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Los suizos ante un nuevo estilo de vida

22.07.2020 – Stéphane Herzog

La vivienda se convirtió en el centro de nuestras vidas. Los hábitos sociales y de consumo experimentaron un profundo cambio. Los suizos vivieron el confinamiento de manera muy distinta dependiendo de su condición social.

Covid-19 y confinamiento: un fuerte impacto en la población

Fuera el virus, dentro la seguridad. Así se presentaba el período de confinamiento que inició el 16 de marzo y cuyas restricciones han empezado a aliviarse sensiblemente desde el 11 de mayo, fecha de reapertura de los colegios. De un día para otro, los suizos tuvieron que adquirir nuevos hábitos. Hubo que medir la distancia social, desinfectarse las manos, llevar mascarillas y asistir a reuniones de trabajo en línea. “Me costó un mes adoptar un nuevo ritmo en casa”, reconoce Marie Cénec, pastora en Ginebra. “Seguir nuestras costumbres es relajante, pero modificar nuestros rituales produce fatiga”, subraya esta mujer de fe que acompañó a los feligreses de su parroquia a través de la red social WhatsApp, compartiendo en directo poemas, oraciones e intercesiones a favor de personas deprimidas.

Distintos tipos de confinamiento

La antropóloga Fanny Parise, investigadora asociada en el Instituto Lemánico de Teología Práctica de la Universidad de Lausana, ha identificado cuatro tipos de confinados. Estos arquetipos se basan en una encuesta realizada a partir del mes de marzo a 6 000 personas, una mitad de ellas en Suiza y la otra en Francia. De acuerdo con este estudio inédito, el 46 % de los encuestados percibieron el confinamiento como un momento privilegiado. Estas personas estaban trabajando en línea o se encontraban en paro parcial. En cambio, el 12 % de los participantes declaró haber sufrido un aumento de carga mental y un deterioro de sus condiciones de vida. Aún menos afortunados fueron los “náufragos” (34 % de los encuestados), que perdieron su empleo o tuvieron que interrumpir sus actividades.

Fanny Parise compara el confinamiento con un rito de paso; constata que se invirtió la utilidad de las funciones sociales: “El enemigo no tenía rostro, tampoco los héroes. Quienes asumieron esta función fueron algunos grupos profesionales. Las cajeras se convirtieron en un engranaje esencial de la sociedad y el cuerpo médico jugó el papel del salvador. Otras profesiones, que solían gozar de gran estima, vieron caer su importancia, particularmente en el sector terciario, en el que la gente estresada, de repente no sabía qué hacer con su tiempo.”

“Me impresionó la desigualdad de las situaciones”, confirma Marie Cénec. La gente vivió un confinamiento muy diferente dependiendo de la edad, el lugar de residencia, las comodidades, la situación social y familiar.

Estrés o contemplación

Los confinados que no sufrieron un elevado estrés profesional y familiar vieron como el tiempo se alargaba. Descubrieron el ocio, la meditación. “Mencionaron como algo positivo el hecho de mirar el techo o por la ventana, mientras que antes se consideraba algo ocioso”, señala Fanny Parise. Estas personas aprovecharon su tiempo para practicar deporte, dedicarse al bricolaje o cocinar. “En cuanto a la alimentación y al alcohol, algunos respondieron de manera dionisíaca, otros de manera ascética”, apunta la investigadora. Esta última actitud pudo haber sido una reacción a los excesos del mundo anterior.

“Las personas creyentes contaban con las armas necesarias para luchar contra la angustia, la soledad y la privación”, constata la pastora ginebrina. En el sondeo antropológico, el 46 % de los encuestados manifestó que la epidemia constituía un primer colapso del mundo. Un 51 % de los encuestados señaló haber buscado explicaciones alternativas a las de los medios de comunicación. “Cada ciudadano se convirtió en un experto en coronavirus, mientras que los mismos gobiernos iban descubriendo la epidemia de día en día”, comenta la investigadora francesa. Los creyentes pudieron situar este acontecimiento dentro de una lógica pre-estructurada, “en la que el reto consiste en pasar por adversidades, pero con la esperanza de superar las dificultades para lograr un crecimiento interior”, explica Marie Cénec. Algunos atribuyeron la culpa del brote epidémico a la tecnología 5G de Wuhan. Otros vieron en la pandemia un complot mundial. Muchos consideraron que la epizootia era la consecuencia del daño causado al planeta. “El episodio del murciélago del mercado de Wuhan que contagia a un humano, es muy ilustrativo. Su papel es equiparable al de una fábula”, considera Fanny Parise.

Un consumo desorientado

En el momento más álgido del confinamiento, los hogares suizos incrementaron sus compras de alimentos (+18,6 %). Lo mismo ocurrió con los servicios relacionados con los medios y la comunicación (+71,2 %) y los gastos en supermercados (+36,7 %). En cambio, los suizos redujeron a la mitad sus compras de ropa y en un 22 % sus gastos en combustible. Los gastos en restaurantes cayeron un 53,8 % y la visita a las peluquerías se desplomó (–80,8 %). Estas cifras, citadas por la “Neue Zürcher Zeitung” (NZZ), provienen de Postfinance, que ha analizado las compras de sus 2,7 millones de clientes entre mediados de marzo y mediados de abril. El comercio electrónico se disparó. En abril, Correos reveló al diario “Le Temps” que estaba procesando cerca de 850 000 paquetes diarios, lo que representa un incremento del 40 % con respecto al mismo periodo del año pasado. Digitec Galaxus, que depende de Migros, informó que las ventas de aparatos de gimnasia y juegos de sociedad se habían prácticamente cuadruplicado y que se habían duplicado las de artículos eróticos.
 

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