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  • Sociedad

El lado oscuro de Suiza

14.07.2017 – Marc Lettau

Las estadísticas criminales de Suiza dejan entrever el lado oscuro de la vida cotidiana en este país. Este año, sin embargo, las cifras de la criminalidad arrojan un atisbo de esperanza: en términos generales, el número de delitos ha descendido. Al menos a primera vista, Suiza se está volviendo un país más seguro.

Año tras año se registra en Suiza un número nada despreciable de robos. Sin embargo, al parecer resulta cada vez menos atractivo apropiarse de lo ajeno, a menos que la prevención del robo tenga cada vez más éxito. En cualquier caso, las estadísticas criminales del año pasado revelan cierta disminución del número de robos a habitaciones: de 200 casos diarios en 2012, se pasó a 127 para el año 2016. Quizá esto no sirva de mucho consuelo para los afectados. Sin embargo, las cifras indican que si bien se mantiene la sensación subjetiva de inseguridad entre la población, la seguridad en Suiza va en aumento, al menos desde el punto de vista estadístico.

Una visión global arroja incluso un poco de esperanza: no sólo se ha reducido el número de “delitos contra el patrimonio”, sino que también el número total de delitos desde 2012 va en descenso. Mientras que las estadísticas criminales suizas registraron 612 000 hechos delictuosos para el año 2012, entretanto esta cifra ha bajado casi un 25 por ciento y se sitúa actualmente en 448 000. Otra buena noticia: el descenso de la criminalidad juvenil. Desde la estandarización de las estadísticas en el año 2009, el número de menores infractores se ha reducido a casi la mitad. También la criminalidad de los adultos jóvenes se encuentra actualmente en su nivel más bajo. Contrariamente a un prejuicio bastante difundido, en términos generales la población juvenil no suele ser tan irrespetuosa de los límites establecidos por la legislación penal.

Cuando el “dulce hogar” se vuelve escenario de violencia y muerte

No obstante, las estadísticas criminales suizas revelan hechos particularmente alarmantes: por ejemplo, que el número de crímenes más brutales continúa al nivel de los años anteriores. Con una tasa de homicidios del 0,6 por cada 100 000 habitantes, Suiza se encuentra –junto con Islandia, Japón, Singapur, Hong Kong, Indonesia, Kuwait, Baréin y la Polinesia Francesa– en los últimos lugares de las estadísticas mundiales del horror, muy por debajo de las tasas correspondientes a Noruega (2,2), EE. UU. (4,7), Rusia (9,2) o Venezuela (53,7). Esto no impide que desde la perspectiva de los familiares afectados tales comparaciones resulten bastante inoportunas, pues no por eso se vuelven más llevaderos los 45 homicidios que figuran en las últimas estadísticas criminales. De esas 45 víctimas casi la mitad murieron a consecuencia de violencia intrafamiliar: un dato preocupante, que motivó a la Oficina Federal de Estadística a salir de su habitual su reserva para declarar en forma sugestiva: “Cada tres semanas, una mujer muere a consecuencia de violencia doméstica”. En total se registraron 17 700 casos penales de violencia doméstica.

Aunque se encuentran globalmente en descenso, las cifras de la criminalidad no dejan de registrar ciertas excepciones. Tal es el caso en Suiza de los delitos contra el honor que son objeto de demanda penal. Desde 2009, el número de difamaciones registradas se ha duplicado con creces. ¿Están perdiendo los suizos el sentido de la decencia? Aunque es difícil afirmarlo, el estilo desenfrenado que adoptan varios medios de comunicación para “expresar su opinión” contribuye, con mucha probabilidad, al aumento de las cifras: “El camino desde una captura de pantalla hasta una denuncia no es muy largo, mientras que los delitos contra el honor perpetrados en una reunión informal son difíciles de probar”, asevera Martin Steiger, abogado zuriqués especialista en este campo. Entretanto se han dictado ya las primeras sentencias en contra de personas que han hecho clic en “Me gusta” debajo de contenidos difamatorios publicados en Facebook, contribuyendo así a la propagación de mensajes que atentan contra el honor.

