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  • Editorial

El populismo de derecha va viento en popa

13.01.2017

¿Cuál es la palabra más desatinada del año pasado? ¿“Establishment”? ¿“´Élite”? Ambas voces se han empleado últimamente con inusual frecuencia para referirse a supuestos descarríos políticos y a la gran desconfianza de la gente de a pie. Los populistas de derechas usan estas palabras clave en su afán por desenmascarar a los culpables de su rencor, en nombre de los olvidados y los desfavorecidos.

En todo el mundo occidental –por ejemplo, en Francia, Alemania, Hungría, Finlandia, Austria– los populistas de derechas se han vuelto cada vez más virulentos en el transcurso del año pasado. Y se han visto confirmados en su postura por las elecciones y las encuestas. Mientras que los más moderados se frotan los ojos incrédulos, no han dejado de ganar terreno quienes no sólo están en contra de los refugiados y los extranjeros, sino también en contra del “establishment” y la “élite”.

Suiza no ha sido la excepción al respecto. Cuando en noviembre pasado el ascenso de los populistas alcanzó un clímax inesperado con la elección de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, sus seguidores en Suiza celebraron su triunfo como si se tratara de una victoria propia: casi no pudieron ocultar su alegría ante el triunfo del multimillonario neoyorquino que arremete tanto contra las mujeres como contra los mexicanos y los homosexuales, y calificaron los resultados de las elecciones como una “bofetada del pueblo” contra el “establishment”.

Asimismo, intentaron aprovechar el empuje populista del otro lado del océano para traspasar a Suiza este mismo sentir, lo que resulta totalmente aberrante: mientras que en los Estados Unidos la clase media baja empobrecida vive en condiciones muy precarias y ha empezado a considerar a la élite urbana como su enemigo, es difícil creer que exista en nuestro país esa ira del pueblo que invocan los derechistas. Es verdad que en Suiza también existe gente desfavorecida y que con justa razón se siente insatisfecha. Pero en comparación con los Estados Unidos las disparidades sociales en nuestro país son pequeñas. La tasa de desempleo es baja (3 %) y de acuerdo con estudios representativos, es elevado el nivel de satisfacción y la confianza de los ciudadanos en sus instituciones, como el poder judicial.

¿Dónde está entonces esa “ira ardiente” del pueblo suizo? ¿En qué debería basarse? ¿Quién es ese “pueblo” en cuyo nombre dicen hablar los populistas de derechas? ¿Quién personifica en Suiza ese “establishment” del que tanto cabría desconfiar?

El hecho es que a Suiza le va muy bien en comparación con los países vecinos. Por eso, el populismo de derechas debería encontrar un terreno menos fértil en nuestro país que en Francia o Alemania, donde polemistas como Marine Le Pen y Frauke Petry aspiran al poder.

Marko Lehtinen, Redactor jefe

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