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Suiza tiene que inventar una nueva neutralidad

01.07.2022 – THEODORA PETER

Tras algunas dudas iniciales, el Consejo Federal ha respaldado decididamente todas las sanciones de la UE contra Rusia. Esto ha desatado un debate político sobre la neutralidad suiza.

El ataque de Rusia a un país europeo independiente es inaceptable “en términos políticos, morales y de derecho internacional”, declaró el Presidente de la Confederación Ignazio Cassis ante los medios de comunicación cuatro días después del inicio de la guerra, a finales de febrero. “Hacerle el juego a un agresor no es ser neutral”. Con estas palabras Cassis justificaba la plena adhesión de Suiza a las severas sanciones económicas de la UE contra Rusia. Este discurso marcó un cambio de tono: hasta entonces, el Consejo Federal se había limitado a impedir que Rusia eludiera estas medidas. En 2014, tras la anexión de Crimea, el gobierno suizo, alegando su neutralidad, se había negado a aplicar directamente las sanciones de la UE.

“Hacerle el juego a un agresor no es ser neutral.”

Ignazio Cassis

Presidente de la Confederación

Este cambio de rumbo llamó la atención a nivel internacional. En titulares, el New York Times llegó incluso a afirmar que Suiza había renunciado a su tradicional neutralidad. Sin embargo, en su sitio web el Departamento Federal de Asuntos Exteriores (DFAE) afirmó perentoriamente que tal no era el caso, pues al no apoyar militarmente a ninguna de las partes en conflicto, Suiza continúa ateniéndose a “la neutralidad en sentido estricto”. Esto es lo que se conoce como el derecho de neutralidad: según la Convención de La Haya de 1907, los Estados neutrales se comprometen a no participar en guerras. Y también se comprometen a dar el mismo trato a todas las partes beligerantes en cuanto a suministro de armas.

“Mito” vs. realidad política

Sin embargo, en la configuración de su política de neutralidad Suiza no está sujeta a ningún convenio internacional. La Constitución solo estipula que el Consejo Federal y el Parlamento deberán tomar “medidas para preservar la neutralidad de Suiza”. La naturaleza exacta de estas medidas dependerá, en cada caso concreto, de la valoración política de la situación. Según el historiador Hans-Ulrich Jost, la neutralidad suiza “siempre ha sido maleable como la goma de mascar”, tal como lo afirmó en una entrevista con el SonntagsZeitung.

Jost citó como ejemplo la Segunda Guerra Mundial, cuando Suiza “prácticamente se integró en la economía de guerra alemana”. En aquel entonces, incluso se otorgaron créditos a Alemania para que comprara munición y armas en Suiza. Debido a que la Confederación mantiene estrechos lazos económicos y financieros con el extranjero, el “mito” de la neutralidad con frecuencia es incompatible con la realidad política: la “neutralidad ideal” no existe, concluye el historiador.

La UDC piensa promover una iniciativa

La guerra de Ucrania ha venido a traer a colación el problema de la compatibilidad de la neutralidad helvética con la Realpolitik. Al adherirse a las sanciones económicas contra Rusia, critica la UDC, Suiza ha tomado “partido en la guerra”. De ahí que la UDC piense promover una iniciativa popular destinada a anclar en la Constitución federal una “neutralidad integral”. Por el contrario, los demás partidos consideran que con el “ataque a los valores occidentales” se acerca el fin de la neutralidad tradicional. Ciertos políticos conservadores del Centro y del PLR incluso desean que se autorice el suministro de armas a los Estados amigos. Para algunos, al parecer incluso el acercamiento a la alianza de defensa de la OTAN ha dejado de ser tabú. En otras palabras, Suiza está inventando una nueva neutralidad.

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