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  • Política

Una costosa aventura naval

15.09.2017 – Christoph Lenz

Suiza no está junto al mar, no tiene ningún puerto importante ni tampoco una marina. Y aun así es una nación de navegantes y desea seguir siéndolo, al menos durante unos años más.

La Confederación apoya desde la Segunda Guerra Mundial la conservación de una flota de altamar suiza; los barcos, que son propiedad de particulares, deben servir para el aprovisionamiento del país en caso de crisis. La idea es que los barcos se descarguen en un puerto marino de Europa Occidental y su flete se transporte por vía terrestre hasta Suiza, con la anuencia del país de tránsito.

Durante décadas el fomento de la flota de altamar fue una actividad que daba poco que hablar y sólo mantenía ocupados a un puñado de funcionarios. Desde esta primavera, todo ha cambiado. La flota suiza es responsable de un agujero de 215 millones de francos en la caja federal y de mala gestión por parte de la Oficina Federal de Aprovisionamiento Económico del País.

Armadores en tiempos de bonanza

¿Qué ha ocurrido? El auge de los países BRICS (Brasil, Rusia, India, Sudáfrica y, sobre todo, China) en los años 2000-2009 impulsó el comercio global y produjo un boom en la marina mercante. Los armadores suizos también quisieron sacar provecho de esta bonanza y comenzaron a ampliar su flota. Encontraron apoyo en la Oficina Federal de Aprovisionamiento Económico del País, donde se les facilitó la adquisición de barcos a través de generosas garantías federales. Particularmente agresiva fue la estrategia del armador suizo Hansjürg Grunder: tras haber sido inicialmente un especialista financiero, se centró después en la construcción y el comercio de barcos nuevos. Llegó a tener en su poder más de una docena de barcos respaldados por garantías estatales y el total de la fianza superaba con creces los 100 millones de francos.

Ante el afán de expansión de los armadores suizos no tardaron en agotarse los recursos que la Confederación facilitaba para avales. Entre 2002 y 2008 el Parlamento amplió el marco crediticio dos veces: de 400 millones a 1,1 mil millones de francos. El riesgo era “mínimo y razonable”, declaró a la sazón la Ministra de Economía Doris Leuthard ante el Consejo Nacional.

Muy pronto quedó de manifiesto cuán equivocada era la política impulsada por Berna. En 2008 la crisis financiera acabó bruscamente con la bonanza mundial y se desplomó el precio de los fletes. Desde entonces la marina mercante se encuentra inmersa en una crisis sin precedentes. En los últimos años numerosos astilleros e importantes navieras tuvieron que declararse insolventes y los barcos suizos respaldados por avales estatales experimentaron graves dificultades, en especial los del armador Hansjürg Grunder. Desde finales de 2014 su grupo Swiss-Cargo-Line lucha por sobrevivir, y desde 2015 el Departamento de Economía encabezado por Johann Schneider-Ammann mantuvo los barcos a flote gracias a cuantiosas inyecciones financieras –pero en balde, como se evidenció en 2016.

El Consejo Federal decidió deshacerse de doce cargueros respaldados por avales federales, que resultaban excesivamente endeudados, aunque esta decisión implicaba que por primera vez desde los años 50 habían vencido las garantías federales. Las pérdidas para la caja federal ascienden ahora a unos 215 millones de francos. “De mala gana, de muy mala gana” se defendió esta solicitud de crédito, declaró en junio el Consejero Federal del PLR ante el Consejo Nacional.

500 millones aún están pendientes

Aunque a regañadientes, el Parlamento concedió el crédito. Pero el asunto de altamar tendrá consecuencias políticas, ya que las comisiones encargadas de la revisión de negocios desean examinar el caso con lupa: no sólo porque las investigaciones han apuntado a una mala gestión, e incluso a acciones punibles en el Departamento Federal competente, sino también porque la liquidación de 215 millones de francos no elimina en absoluto los riesgos de los avales marítimos. Todavía siguen pendientes en otras navieras suizas otros avales por una cuantía de más de 500 millones de francos; y 30 barcos siguen navegando todavía con garantías estatales.

No obstante, la liquidación de la flota suiza ha comenzado: se han vendido varios barcos de Hansjürg Grunder, entre otros el “SCL Bern”, un imponente carguero de 140 metros de longitud y una capacidad de carga de 12 500 toneladas. Se llama ahora “Angelo Maria”: en su popa ya no ondea la cruz suiza, sino la bandera de Barbados.

Christoph Lenz es corresponsal parlamentario del “Tages-Anzeiger” y el “Bund”

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