

- Historia
Salió a la luz el cargamento de un barco romano
17.07.2026 – Eveline Rutz
Los arqueólogos han descubierto vasijas, herramientas y armas del siglo I d. C. en el fondo del lago de Neuchâtel. Este hallazgo podría aportar nuevos datos sobre el transporte de mercancías, las redes comerciales y los conocimientos técnicos en el Imperio romano.
En noviembre de 2024, dos buceadores exploraban un área del lago de Neuchâtel en cuyo lecho yacían numerosos objetos circulares. Podría haberse tratado de minas de la Segunda Guerra Mundial; pero al encender sus lámparas se percataron de que no era material bélico. “Apareció el característico color de la terracota”, recuerda Julien Pfyffer, fundador y presidente de Fondation Octopus, quien estaba buceando en compañía de un arqueólogo del cantón de Neuchâtel. No tardaron en darse cuenta de que lo que tenían ante sus ojos eran platos. Al descubrir otros innumerables vasos, platos y cuencos de cerámica esparcidos entre las algas, las conchas, la arena y las piedras, se dieron cuenta de la extraordinaria relevancia del hallazgo. “Ante semejante cargamento nos quedamos atónitos durante varios minutos”, dice Pfyffer.

Desde entonces han transcurrido dos años y medio. En colaboración con el Servicio Arqueológico del Cantón de Friburgo (SAEF) y Fondation Octopus, la Oficina de Arqueología Cantonal de Neuchâtel (OARC) ha venido realizando varias campañas de excavación entre 2025 y 2026. Un equipo formado por estas tres instituciones logró identificar, documentar y extraer del agua cerca de mil objetos frente a la orilla del lago. Las piezas fueron transportadas en cajas al Laténium, un museo y parque arqueológico en Hauterive, donde se depositaron en almacenes especiales.
Por temor a saqueos o degradaciones, los responsables tuvieron que realizar su trabajo guardando la más estricta discreción. Solo recientemente informaron al público sobre el descubrimiento. “Este hallazgo es de incalculable valor”, subraya Sonia Wüthrich, Directora de la OARC, quien destaca que la riqueza, la diversidad y el excelente estado de conservación de los objetos no tienen precedentes en Suiza.
Una importante ruta comercial
Los objetos hallados procederían de un buque mercante que habría naufragado entre los años 20 y 50 d. C. En aquella época, el lago de Neuchâtel formaba parte de una importante ruta comercial que unía el norte y el sur del Imperio romano y que se usaba para transportar alimentos, materiales de construcción, mercancías, animales y personas. La vía fluvial permitía transportar los cargamentos de forma más sencilla, eficaz y económica que por tierra. Hallazgos anteriores ya sugerían que las aguas interiores de la actual Suiza eran importantes vías de tránsito en la época romana. Se han descubierto restos de buques mercantes romanos en Alemania, el sur de Francia y el Mediterráneo. Sin embargo, hasta ahora solo se habían rescatado muy pocos cargamentos.
“Ante semejante cargamento nos quedamos atónicos durante varios minutos”.
Presidente de Fondation Octopus
El voluminoso y extraordinariamente bien conservado cargamento del lago de Neuchâtel es, por tanto, excepcional, no solo a nivel regional, sino también europeo. Sonia Wüthrich lo califica como “una fuente única de datos hasta ahora desconocidos”. El hallazgo, afirma, “abre perspectivas prometedoras para la investigación sobre la romanización y la historia económica de la región helvética”.

Mercancía procedente de Andalucía
Las vasijas recuperadas probablemente fueron manufacturadas a nivel local para su venta posterior. Estaban cuidadosamente embaladas en cajas de madera. Algunos platos yacían apilados en el fondo del lago, como si acabaran de caerse de un estante, lo que sugiere que estaban almacenados en un carro de madera de fresno embarcado a bordo, como parece indicarlo el hallazgo de cuatro ruedas. Esto apunta a la existencia de un sistema de transporte dual: al parecer, se combinaban en el siglo I d. C. las vías de comunicación terrestre con las fluviales. Dos ánforas intactas atestiguan que las rutas comerciales eran muy extensas, ya que proceden de una provincia romana situada en la región de la actual Andalucía y contenían probablemente aceite de oliva. Tres espadas romanas, que conservan sus vainas de madera, podrían haber pertenecido a una escolta militar encargada de garantizar la seguridad del transporte o simplemente haber formado parte del cargamento.
Los vestigios se encontraron esparcidos a lo largo de unos 600 metros del lecho lacustre. Es posible que los marineros tiraran mercancías por la borda al verse en peligro de naufragar. “Queremos comprender y determinar las circunstancias exactas de este naufragio”, explica Sonia Wüthrich. El hallazgo deberá enmarcarse en un contexto histórico más amplio para obtener nuevos conocimientos sobre las rutas de transporte, las redes comerciales, los conocimientos técnicos, la elaboración de cerámicas y la venta de productos en la Antigüedad romana.

Presentación de los hallazgos al público
En estos momentos, la prioridad se centra en las labores de conservación y restauración. La gran cantidad de objetos y la diversidad de materiales suponen un reto: la OARC, por ejemplo, tuvo que alquilar almacenes refrigerados adicionales y reorganizar sus espacios de almacenamiento. La arqueóloga cantonal Sonia Wüthrich reconoce que el coste logístico y financiero es considerable; sin embargo, se trata de una “etapa necesaria para conservar las piezas a largo plazo y ponerlas a disposición de la comunidad científica y, posteriormente, del público”. Se espera que a mediados de 2027 se den a conocer más detalles sobre este hallazgo arqueológico. También se está trabajando en un libro y un documental. Incluso se está barajando la posibilidad de organizar una pequeña exposición temporal. El museo del Laténium tiene previsto inaugurar algún día un espacio dedicado específicamente a la navegación y a la época romana.
Que este valioso cargamento saliera a la luz ahora tiene que ver con las correcciones hidrológicas de los siglos XIX y XX. Estas obras hicieron que bajaran los niveles de agua y se modificaran las corrientes. Lo que en su día quedó sepultado en los sedimentos ha salido ahora a la luz. “Hacemos un seguimiento periódico de los fondos lacustres y del patrimonio cultural subacuático mediante observaciones aéreas e inmersiones”, explica Sonia Wüthrich. El cargamento del buque fue descubierto gracias a una fotografía de dron, donde se observaba un área oscura con pequeños círculos. ¿Hay otros lugares en los que los especialistas sospechan que pudieran yacer vestigios similares? “Por el momento, no”, responde Sonia Wüthrich. “¡Aunque no hay que descartarlo!”
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