Una nueva investigación de la ETH de Zúrich revela dónde los bancos suizos escondieron su oro durante la Segunda Guerra Mundial, y cómo esto contribuyó a forjar la reputación de Suiza como una plaza financiera segura. Hasta James Bond tuvo algo que ver en ello.
Los Alpes como lugar seguro: después de la guerra, los bancos utilizaron esta imagen como argumento de marketing, afirma el historiador de la arquitectura Ludo Groen. Foto cedida a la revista/ETH, Michel Büchel
La historia puede contarse de una forma muy viva y amena, como lo demuestra el libro de Ludo Groen, Mountains of Gold [“Montañas de oro”], fruto de cinco años de investigación en la ETH de Zúrich. Con lujo de detalles, el autor describe los transportes nocturnos de oro desde el búnker del Banco Nacional Suizo (BNS), situado bajo la Plaza Federal de Berna, hasta el fuerte de Bühl del Ejército suizo, cerca de Andermatt, en el cantón de Uri. El convoy, de hasta veinte vagones, era custodiado por empleados armados del BNS.
Los lingotes se transportaban primero en camiones hasta Ostermundigen, cerca de Berna; allí se transbordaban a trenes de mercancías que, vía Lucerna, continuaban hasta Göschenen. Desde esta localidad, la valiosa carga se transportaba de nuevo en camiones hacia las alturas de Andermatt, pasando por el desfiladero de Schöllenen. Para reconstruir los hechos con la mayor precisión posible, Groen no dudó en consultar los registros meteorológicos de la Oficina Federal de Meteorología. Esto le permitió descubrir la magnitud del reto que suponían estos traslados. Durante el primero, realizado en abril de 1938, los transportistas fueron sorprendidos por una violenta tormenta de nieve, con temperaturas de hasta once grados bajo cero. Las condiciones eran tan adversas que no pudieron abandonar la fortaleza por la ruta habitual.
Berna, un sitio juzgado poco seguro
Durante la Segunda Guerra Mundial, Suiza fue un importante centro de operaciones para el comercio de oro. Entre 1939 y 1945, el BNS compró oro a la Alemania nazi por más de 1 200 millones de francos (valor de la época); entre ese oro se encontraba parte del que había sido sustraído a las víctimas de los campos de concentración. Además, Suiza comerciaba con oro de los Aliados. Ludo Groen arroja nueva luz sobre la historia del oro en Suiza: “Como arquitecto, quería abordar el tema de una forma diferente a como se había hecho hasta ahora”, explica Ludo Groen; es decir, no solo a través de cifras, sino también reviviendo espacios, edificios y paisajes. A lo largo de las páginas de su obra vamos descubriendo cómo, en los años 1930 y 1940, surgió toda una infraestructura bancaria en los Alpes, lejos de los centros urbanos de la Meseta Central.
Postal en la que se ve el antiguo fuerte de Bühl, enclavado en el macizo del San Gotardo. Fue allí donde el Banco Nacional Suizo (BNS) comenzó a almacenar oro desde 1938. Foto cedida a la revista/Biblioteca Am Guisanplatz, Berna.
El motivo inicial de este traslado fue la preocupación del comandante encargado de la defensa de Berna de que, en caso de un ataque aéreo, la capital federal pudiera quedar destruida y, con ella, también las reservas de oro de Suiza, que en gran parte estaban almacenadas en Berna. Por ello, el Ejército y el Banco Nacional estudiaron distintas posibilidades para poner ese oro a salvo en escondites alpinos, siguiendo el ejemplo de Fort Knox, en Estados Unidos, que se había inaugurado en 1936 y que albergaba grandes cantidades de oro en instalaciones militares de alta seguridad.
Uno de los primeros depósitos de oro se construyó en pleno centro del Reducto Nacional, ese sofisticado sistema de fortificaciones en los Alpes con el que el Ejército suizo pretendía disuadir a sus posibles agresores; para ser más exacto, se construyó en el fuerte de Bühl, situado justo encima del túnel del San Gotardo. Según Ludo Groen, esta ubicación no solo respondía a necesidades logísticas, sino que poseía también un importante valor simbólico: “El Gotardo es un lugar cargado de un profundo significado en la historia de Suiza”. El oro pasó así a formar parte de la defensa nacional.
