nunca ha sido blanco de actos terroristas, ya no goza de un estatus de excepción. “Daech ya no hace distinción entre Suiza y Francia, ya que Suiza ha propuesto sus buenos oficios para solucionar la crisis siria”, opina este ginebrino. Por lo tanto no hay que descartar que se produzca un atentado en nuestro país; la pregunta es qué riesgo hay de que esto ocurra. “Sólo Ginebra por ejemplo dispone de una escala de peligro de cara al terrorismo, que incluye cuatro niveles. Pero haría falta un sistema nacional, para lo cual los cantones necesitarían tomar decisiones conjuntas.”

«Arrière-plan de la radicalisation jihadiste en Suisse» (“Trasfondo de la radicalización yihadista en Suiza”). Universidad de Ciencias Aplicadas de Zúrich, septiembre de 2015.

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