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  • Sociedad

Suiza descubre su “colonialismo sin colonias”

16.09.2020 – Jürg Steiner

Las protestas del movimiento “Black Lives Matter” contra el racismo, surgidas inicialmente en EE.UU., sacuden a Suiza con una intensidad sorprendente. ¿Por qué?

Todo empezó con un vídeo que documentaba la violencia extrema de un policía blanco que, a fines de mayo, provocó la muerte del afroamericano George Floyd en la ciudad de Minneapolis. Este vídeo se compartió en las redes sociales del mundo entero hasta que, a mediados de junio, miles de personas, sobre todo jóvenes, se dieron cita en la calle para protestar contra el racismo. Esto también ocurrió en las ciudades suizas. Las protestas bajo el lema “Black Lives Matter”, en su mayoría pacíficas, fueron toleradas por las autoridades, a pesar de las restricciones vigentes en los espacios públicos durante la epidemia del coronavirus.

Sin embargo, lo más inusual no fue la oleada de protestas que sacudió a Suiza a raíz de un evento internacional. Lo que resultó verdaderamente inaudito fue la manera como el racismo cotidiano contra personas de color se convirtió en un tema de candente actualidad, a pesar de que Suiza nunca tuvo colonias, ni es un país que se caracterice por un comportamiento abiertamente discriminatorio de su fuerza pública contra personas de tez no blanca.

“Suiza no es un islote exento de estos problemas”

“La impresión que tengo, es que la generación joven está cobrando cada vez mayor conciencia de que Suiza no es un islote exento de todos estos problemas”, declara el historiador Bernhard C. Schär. “Esto es algo sorprendente”, añade, “porque se trata de conocimientos que prácticamente no se transmiten todavía en la escuela”. Schär es investigador en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich (ETH) y forma parte de un grupo de historiadores que abogan por una reinterpretacíón crítica de la historia de la Suiza globalizada.

Esta visión de Suiza, a menudo reprimida, encuentra cada vez mayor eco, debido a que, entre otros motivos, el 40 por ciento de los habitantes de Suiza son de origen inmigrante y a que el 70 por ciento de los empleados de empresas suizas trabajan en el extranjero. “La historia de Suiza, afirma Schär, no se desarrolla, y nunca se desarrolló, únicamente en Suiza y en Europa”. Por eso, cada vez menos personas se identifican con una historia que se concentraría dentro de las fronteras físicas de Suiza. Esta apertura mental ante el pasado suizo nos conduce automáticamente a descubrir huellas de colonialismo y de racismo.

Esto lo perciben los suizos también en su día a día. Según un informe del Departamento Nacional de Combate al Racismo, el 59 por ciento de la población considera el racismo un problema importante, y el 36 por ciento de las personas de origen inmigrante que viven en Suiza han sufrido discriminación durante los años del estudio (2013–2018), sobre todo en su entorno laboral o en su búsqueda de trabajo.

Además, para los jóvenes suizos de hoy no sólo es normal tener colegas de otro color de piel, sino que la “generación Youtube” está familiarizada con el tema del racismo gracias a las redes sociales. Los vídeos de humoristas negros de la televisión americana, como Trevor Noah, nacido en Sudáfrica de un padre suizo emigrado, se ven también en Suiza. En tales condiciones, el ataque racista en EE.UU. se convierte fácilmente en un motivo para cuestionar la situación en Suiza, sobre todo porque también aquí existen casos de violencia policial. Así, en 2018 un hombre de color murió en Lausana de un paro respiratorio, después de haber sido inmovilizado contra el suelo por la policía.

Monumentos controvertidos

Suiza está repleta de recuerdos históricos susceptibles de enardecer el furor antirracista: por ejemplo, monumentos en honor a pioneros de la economía y científicos suizos cuya participación en la explotación colonial se ha pretendido ignorar durante mucho tiempo. Tal es el caso de David de Pury, comerciante de la Suiza occidental que amasó su fortuna en la corte portuguesa del siglo XVIII gracias, en particular, al tráfico de esclavos, para donarla posteriormente a la ciudad de Neuchâtel, que erigió una estatua de bronce en su honor. Después de las protestas de “Black Lives Matter”, los manifestantes rociaron su estatua con pintura roja y presentaron una petición para exigir su retiro.