El bajo mundo del espacio digital

Los delitos contra el honor en el espacio digital son tan sólo un indicio de una nueva tendencia general: la criminalidad se desplaza lentamente hacia las redes digitales. Stefan Blättler, Presidente de las direcciones policiales cantonales, confirma esta tendencia. Las dificultades que esto conlleva son obvias. Los autores de los delitos aprovechan el anonimato del mundo virtual; sin embargo, sus delitos en las redes digitales tienen efectos en el mundo real. También Suiza se ve confrontada con la llamada Darknet, esa zona oscura de Internet en la que bajo el manto del anonimato se pueden conseguir con facilidad bienes ilegales como armas, drogas, pasaportes falsificados, medicamentos, tarjetas de crédito robadas o servicios de piratas informáticos. Dado que los clientes de la Darknet suelen pagar con bitcoins u otras criptomonedas, sus actividades ilegales no dejan rastro.

Si los bienes ilegales –incluyendo las armas– pueden adquirirse con facilidad, esto crea nuevos peligros y dificulta el trabajo policial. En otros términos: aunque Suiza se ha vuelto más segura de acuerdo con las estadísticas, se ve confrontada al mismo tiempo con un ámbito en el que la inseguridad va en aumento. Otto Hostettler, especialista en el ámbito de la Darknet, especula: “Se nos viene encima un problema muy grave. La Darknet permite el surgimiento de inmensos mercados negros, a una velocidad vertiginosa. Y Suiza se encuentra en medio del remolino. También hay suizos que compran y ofrecen sus productos ilegales, sin que las autoridades y los investigadores puedan intervenir”. Y por más que la policía afirme que no se queda con los brazos cruzados, esta nueva forma de criminalidad es todo un desafío.

En total, un descenso en el número de delitos registrados y una mayor dificultad para penetrar en el bajo mundo de Internet: ¿cuáles titulares publican al respecto los medios de comunicación suizos? Éstos juegan con las diferencias entre pequeñas áreas. Así, a orillas del Rin se debate sobre el motivo por el que Basilea-Ciudad es el “cantón más criminal de Suiza”, con una tasa de criminalidad de “110,1 delitos por habitante” (Basler Zeitung del 28 de marzo). De hecho, si bien es cierto que Basilea va a la cabeza en las estadísticas de criminalidad, la situación no es tan desesperante como sugiere el mencionado periódico que se enreda con los números: en realidad se trata de 110,1 delitos de todo tipo por cada mil habitantes. Además, esta cifra tan elevada se debe, entre otras cosas, al gran número de bicicletas robadas, que supera al de otras ciudades.

Un caso especial: Interlaken

Otras localidades reciben casi con alivio la noticia de estas estadísticas criminales procedentes de Basilea. Como destino turístico, Interlaken se alegra de ya no figurar en esta lista negra, a diferencia de lo que ocurría en el pasado, ya que allí suele registrarse una cantidad sorprendentemente elevada de delitos. Sin embargo, el caso de Interlaken evidencia claramente los límites del significado que cabe atribuir a las estadísticas: éstas imputan exclusivamente a los 5 600 habitantes de Interlaken la totalidad de los delitos que se cometen en esta localidad a la que acuden cada año tres millones de visitantes.

Y mientras que Basilea debe resignarse a llevar el título de ciudad “especialmente criminal”, en el otro extremo existe también un cantón especialmente pacífico. De hecho, el montañoso cantón de Uri ostenta, para el año 2016, la tasa más baja de hechos delictuosos. La policía de este cantón no está agobiada de trabajo. Pero esto no significa que los habitantes de Uri sean necesariamente mejores personas, sino que en las zonas rurales existe mayor control social. En cambio, si un forastero aparece en el pueblo, el teléfono quizá no tarde en sonar en la estación de policía.

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