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  • Política

¿Qué ha pasado con la victoria en las urnas de los partidos verdes y de las mujeres?

27.01.2023 – INTERVIEW: SUSANNE WENGER

El 22 de octubre se celebrarán las elecciones al Parlamento suizo. Las últimas elecciones nacionales, de 2019, se caracterizaron por una oleada de votos verdes y un giro a la izquierda. Además, se eligió a un número récord de mujeres. ¿Cuál ha sido el impacto de todo esto? El politólogo Michael Hermann hace un balance de la situación en vísperas del año electoral 2023.

Panorama Suizo: Señor Hermann, en las elecciones al Parlamento suizo, de 2019, salieron reforzados el Partido Ecologista de izquierdas y el Partido Verde Liberal. Dos años después, el pueblo rechazó la ley del CO2, que se proponía impulsar la política climática. ¿Cómo encajan ambas cosas?

Michael Hermann: Sí, parece contradictorio: primero, la gran ola verde en las elecciones, que representó un cambio histórico para los estándares suizos; después, en el referendo, ni siquiera un cincuenta por ciento de votos a favor de la ley del CO?, que tampoco era demasiado estricta. Varios factores hicieron que la ola verde tuviera menos impacto político de lo que quizás se esperaba. El clima y el medio ambiente hasta la fecha siguen encabezando la lista de preocupaciones de la población; pero ante la perspectiva de un incremento de la gasolina y de los vuelos, muchos se preocuparon más por su bolsillo que por contribuir a la protección del clima. A esto hay que añadir que también en 2019, solo una minoría votó por los Verdes.

Los partidos ecologistas obtuvieron juntos un 21 por ciento de los votos. El Partido Ecologista logró un mayor aumento de escaños en el Consejo Nacional que ningún otro partido anteriormente.

Sí, los Verdes lograron una extraordinaria movilización del electorado; eran visibles y activos. Pero para marcar la diferencia en la política climática se necesitan amplias alianzas en el Parlamento, mayoritariamente conservador. Estas tan solo se lograron bajo la presión del ataque ruso a Ucrania, que afectó al abastecimiento energético de Suiza. En consecuencia, el clima mundial pasó a segundo plano, ante la preocupación de pasar frío en invierno y no contar con electricidad suficiente en los hogares y las empresas del país. Esto aceleró el cambio energético a una velocidad récord, mientras que en Suiza los procesos políticos suelen ser lentos.

“La realidad de la guerra de Ucrania ha movido más las cosas que la ola verde en las elecciones de 2019.”

Michael Hermann

Usted se refiere a la ofensiva solar y al fomento de la energía hidráulica, que el Parlamento aprobó en otoño de 2022 y que entró en vigor inmediatamente.

En Suiza, la energía fotovoltaica se consideró durante mucho tiempo una simple moda ecologista, una tecnología de poco alcance. Ahora, se considera como una opción realista para lograr la soberanía energética del país. Se ha formado una alianza política que abarca desde los Verdes hasta los partidos de derechas; y los escépticos propietarios de casas se han convertido en entusiastas defensores de los paneles fotovoltaicos. Así que la realidad de la guerra de Ucrania ha movido más las cosas que la ola verde en las elecciones de 2019.

Su instituto elabora barómetros electorales, por encargo de la radiotelevisión suiza. Un año antes de las elecciones de 2023 se dieron cuenta de que la ola verde se había debilitado.

Los Verdes están pasando por tiempos difíciles en materia de comunicación. Si bien su principal tema de campaña, el clima y el medio ambiente, ha vuelto a cobrar importancia desde 2019, y más aún con la ola de calor del verano de 2022 en Suiza, ellos han dejado de ser el portavoz exclusivo de este tema; además, el enfoque ha cambiado. Ahora, hasta los representantes de las centrales eléctricas y de la industria hablan de las energías renovables. Pero su enfoque se centra más en la seguridad de abastecimiento de Suiza que en lo que piden los verdes: un estilo de vida que preserve los recursos naturales. Las elecciones de 2019 se celebraron tras una fase de bonanza económica, y ahora estamos en tiempos de crisis; los temas que se perciben como idealistas, como los que manejan los Verdes, tienen más dificultades para ser aceptados.

En 2019 fueron elegidas al Parlamento más mujeres que nunca desde que se introdujo el sufragio femenino, en 1971. Su participación en el Consejo Nacional superó el cuarenta por ciento. ¿Ha surtido esto algún efecto político concreto?

Sí, por supuesto. En 2019, el voto a favor de la mujer también estuvo en cierto modo dirigido contra el cliché del macho alfa conservador, que durante mucho tiempo ha dominado la política suiza, tanto de derechas como de izquierdas. Hoy por hoy, el Parlamento es más abierto y progresista, y esto refleja una cierta evolución social. Así lo demuestran, por ejemplo, las decisiones que adopta sobre el cuidado de los hijos fuera del marco familiar. Hoy en día, este tema se toma muy en serio, mientras que Suiza se aferró durante mucho tiempo a los roles conservadores. Durante esta legislatura también prosperó el matrimonio para todos; esto también demuestra mayor apertura social.

Sin embargo, en 2022 volvieron a acentuarse las diferencias entre hombres y mujeres. En el referendo para posponer la edad de jubilación femenina, los hombres se impusieron a las mujeres con inusitada contundencia.

La reforma del SVS afectaba directamente a las mujeres, a su edad de jubilación y sus perspectivas laborales. Rara vez se proponen proyectos con un impacto tan directo en un solo sexo. En realidad, la votación del SVS no ha modificado el panorama general. En cambio, nos hizo más conscientes de una cosa: de que la política de género va más allá de un mero estilo de vida; implica cuestiones de protección económicas y de política social clásica. Se trataba de una clara señal para el PSS.

