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  • Selección

Jacques Dubochet

22.01.2018 – Stéphane Herzog

Uno de los rasgos que caracterizan a la inteligencia es, sin duda, el sentido del humor: algo que sin duda no le falta al valdense Jacques Dubochet, quien obtuvo el Premio Nobel de Química en octubre pasado. De hecho, para resumir su trabajo, dijo que sólo había inventado el agua fría. ¿El agua fría? Sí, porque este suizo francófono desarrolló un procedimiento que permite congelar a velocidad exprés soluciones líquidas que contienen células. La operación, que se realizó con gas etano, permite observar muestras en estado natural.

Un bromista de la Universidad de Ginebra explicó a la prensa que el valdense, junto con su compañero Alasdair McDowall, había logrado hacer justo lo que intentan quienes preparan sorbetes caseros: evitar que se formen cristales de hielo. Porque en el laboratorio la cristalización mata las células.

En una entrevista de Le Temps, Jacques Dubochet declaró que su invento podría servir, sobre todo, para "estudiar la proteína Tau, cuya acumulación en el cerebro está vinculada a las enfermedades de Parkinson o Alzheimer". Y añadió que el tema le interesa personalmente, ya que tiene 75 años.

En su currículum en línea, que hace las delicias de la prensa internacional, el investigador deja algunas perlas, como que fue “el primer disléxico oficial del cantón de Vaud”, lo que le permitió “ser malo en todo y comprender a quienes tienen dificultades”. “Un día, me propuso llevarme al hotel con su maleta. Pero al llegar a la cochera, vi que el vehículo del suizo era una bici”, contó, divertido, un investigador francés.

De pequeño, fue el miedo a la oscuridad lo que lo llevó a correr hasta la biblioteca para entender dónde había ido a esconderse el sol. Quizás fue ese miedo el que le impidió convertirse en un criminal: una posibilidad que había llegado a plantearse este futuro Tornasol de Vaud.

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