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¿Una exposición que seguirá evolucionando durante los próximos diez o veinte años? Esto es lo que propone el Museo de Historia Natural de Berna para explorar el tema del cambio climático. El resultado es apasionante, e incluso esperanzador.
Se perciben gorgoteos, croares y chapoteos. Nos encontramos en medio de un pantano, por el que vuela una monstruosa libélula. Junto a un tocón en descomposición se desliza por el suelo una criatura blanca sin ojos, que podría ser un gusano o una oruga, con las antenas extendidas. Involuntariamente, dirigimos la mirada hacia nuestros pies: queremos asegurarnos de que no nos estamos empantanando.

Esta reconstrucción de una selva tropical pantanosa es parte de la nueva exposición “¡Hola, Tierra! El clima en constante evolución” del Museo de Historia Natural de Berna. El pantano tropical se encuentra dentro de un cubo de madera en el que se representa el mundo tal como era hace 300 millones de años, mucho antes de que apareciera el ser humano.
Hace veinte años, cuando los mineros estaban perforando el túnel ferroviario de base del Lötschberg, encontraron indicios de que el actual cantón montañoso de Berna fue en su día una región cálida y húmeda. No solo se toparon con granito, sino también con una capa de roca que contenía restos vegetales carbonizados de esa época. ¿Qué tiene que ver esto con el cambio climático que tanto nos preocupa hoy en día? Estos restos nos recuerdan la ingente cantidad de carbono que los humedales intactos absorbieron durante siglos. En pocas décadas, la civilización moderna ha liberado este carbono atrapado, acelerando así el cambio climático.
El cambio climático y las catástrofes han sido una constante a lo largo de toda la historia de la Tierra.
Este es el lenguaje visual que usa el equipo del Museo de Historia Natural de Berna para explicarnos que el cambio climático y las catástrofes han sido una constante a lo largo de toda la historia de la Tierra. Sin embargo, el ser humano, que habita la Tierra desde hace relativamente poco tiempo, está poniendo en marcha poderosas fuerzas. Pero a diferencia de los impactos de meteoritos o las erupciones volcánicas que han tenido lugar a lo largo de la historia de la Tierra, el ser humano aún puede (o podría) hacer algo para evitar la catástrofe.

Dora Strahm, comisaria de la exposición, expone el enfoque que ha elegido el museo para llegar al público general: “Queremos volver a los hechos que no son tan complicados y que son fundamentales para comprender el tema, pero que a menudo han quedado relegados a un segundo plano”. Resume el problema en una frase lapidaria: “El fuego fósil sigue ardiendo”. A día de hoy, el 70 % de las emisiones globales de CO₂ siguen procediendo de la quema de carbón, petróleo y gas natural. “El cambio climático”, afirma Strahm, “no es política, sino física”.
Aunque el museo de Berna evoca un pasado lejano, siempre establece vínculos con el presente: “Queremos que la exposición también llegue a las personas que no tienen ningún conocimiento previo en ciencias naturales.”
Sin embargo, también aprenden cosas nuevas quienes ya están familiarizados con el tema: por ejemplo, gracias a un cubo que muestra un acontecimiento que tuvo lugar hace 66 millones de años: la caída de un meteorito de 14 kilómetros de diámetro en el sur del actual México. De repente llovió azufre, y en cuestión de segundos la Tierra se convirtió en un entorno hostil, del que desaparecieron los dinosaurios. Aun así, la vida no desapareció por completo: algunas aves, por ejemplo, que no vivían en los árboles sino en el suelo, sobrevivieron a la catástrofe, debido a que dependían menos de los árboles, que habían perecido. Estas aves son los dinosaurios que aún viven entre nosotros.
La particularidad de esta exposición es su duración: entre diez y veinte años, durante los cuales estará en constante evolución. Lo mismo ocurrirá con los testimonios de doce personas procedentes de diferentes ámbitos profesionales y sociales, que reflejan en breves vídeos la percepción actual del cambio climático. Mientras dure la exposición, estas personas actualizarán cada año su testimonio.
La exposición también presenta los avances y retrocesos en la lucha contra el cambio climático. En una pared, un gran diagrama con docenas de columnas ilustra la evolución de las emisiones de gases de efecto invernadero y del calentamiento global hasta 2050, año en que la mayoría de los países se proponen reducir sus emisiones a cero neto. A partir de entonces, no podrán emitir más CO₂ del que logren capturar –por ejemplo, a través de los humedales– durante el mismo año.
“El cambio climático no es política, sino física”
Cada año se irá añadiendo una nueva columna al diagrama. Pronto se incluirá la del año 2025. Una cosa ya se sabe: en 2025, las emisiones de CO₂ superaron el nivel que se hubiese requerido para poder alcanzar el objetivo de cero emisiones netas en 2050. Aun así, la exposición “¡Hola, Tierra!” apuesta por “la esperanza antes que por la impotencia, por la alegría de la vida que florece en el planeta Tierra antes que por su extinción”. Por ejemplo, se aprende que China, a pesar de seguir operando innumerables centrales térmicas de carbón, ha reducido sus emisiones de gases de efecto invernadero en el primer trimestre de 2025 gracias a la instalación en tiempo récord de una gran cantidad de paneles solares.

La gran diferencia entre el cambio climático actual y las catástrofes climáticas de la historia geológica es que “podemos actuar para preservar nuestro hábitat”, afirma Dora Strahm. ¿Y qué hará el Museo de Historia Natural al respecto? Serán los visitantes quienes lo decidan: podrán votar para decidir qué proyectos de sostenibilidad deberá apoyar el museo con una pequeña contribución y cuáles se expondrán. “Cada contribución es importante en la lucha contra el cambio climático”, subraya Dora Strahm.
Aunque es cierto que la exposición encierra un mensaje implícito (“¡Actuemos!”) y que no disipa el temor de que nuestra contribución sea insuficiente o llegue demasiado tarde, está prácticamente exenta de lecciones morales. Antes de entrar a las salas por la puerta principal, el visitante puede repasar 4 500 millones de años de historia de la Tierra en un vídeo de un minuto; el hombre solo aparece en el último instante. Más adelante, hay una vitrina que contiene la réplica de un cerebro humano. Solo un cerebro humano y nada más: la clave para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a cero neto.
Naturhistorisches Museum Bern: Earth, folks! – The changing climate
Comentarios
Comentarios :
Exposition générale très explicite sur l'evolution naturelle du climat. Elle n'est pas effectivement moralisatrice, mais elle souligne l'importance de l'homme à s'allier avec la nature pour apporter sa contribution respectueuse au ralentissement du rechauffement climatique. Merci.