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  • Política

Las eleccciones, el dinero y la democracia (mediática)

17.03.2015 – Georg Kohler

Quien reflexiona sobre la “política” tiene que  deliberar si lo debe hacer sobre cuestiones fundamentales, estrategias específicas o actividades del trabajo político cotidiano. Los politólogos anglosajones diferencian estos campos con diversas denominaciones. Así pues, para referirse al primer campo se habla de Polity, de Policy cuando se trata del segundo, y de Politics cuando se examina la tercera categoría.

La interacción entre el dinero (=poder) y el comportamiento electoral democrático es interesante en los tres sentidos.

  • ¿Debería ser transparente el flujo de fondos entre donantes y partidos? – Esto es asunto de la regulación básica, es decir de la Polity.  
  • ¿Se quiere saber cómo se promueve una posición? – Entonces hay que analizar la Policy.  
  • ¿O lo que que interesa es cómo cooperan los donantes (privados) de fondos y los parlamentarios con vistas a medidas regulatorias polémicas? – Entonces nos encontramos en el ámbito de la Politics. 

En los largometrajes abundan sobre todo las observaciones de sombrías intrigas de poder en el laberinto de tramas personales políticas, si bien naturalmente nosotros partimos de la base de que tales confabulaciones siempre suceden sólo en inglés, francés o italiano. En todo caso yo no recuerdo ninguna película reciente en dialecto sobre el tema de la “política comprada”. 

Obviamente, también aquí se rumorea sobre alguna decisión o cambio de rumbo que quizá, para decirlo con elegancia, podría explicarse por “constelaciones mercúricas”. Pero, sin hechos probatorios, este tipo de afirmaciones resultan suicidas.

Pero cambiemos al nivel de la Polity y la legislación. El Consejo Federal escribió en un comunicado del pasado noviembre que es justamente propio de Suiza no disponer de ningún ordenamiento jurídico que inste a implantar transparencia en lo relativo al financiamiento de los partidos. Opinan que ello es incompatible con las “particularidades del sistema suizo”. Y añaden que, en nuestro país, la población considera que tanto  “la vida política como el financiamiento de los partidos es, en gran medida, una cuestión privada y no estatal”. 

El comunicado respondía a una reprobación del gremio del Consejo de Europa Greco, el Grupo de Estados contra la Corrupción, al que le había llamado la atención la indulgencia reinante en Suiza sobre la relación entre el dinero y el poder político. 

No hace falta tener una actitud hostil para no encontrar convincente la réplica del Consejo Federal. Y es que, en primer lugar, incluso en nuestro caso es evidente que disponer de más medios financieros constituye una clara diferencia: cuanto menos fuertes sean los vínculos con los círculos tradicionales de los partidos, cuanto más fluidas sean las opiniones de la gente que reacciona a tensiones bien orquestadas, tanto más importante es disponer de una economía de atención de máxima cobertura. Pero esto cuesta, se necesita dinero. Y aquí, como en todas partes, algunos tienen muchísimo más que otros. 

En segundo lugar, la lucha por ganarse las simpatías del público políticamente movilizable también se ha convertido en algo permanente en Suiza. Y quien quiera salir victorioso de ella necesita campañas gestionadas permanentemente de forma profesional y abundantes fondos. Así que la pregunta del Consejo de Europa sobre la necesidad de garantizar la transparencia no parece superflua.

El objetivo de la gestión de opiniones es lograr la aprobación y la disposición de seguimiento. En este sentido, una Policy, que no apuesta más por los sentimientos que por el racionalismo no obtendrá la mayoría mediática hoy en día tan “sensacionalista”. Los estados de ánimo son más importantes que los argumentos y la reflexión. Quien no sepa traducir argumentos en una historia tan simple como cargada de emociones nunca logrará hacer llegar su mensaje con la suficiente claridad como para ganar en nuestra sociedad actual.

Pero eso no sería tan grave si la forma de narración más eficaz no fuera el dispositivo de diferenciación entre amigos y enemigos. Comprender la política desde esta perspectiva requiere encajonarla en un esquema de contrastes intransmisibles – y convertirla así en un estado que destruiría las antiguas virtudes suizas de la búsqueda de un compromiso y la disposición a integrarse.

Es de esperar que el vínculo entre el dinero compatible con la “policy” y la democracia mediática federal, que el Consejo Federal considera un problema secundario, no descomponga justamente aquello de lo que él y nosotros estamos orgullosos: “las particularidades del sistema suizo”.

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