Al poco tiempo de haber estallado la guerra, el general Henri Guisan consideró insuficiente que el BNS dispusiera de un solo depósito en los Alpes. El Estado Mayor del Ejército propuso entonces utilizar uno de los depósitos de municiones de Interlaken, en el Oberland bernés, que podía habilitarse rápidamente para almacenar oro. El proyecto no tardó en concretarse. Una vez más, Ludo Groen describe minuciosamente los traslados, dándonos a conocer, por ejemplo, los desgloses de gastos, que contenían detalles tan precisos como los costes de las comidas, propinas incluidas.
El BNS también barajó la posibilidad de esconder su oro en unas cuevas del Eiger, cerca de la estación ferroviaria de Eismeer, a 3 160 metros de altitud; pero desistió del proyecto por motivos económicos. Foto cedida a la revista/Biblioteca de la ETH de Zúrich.
Groen contrastó estos comprobantes con otras fuentes, entre ellas el informe de la Comisión Bergier, que investigó el papel de Suiza durante la Segunda Guerra Mundial, así como diversos estudios de historia económica. Esto le permitió demostrar que los traslados coincidían temporalmente con entregas de oro documentadas, procedentes del extranjero. De este modo, emerge un patrón: el oro llegaba a Suiza y, al poco tiempo, era trasladado a los Alpes.
El giro estratégico de Suiza
A lo largo de la guerra, la función de los depósitos de oro fue cambiando. En 1940, Suiza dio un giro estratégico, explica Groen: pasó de una política centrada en la defensa militar a otra basada en la cooperación económica, especialmente con la Alemania nazi, mediante el comercio del oro saqueado. Interlaken y el Gotardo dejaron entonces de ser simples depósitos donde se guardaba el oro a salvo de los bombardeos, afirma el historiador: se convirtieron en eficaces centros logísticos.
Asimismo, algunos bancos comerciales, como la Sociedad Suiza de Créditos (SKA) y la Unión de Bancos Suizos, planearon trasladar sus billetes, valores y reservas de oro a los Alpes. Los hoteles de lujo vacíos en Interlaken o Gstaad debían servir como sedes alternativas. Según Groen, se elaboraron planes para renovar estos hoteles, ya envejecidos, e instalar cámaras acorazadas en sus sótanos, aunque estas obras nunca se realizaron en su totalidad.
“Mountains of Gold” [“Montañas de oro”], de Ludo Groen. Editorial Gta, 2026.
Lejos de terminar con la guerra, el libro de Groen arroja luz sobre la dimensión global del comercio del oro. Detrás del oro hay toda una cadena de suministro, explica Groen. En Sudáfrica se hace evidente el impacto que tuvo la extracción del oro: contaminación ambiental, daños a la salud y explotación de los mineros, especialmente durante el régimen del apartheid. Los bancos suizos desempeñaron un papel en esta cadena al otorgar créditos a las minas. Suiza se convirtió así en un importante centro de tránsito y comercialización del oro procedente de Sudáfrica.
Los Alpes como refugio simbólico
La tesis de Groen va, por tanto, más allá de la Segunda Guerra Mundial. Este investigador sostiene que la imagen de los Alpes como un lugar seguro surgió en el contexto de la defensa nacional. Después de la guerra, los bancos la retomaron como argumento de marketing, presentando los Alpes como un refugio simbólico que transmite confianza y seguridad. Muy ilustrativo al respecto es un cartel publicitario de Credit Suisse de 1982, en el que aparecen las montañas suizas cubiertas de nieve. Las dos películas de James Bond rodadas en Suiza en la década de 1960, “Goldfinger” y “Al servicio secreto de su Majestad”, reforzaron aún más esta imagen del país como lugar seguro. En palabras de Ludo Groen: “La manera en que estas películas presentaron a Suiza ante el público mundial demuestra hasta qué punto la imagen de este país alpino es el fruto de una construcción cultural”.
Comentarios