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Midiendo el tiempo: una especialidad suiza al servicio del deporte

06.02.2026 – Apolline Six, DFAE

“Dominar el tiempo” es un arte muy suizo que contribuye al prestigio internacional de nuestro país. Desde mediados del siglo XVI, la industria relojera suiza fabrica instrumentos de medición que otorgan un valor especial a cada instante. Este saber hacer, transmitido con paciencia y perfeccionado continuamente, es un símbolo de la fiabilidad y el rigor que caracterizan a Suiza.

Birger Ruud felicita a Petter Hugted por su medalla de oro en salto de esquí, en los segundos Juegos Olímpicos de Invierno celebrados en St. Moritz en 1948. Foto Archivos Nacionales de Noruega

Fundada en 1973, la entidad sin ánimo de lucro Contrôle Officiel Suisse des Chronomètres (COSC) juega un papel clave en garantizar la precisión relojera suiza. Esta institución independiente y reconocida a nivel internacional somete los relojes mecánicos a toda una serie de controles. Solo los relojes cuya precisión cumple con los requisitos de la norma ISO 3159 obtienen la certificación de cronómetro.

Este anhelo de precisión se manifiesta con especial claridad en el ámbito deportivo, donde la profesionalización y la competición imponen exigencias cada vez más estrictas. En este campo, medir el tiempo es un factor decisivo, porque encarna la esencia misma del rendimiento, ese hilo invisible que diferencia el esfuerzo del récord.

La relojería suiza, al igual que la diplomacia helvética, lleva varias décadas desempeñando un papel clave en este ámbito, especialmente en lo que se refiere al cronometraje de los Juegos Olímpicos, un sector en constante evolución tecnológica.

Escena icónica de los Juegos Olímpicos de Invierno de St. Moritz, en 1928. Foto Archivos Nacionales de Noruega

Los Juegos Olímpicos de Invierno de St. Moritz

Los Juegos Olímpicos de Invierno de 1928 en St. Moritz fueron la culminación de años de esfuerzos por promover el turismo alpino y reforzar la imagen de Suiza en la escena internacional. Para el Gobierno suizo, este evento suponía un importante reto diplomático, porque le daba la oportunidad de reunir a una gran diversidad de actores y posicionar al país como un socio atractivo y fiable.

La segunda edición de los Juegos Olímpicos en Suiza, que se celebró en 1948, brindó a nuestro país la oportunidad de exhibir su competencia relojera gracias al uso, por primera vez, de un cronógrafo totalmente automático, de marca Omega, que permitía medir con exactitud el momento en que se cruzaba la línea de meta. Estos juegos también reforzaron la visibilidad internacional de Suiza, confirmando su papel de anfitrión neutral en un mundo aún marcado por las secuelas de la Segunda Guerra Mundial.

El cronometraje deportivo bajo la presión de la competencia

En los años sesenta, en un contexto de crecientes rivalidades, el predominio de las empresas suizas en el cronometraje de las grandes competiciones deportivas se vio sacudido por la designación de la empresa japonesa Seiko para cronometrar los Juegos Olímpicos de Tokio en 1964.

