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  • Política

Fuerte presión sobre la cooperación suiza al desarrollo

23.05.2016 – Marc Lettau

Suiza es tradicionalmente un país activo en materia de cooperación al desarrollo; pero ahora se enfrenta a un crucial cambio de rumbo. El Parlamento podría recortar este verano los recursos para la cooperación al desarrollo. La pregunta es qué tanto.

En todo el orbe la cruz suiza simboliza la gran solidaridad de un pequeño país en un mundo marcado por enormes desigualdades. Tanto en Benín como en Bangladesh, en Mozambique como en el Mekong, en Níger como en Nepal, hoy en día Suiza ayuda directamente a veinte regiones con un considerable nivel de pobreza. Mejora los sistemas de asistencia sanitaria, ayuda a construir redes de abastecimiento de agua, trabaja afanosamente en pro de la educación –porque a menudo la educación es lo único que permite salir de la espiral de la pobreza. Este compromiso también contribuye a caracterizar la imagen que tiene Suiza de sí misma.

Pero la cooperación al desarrollo se ve sometida a una gran presión. A principios de año el Ministro de Asuntos Exteriores, Didier Burkhalter (PRD), sub-rayó con énfasis que Suiza quiere permanecer fiel a su “tradición humanitaria que lleva a cabo desde hace muchos años” y luchar contra la pobreza, el hambre y la desigualdad. Añadió que este compromiso es necesario ya por el simple hecho de que el desarrollo constituye la mejor alternativa a la migración. No obstante, en vez de preocuparse por las necesidades del mundo, ahora el Consejo Federal se ve obligado a velar, de manera prioritaria, por los fondos federales. La meta es ahorrar unos mil millones anuales en el presupuesto del Estado suizo entre 2017 y 2019. Y la cooperación internacional al desarrollo es uno de los sectores en los que habrá mayores recortes.

Muy lejos de las pautas de la ONU

Aunque en las declaraciones gubernamentales sobre la cooperación internacional prevalecen actualmente conceptos como el de “desarrollo” y “consolidación”, el gobierno propone a fin de cuentas reducir la aportación pública de Suiza a la cooperación al desarrollo al 0,48 % aproximadamente de la Renta Nacional Bruta (RNB) . Con ello se sitúa por debajo de su propia meta que ascendía al 0,50 % y se sigue distanciando de las pautas establecidas por la ONU, conforme a la cual los países industrializados ricos deben aportar una ayuda de al menos el 0,70 % de su RNB, ya que de otro modo no se podrán alcanzar los objetivos mundiales de cooperación.

Naturalmente, desde que el Consejo Federal anunció su intención de reducir el presupuesto consagrado a la solidaridad con los países del hemisferio sur, la dinámica del ahorro se ha acentuado. A finales de marzo, la Comisión de Finanzas del Consejo Nacional exigió una auténtica tala: que se haga un recorte del 20 % en los fondos públicos aportados por Suiza para la cooperación al desarrollo. Será probablemente en su próxima sesión de verano cuando el Parlamento decida el cambio de rumbo.

Un recorte del 20 % es claramente superior al que propone el Consejo Federal. Pero al mismo tiempo es muy inferior al que tiene en mente la derecha parlamentaria, que ha salido fortalecida de las últimas elecciones. La línea de argumentación del Consejero Nacional de Zug, Thomas Aeschi (UDC), es la siguiente: “Sencillamente ya no podemos permitirnos gastar tanto dinero en la cooperación al desarrollo, excepto si hacemos grandes recortes en otros sectores. Pero no estamos dispuestos a hacerlos”. Aeschi es un peso pesado en este debate. Este político de Zug, propuesto por la UDC en 2015 como candidato al Consejo Federal, es considerado como uno de los expertos financieros de su partido, el cual quiere recortar los fondos destinados a la cooperación en un 40 %. Con un recorte de esta magnitud, la aportación de fondos públicos de Suiza a la cooperación al desarrollo se reduciría al 0,3 % de la RNB. Eso equivaldría al “total desmantelamiento” de la cooperación suiza al desarrollo, afirma Thomas Greminger, Director suplente de la Agencia Suiza para el Desarrollo y la Cooperación (COSUDE).