El Partido Socialista rechazó la reforma del SVS, uno de los proyectos clave de la legislatura, y perdió por un margen inesperadamente pequeño ante los partidos conservadores.

La votación del SVS mostró que las cuestiones de seguridad social, sobre todo si conciernen a las mujeres, pueden movilizar más allá del electorado habitual del PSS. Al mismo tiempo, ciertos círculos del partido realzan más bien temas de conflicto cultural en relación con la política de identidad, lo que puede espantar a los votantes potenciales. En tiempos de crisis como estos, los partidos salen beneficiados con los temas que son tradicionalmente de su competencia: para el PSS, la política social; para el PLR, las cuestiones económicas.

Foto Frank Brüderli

En 2019, todos los partidos representados en el Gobierno nacional perdieron, en mayor o menor medida, electores y escaños en el Parlamento: el PSS, el PLR, el Centro y, sobre todo, la UDC, la gran derecha conservadora. ¿Ha podido esta recuperar terreno?

La verdad es que no. La UDC sigue siendo el partido con más votantes en Suiza. En la pandemia del coronavirus se posicionó en contra de las medidas sanitarias, lo que le permitió conectar con los movimientos negacionistas. Sin embargo, esto también espantó a muchas personas, al igual que las posturas pro Putin de algunos representantes de la UDC. A ello cabe agregar que su rival, el Partido Liberal Radical, ha adoptado una línea más conservadora y de derechas desde 2021 y la elección de su nuevo Presidente, Thierry Burkart. Lo que está buscando la UDC es un tema de gran calado.

¿A los conservadores de derechas les falta un tema que movilice a la gente?

Hasta las elecciones de 2015, Europa y la inmigración eran los temas clave con los que la UDC había logrado imponerse a los demás partidos durante años. Esto ha cambiado. El Gobierno ha hecho tan poco en materia de política europea que a la UDC ya no le queda nada a lo que oponerse. La inmigración ya no es un tema tan candente, en parte debido a la escasez de mano de obra en Suiza. Pero si el tema de los extranjeros vuelve a la palestra en los próximos meses, la UDC tendrá mayor capacidad de movilización que en 2019.

Cuando la UDC quedó rezagada en las últimas elecciones nacionales, muchos (no solo en la “Quinta Suiza”) anhelaban una coalición sensata que regulara las relaciones con la UE. ¿Por qué no se ha logrado?

Era el Gobierno el que pisaba el freno, no tanto el Parlamento. En el Consejo Federal predomina una mayoría conservadora eurocrítica. En la actualidad, el antiguo escaño de Romandía del PLR lo ocupa el tesinés Ignazio Cassis. Proviene de la región lingüística euroescéptica de Suiza, mientras que el liberalismo de la Suiza francófona tradicionalmente es europeísta y defiende la apertura. Y la generación que actualmente se encuentra en el Consejo Federal ha sido marcada políticamente por el ascenso de la UDC y teme entrar en conflicto con ella. Puede que ahora, con la guerra en Ucrania y la situación de Gran Bretaña tras el Brexit, comience una nueva dinámica. La población suiza es más europeísta que el Consejo Federal. Así lo reflejan tanto las encuestas, como el resultado electoral de 2019.

Cuando la legislatura de 2019 acababa de arrancar con marcado optimismo, estalló la pandemia del coronavirus. Esta situación provocó en Suiza inusitados movimientos de rechazo. ¿Se percibirá aún este efecto en las elecciones?

Probablemente no mucho, y esto es muy interesante. En Suiza, las medidas sanitarias desencadenaron una fuerte oposición, incluso en una comparación internacional. Muchos se preocupaban por la cohesión del país; yo también. Pero esta fuerte oposición fue, en cierto modo, producto de la democracia directa. Se celebraron dos votaciones en torno al covid, y en ambas se aceptaron las leyes. Era obvio para todos que las medidas no eran una imposición “dictatorial” del Gobierno, sino que contaban con el respaldo mayoritario de la población. Los movimientos negacionistas se desplomaron en cuestión de horas tras la segunda votación.

¿En qué consiste la fuerza del sistema político suizo para lograr el equilibrio?

Siempre hay dos fases. En la primera, la democracia directa echa leña a los conflictos y los hace visibles. La segunda conduce a la integración, gracias a los intensos debates que se llevan a cabo sobre el tema. Es por ello que, en Suiza, las fracturas de la pandemia se han gestionado mejor que en otros países, donde estas nunca fueron objeto de tan profundo debate.

¿Puede afirmarse que Suiza sigue siendo una isla de estabilidad en medio de múltiples crisis (pandemia, guerra de Ucrania, inflación, inminente escasez energética, calentamiento climático), mientras que en otros países europeos han cambiado las mayorías?

Al menos no parece que hayan ocurrido grandes cambios. Según nuestra encuesta de otoño de 2022, un año antes de las próximas elecciones, las correlaciones de fuerzas entre los partidos nacionales solo habían sufrido variaciones mínimas. Sin embargo, no puede descartarse que surja otro gran tema de aquí al próximo otoño, dependiendo de cómo evolucione la penuria de energía eléctrica y el coste de la vida. Hasta ahora, el alza de precios en Suiza ha sido moderada en comparación con otros países. Por cierto, ya en 2019 irrumpió un tema inesperado antes de las elecciones: a principios de 2019, la oleada verde empezó a percibirse en las elecciones cantonales.

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