AgriViva ofrece a los jóvenes la posibilidad de realizar prácticas en granjas de todas las regiones lingüísticas de Suiza. ¿Cómo descubrió AgriViva?
Leí en la revista Panorama Suizo el relato de una joven sobre su experiencia de trabajo en una granja. Me pareció interesante y quise vivir la experiencia yo también. Dos meses y medio antes de mi estancia, busqué una granja en la página web de AgriViva y me inscribí. Así que, a finales de agosto y principios de septiembre pasé dos semanas en una granja de Rotschalp, cerca de Brienz, en el Oberland bernés.
¿Cómo comenzaba un día típico en la granja?
Por lo general, me despertaba el gallo, a eso de las seis y media. Lo primero que hacía era soltar a las gallinas y darles agua. Después, me tocaba preparar el desayuno y sacar de la salmuera el queso del día anterior. Desayunábamos todos juntos y, a continuación, removía la leche, o mejor dicho, el futuro queso, en la gran cuba. Luego, bajaba a la bodega a limpiar los quesos. Y más tarde, me tocaba dar de comer a los cerdos.
¿Y cuál era el programa de la tarde?
Por lo general, el granjero Hänsel y su hija Martina, que ya era adulta, trabajaban en la granja del valle, por ejemplo, cortando el heno. Monica, la granjera, iba a la parada Planalp del ferrocarril Brienz Rothorn Bahn para vender el queso maduro. Así que a menudo me quedaba sola y recogía los huevos recién puestos por las gallinas, lavaba los platos o daba la vuelta al queso fresco. Además, siempre tenía un ratito libre. En la montaña, todo se calienta con leña, así que a veces también apilaba la leña.
Y por la noche, ¿qué hacían?
Poco después de las cinco, Monica, Martina y Hänsel volvían del valle. Por lo general, yo ayudaba a ordeñar las vacas o en la bodega de quesos; luego, preparaba la cena. También ponía el queso recién hecho a remojar en salmuera durante la noche. Después de cenar juntos, casi siempre quedaba algo pendiente; si no, nos poníamos a hacer crucigramas o a jugar a otros juegos. Después de dar de comer a las gallinas y encerrarlas en el gallinero, nos acostábamos temprano.
AgriViva quiere crear puentes entre la ciudad y el campo y entre diferentes culturas. ¿Qué le pareció su estancia en una granja en Suiza?
Aunque algunas cosas me resultaban algo desconcertantes y no siempre me salían bien a la primera, me gustó mucho la experiencia que me tocó vivir. Me pareció muy interesante ampliar mis horizontes y aprender tantas cosas nuevas: por ejemplo, ver cómo en los Alpes se elabora cada día queso fresco, de forma artesanal.
¿Y qué fue lo que más le gustó?
Me gustó mucho que siempre hubiera algo que hacer. Fuimos dos veces a la montaña: una para llevar a los terneros a otro pastizal y otra simplemente para disfrutar de las vistas. Me pareció muy hermoso. También asistí al descenso del ganado alpino. Y conocí a una segunda Belinda: una vaca que se llamaba igual que yo. Hablando de nombres, también hay que mencionar a Adelheid: no todas las gallinas tenían nombre, pero cuando morían, lo que también me tocó ver de forma bastante inesperada durante mi estancia, todas se llamaban Adelheid.
¿Recomendaría a sus amigos o amigas una estancia en una familia de granjeros?
¡Por supuesto! A mí también me gustaría volver a Suiza para ayudar en una granja.
Véase también: Adquiriendo una primera experiencia laboral en Suiza
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