No obstante, el actual debate sobre la cooperación al desarrollo no se ajusta a un claro esquema izquierda-derecha. La política conservadora experta en Asuntos Exteriores Doris Fiala (PLR) por ejemplo, opina que no es razonable hacer recortes en la cooperación al desarrollo en plena crisis de los refugiados, cuando todos exigen reforzar la ayuda a nivel local. Añade que quien, como ella, haya visto con sus propios ojos la miseria, aborda “de manera distinta” este tema tan sensible. La postura de Fiala deja claro que pese a la presión ejercida por la necesidad de ahorrar, es muy poco probable que el Parlamento evalúe las futuras necesidades de la cooperación al desarrollo únicamente en términos de política financiera.

Las organizaciones de ayuda lanzan una “señal de alarma”

Las organizaciones de ayuda califican estos recortes de auténtico “ataque a la cooperación al desarrollo”. Alliance Sud, la organización central de las grandes instituciones benéficas suizas, lanzó recientemente una apresurada “señal de alarma”, una petición nacional tendiente a demostrar el gran apoyo del que goza entre la población civil la cooperación suiza al desarrollo. Amplios sectores de la sociedad civil no están a favor de reducir la ayuda, en vista de la situación mundial, sino de aumentarla hasta el nivel propuesto por la ONU, dice Mark Herkenrath, Director de Alliance Sud : “Para muchos es insoportable la idea de que uno de los países más ricos del mundo quiera ahorrar a costa de los más pobres.”

Herkenrath recuerda asimismo un punto que desde hace mucho tiempo incomoda a las organizaciones de ayuda: la aportación suiza a la cooperación al desarrollo es, de hecho, claramente inferior a la que se menciona en el papel. Porque Suiza incluye en el rubro de gastos de cooperación al desarrollo los elevados gastos relacionados con los refugiados, que se generan en el mismo país. Esto es “totalmente absurdo” y tiene consecuencias fatales, afirma Herkenrath: “Esto convierte a Suiza en la mayor beneficiaria de aquello que se considera a nivel internacional como ayuda pública al desarrollo.” Y puesto que los gastos para los refugiados seguirán siendo probablemente muy elevados, la presión sobre la clásica cooperación al desarrollo seguirá aumentando.

En caso de que el Parlamento apruebe la propuesta de la Comisión de Finanzas del Consejo Nacional, Herkenrath, experto en cooperación para el desarrollo, vaticina que Suiza tendrá que retirarse de aproximadamente un tercio de sus actuales proyectos a largo plazo.

Marc Lettau es redactor de «panorama suizo»

La clásica cooperación al desarrollo es la que se ve sometida a mayor presión

La ayuda internacional de Suiza abarca cinco ámbitos. El principal es la cooperación y la ayuda financiera a favor de los países en vías de desarrollo. De 2013 a 2016 se disponía para este ámbito de 6 900 millones de francos, de ellos 4 100 millones para la clásica ayuda bilateral que presta Suiza en los países en vías de desarrollo. Si el Parlamento reduce la aportación pública a la cooperación al desarrollo, será esta ayuda bilateral la que se verá sometida a mayor presión. El segundo pilar más importante de la ayuda internacional de Suiza es la ayuda humanitaria. Esta ayuda de emergencia en caso de catástrofes humanitarias permanece ampliamente incuestionable. Hasta ahora Suiza ha prestado su ayuda de emergencia (a corto plazo) y su cooperación al desarrollo (a largo plazo) a menudo en las mismas regiones en crisis –de forma que ambas se complementaban. Por otra parte, Suiza incluye en el rubro de la cooperación al desarrollo los gastos destinados a las medidas económicas y de política comercial, de apoyo a Estados del Este de Europa, así como las medidas de fomento a la paz.

Imagen  A principios de año el Ministro de  Asuntos Exteriores, Didier Burkhalter,  se manifestó enfáticamente a favor de la lucha contra el hambre y la pobreza.  Foto Keystone

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