Asimismo, se ha vuelto a avivar después de un largo periodo de latencia la polémica en torno a Louis Agassiz, brillante investigador de glaciares que, en el siglo XIX, desarrollara una teoría racista con la que se legitimó en EE.UU. la discriminación en contra de la población de color. Una cumbre situada en los límites entre el cantón de Berna y el del Valais lleva su nombre. Un nombre que, desde hace quince años, un comité encabezado por el historiador Hans Fässler se esfuerza por cambiar... sin éxito hasta la fecha debido a la feroz oposición de los tres municipios limítrofes.

Tampoco está por encima de toda sospecha el gran impulsor de la economía suiza Alfred Escher, ya que su muy ramificada familia poseía plantaciones en Cuba, en las que trabajaban esclavos. Y el propio Henri Dunant, antes de fundar el Comité Internacional de la Cruz Roja, había sido empresario colonial: creó en Setif (Argelia) una sociedad financiera para un productor de grano ginebrino, según se documenta en el libro “Postkoloniale Schweiz” [“Suiza postcolonial”], publicado por historiadores suizos.

Ese mismo libro nos revela que quienes se beneficiaron del “colonialismo sin colonias” no sólo fueron acaudalados empresarios, sino también miembros de las clases media y baja: mercenarios, por ejemplo, que lucharon en las colonias francesas como integrantes de la Legión Extranjera. Visto así, el legado de la aportación suiza al colonialismo, negado durante mucho tiempo, es un tema que va mucho más allá del debate sobre el derribo de monumentos.

El papel de las personas de color

A raíz de las protestas ha surgido recientemente otro cuestionamiento: ¿en qué medida el racismo estructural del Estado impacta en la vida de las personas de color en la Suiza actual? La mayor parte de quienes se expresan públicamente sostienen que los controles y las sospechas por parte de la policía y las autoridades, basados en el color de la piel y el cabello, son parte de su vida cotidiana. Un informe de las Naciones Unidas critica a Suiza por no luchar con suficiente denuedo en contra de tales prácticas fundamentadas en el perfil racial.

El artista de performance Mbene Mwambene, originario de Malawi y residente en Berna, dice que el racismo con el que se topa en Suiza, a diferencia del que existe en EE.UU., es un racismo más bien “oculto” y se caracteriza por estereotipos contradictorios. En su opinión, todo el mundo da por hecho que, tan sólo por ser africano, sabe bailar bien; pero por otro lado, constantemente lo detienen y lo registran por si lleva encima drogas.

Las autoridades policiales suizas refutan la acusación del uso de perfiles raciales. Antes de entrar al servicio activo, los policías suizos deben cursar una formación básica de dos años, durante la cual tratan también temas éticos y de derechos humanos. El trato discriminatorio basado en el perfil racial es un tema constante en la formación policial, confirma el Director de la Policía de San Galo, Fredy Fässler, del PSS.

Quienes han contribuido de manera decisiva a avivar el debate sobre el racismo en Suiza son los intelectuales de color radicados en el país. Ellos han conformado redes, de las cuales han surgido personalidades que logran incorporar al debate público la realidad del racismo que sufren a diario. Una de estas personalidades es la afro-suiza Serena Dankwa, Doctora en antropología, entrevistada a menudo en los medios de comunicación. Un elemento clave de su argumentación goza de cada vez mayor aceptación: la necesidad de reconocer por fin la relación que existe entre la antigua imagen racista y colonialista que se tiene de África –una imagen que prevalece también en Suiza– y la discriminación sistemática que sufren hoy en día todas las personas de color.

Jürg Steiner es periodista y redactor del periódico «Berner Zeitung»

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