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  • Editorial

Suiza y Europa

25.11.2020 – Marc Lettau

La democracia directa es parte de la idiosincrasia suiza: todos los ciudadanos y ciudadanas son invitados periódicamente a acudir a las urnas para decidir acerca de la política del país. Sin embargo, esta arraigada cultura de participación ciudadana estuvo bloqueada, congelada durante meses, debido a la pandemia.

Hasta que resurgió en otoño: el 27 de septiembre fue un gran domingo político, un día en que se celebraron varios referendos importantes, con una enorme participación ciudadana. Ese día, los suizos rechazaron rotundamente la iniciativa de la UDC para limitar la inmigración, con lo que aclararon su postura frente a la Unión Europea (UE): los suizos desean continuar por la vía cooperativa y bilateral con la UE.

Un “Sí” a esa iniciativa habría conducido inevitablemente a la suspensión de las estrechas relaciones que hoy por hoy mantienen Suiza y la UE. Aunque Suiza no puede abandonar esta comunidad por no ser miembro de ella, la rescisión de los acuerdos bilaterales habría sido, para este país rodeado por la UE, un paso de dramáticas consecuencias.

Por más clara que sea la decisión del pueblo, no por ello se trata de una declaración de amor incondicional a Bruselas. La relación de Suiza con la UE está llena de sentimientos encontrados. Por un lado, es evidente que esa estrecha vecindad conlleva vínculos económicos, culturales, e incluso personales. Sin embargo, la mayoría de los suizos no se entusiasman por la UE como institución, sino por una Europa sin fronteras y abierta al vasto mundo, gracias a la libre circulación de personas: es decir, por la libertad de movimiento que ahora nos parece aún más valiosa, desde que el confinamiento nos ha venido a mostrar cuán pequeña y estrecha es nuestra nación cuando sus fronteras se encuentran cerradas. En ese referendo prevaleció el pragmatismo del pueblo suizo: la “apertura europea” y la permeabilidad suponen necesariamente la regulación de nuestras relaciones con la UE.

De forma aún más contundente se manifestaron, en ese gran domingo electoral, los votantes de la “Quinta Suiza” –la mayoría de los cuales viven en la UE– a favor de la vía bilateral. ¿Significa esto que por lo pronto está archivado el caso de las relaciones entre Suiza y la UE? De ninguna manera. Porque hasta un concubinato requiere constantes ajustes, y más que nunca continuará el tira y afloja de la diplomacia en torno a los acuerdos contractuales concretos entre Suiza y la UE: una situación llena de suspenso, como lo veremos en el dosier “Tema clave” de la presente edición de Panorama Suizo.

Marc Lettau, Redactor Jefe
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