Las empresas relojeras suizas recurrieron entonces a la vía diplomática para defender su experiencia en el cronometraje deportivo: se solicitó a las representaciones suizas en el extranjero que promovieran el know how suizo entre los países organizadores de las grandes competiciones internacionales, como los Juegos Olímpicos de México en 1968. A la competencia japonesa, que estaba ganando cada vez más terreno, sobre todo gracias al cronometraje de los Juegos Olímpicos de Invierno de Sapporo en 1972, se añadió un segundo desafío: la creciente rivalidad entre las propias compañías suizas. Omega y Longines se disputaban el estratégico terreno del cronometraje deportivo, lo que era motivo de gran preocupación para la Federación de la Industria Relojera Suiza (FH, por sus siglas en francés). Las marcas relojeras encargadas del cronometraje, que en un principio cobraban por sus servicios, pronto se dieron cuenta del importante potencial publicitario que conllevaría la retransmisión en color de las grandes competiciones a partir de los años setenta. Dado que los Juegos Olímpicos eran el evento más mediático a nivel mundial, llegaron a ofrecer este servicio de forma gratuita en algunas ocasiones. Tras años de tensiones, las casas relojeras tomaron conciencia de lo que estaba en juego y decidieron unirse para fundar el consorcio Swiss Timing en 1972, que se integró en el Swatch Group en 1983. Esta alianza estratégica entre Omega y Longines, fruto de la voluntad común de reforzar la posición de nuestro país, fue posible gracias a los esfuerzos conjuntos de las instituciones deportivas, la industria relojera y el ámbito diplomático.

Con pocas excepciones, el cronometraje suizo dominó la historia de los Juegos desde la primera mitad del siglo XX, imponiéndose como una referencia mundial en materia de precisión. Esta tradición de excelencia continúa hasta la fecha: hoy, Omega se posiciona como cronometrador oficial de los Juegos Olímpicos, en colaboración con el Comité Olímpico Internacional (COI) hasta 2032. Detrás de esta imagen emblemática, Swiss Timing tiene a su cargo las tecnologías de medición. Estos profesionales del cronometraje serán los guardianes del tiempo “al millonésimo de segundo”, de los próximos Juegos Olímpicos de Invierno.

Montaña, nieve y velocidad son factores decisivos en las carreras de esquí alpino. Pero solo el cronometraje determina quién gana y quién pierde. Foto Keystone

Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Invierno de 2026 en Italia

Los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Invierno tendrán lugar del 6 al 22 de febrero y del 5 al 15 de marzo de 2026, respectivamente, y se desarrollarán principalmente en Milán y Cortina d’Ampezzo. Con esta edición, Omega cumplirá noventa años como cronometrador oficial de los Juegos Olímpicos de Invierno.

Para la ocasión, se espera una importante delegación suiza: según las estimaciones, unos 190 atletas del Equipo Olímpico Suizo representarán al país alpino en Italia.

En consonancia con el largo compromiso histórico de Suiza con los grandes eventos deportivos, la House of Switzerland Italia 2026 se inscribirá plenamente en esta tradición. Diseñada por Presencia Suiza para ser inaugurada en Cortina d’Ampezzo y Milán, la House of Switzerland rendirá homenaje al saber hacer helvético y ofrecerá, al mismo tiempo, un lugar de encuentro para los atletas, los socios, los medios de comunicación y el público.

“Flora Alpina”, la temática elegida para la House of Switzerland, pondrá de relieve el papel que juegan las flores en el deporte, la medicina y la cultura. La robustez de las plantas de montaña evocará la determinación de los atletas, mientras que su uso secular como medicina las convierte en un poderoso símbolo de fuerza. El diseño gráfico se sustentará en los códigos de los artesanos suizos, particularmente en el motivo tradicional del punto de cruz de los Grisones. La escenografía ofrecerá una experiencia inmersiva, en la que la creación, la emoción y la belleza dialogarán con el entorno. Según Daniel Zamarbide, arquitecto y escenógrafo de la House of Switzerland Italia en Milán, las flores transmiten un mensaje que va mucho más allá de su simple belleza: evocan la generosidad y la alegría, además de amenizar las celebraciones. En los Juegos Olímpicos y Paralímpicos, las flores suelen asociarse con las medallas que se entregan a los atletas. En el Centro Svizzero de Milán, se creará un jardín alpino efímero, que se abrirá al público para celebrar los éxitos de los atletas suizos e internacionales.

En estos tiempos en que el deporte traspasa los límites y cada victoria narra una historia, la excelencia y la precisión suizas siguen brindando al mundo un saber hacer que transforma las emociones en momentos inolvidables.


www.houseofswitzerland.it

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