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  • Política

La CIA utilizó a una empresa suiza para espiar a más de cien Estados

25.05.2020 – Marc Lettau

Un caso de espionaje conmociona a Suiza: durante varios decenios, los servicios secretos de EE.UU. y Alemania usaron de manera subrepticia a una empresa suiza y su tecnología para espiar a los gobiernos de más de cien países. ¿Qué tan enteradas estaban las autoridades suizas?

La empresa Crypto AG, de Zug, aparentaba ser una empresa suiza absolutamente seria, orientada a la tecnología de vanguardia. Fabricaba un producto que rara vez se usa en la vida cotidiana: máquinas para cifrar mensajes. Sus clientes eran gobiernos, cuyas fuerzas armadas y servicios secretos deseaban codificar sus comunicaciones confidenciales.

Sin embargo, Crypto AG sólo aparentaba ser una empresa normal, respetuosa de los valores vigentes en Suiza. En realidad, lo que estaba codificado eran las estructuras de poder dentro de Crypto AG: sus verdaderos propietarios, que operaban en la sombra desde 1970, eran la CIA estadounidense y el servicio de inteligencia alemán (BND). Ambos consiguieron que la tecnología de cifrado Swiss made, considerada indescifrable, fuera dotada de una “puerta trasera” que les permitiera descodificar los datos.

A través de manipulaciones selectivas, la CIA y el BND pudieron espiar durante varios decenios a 148 gobiernos, tanto enemigos como aliados. Todos estos países habían invertido millones en la tecnología suiza, pues consideraban que provenía de un país fiable y neutral. A fin de cuentas, ellos mismos pagaron los equipos con los que se les espiaba.

Estos hechos fueron dados a conocer a mediados de febrero por la radiotelevisión suiza SRF, la emisora alemana ZDF y el Washington Post, a raíz de una investigación conjunta basada en documentos filtrados de la CIA, así como en conversaciones con antiguos empleados de Crypto AG y sus familiares.

El “golpe maestro del siglo”, para retomar las palabras de la CIA, posee enormes implicaciones y arroja nueva luz sobre las tensiones que se vivieron durante el periodo de la Guerra Fría. Muchos acontecimientos históricos de estos últimos cincuenta años se ven desde otra perspectiva teniendo en cuenta que la CIA y el BND estaban ampliamente informados de los hechos. ¿En qué medida debe reescribirse la historia mundial reciente? La respuesta a esta pregunta sólo podrá darse tras una evaluación minuciosa de los “Cryptoleaks”. ¿Deberá revisarse también la historia de Suiza? Esta es una pregunta de candente actualidad en nuestro país, pues a raíz de estas revelaciones cabe preguntarse qué tanto sabían las autoridades suizas de los hechos, si el Estado suizo conocía las actividades de los servicios secretos extranjeros en su territorio y si las encubría.

“Un programa que superó las más altas expectativas”

¿Cuánto éxito —o qué consecuencias— tuvieron las actividades de espionaje que llevaron a cabo la CIA y el BND con la tecnología manipulada de Crypto AG? Lo que es un éxito para los espías es siempre un fracaso para los espiados: la conclusión depende siempre del punto de vista que se adopte. Según las fuentes que se hicieron públicas, se trató para la CIA “del proyecto de espionaje más extenso y productivo después la Segunda Guerra Mundial”. Así, pudo descodificarse del 80 al 90 por ciento de la correspondencia secreta de Irán. Según la fuente de la CIA, “el programa superó las más altas expectativas de sus creadores”.

Estas escuchas permitieron a Estados Unidos influenciar a su favor los resultados de casi todos los grandes conflictos. Un ejemplo: según las fuentes actuales, el golpe militar en Chile (1973) fue apoyado por Estados Unidos sobre la base de las escuchas. Al mismo tiempo, la CIA y el BND descodificaron los mensajes de la junta militar que tomó el poder en aquel entonces, por lo que conocían perfectamente los métodos de persecución y tortura que costaron la vida a 30000 opositores al régimen.

Las primeras respuestas a una larga serie de interrogantes

Si bien las revelaciones sobre la empresa Crypto AG generan mucha polémica, no se puede llegar todavía a conclusiones definitivas. Sin embargo, las grandes preguntas que plantea este caso dejan entrever su trascendencia para Suiza:

¿Por qué usaron la CIA y el BND la protección discreta de una empresa suiza?

La empresa fue fundada en 1952 por el criptólogo sueco Boris Hagelin, quien eligió deliberadamente a Suiza como sede. La fuente de la CIA hace referencia al motivo de Hagelin: “Cuando se trabajaba en un ámbito tan delicado como la criptografía, era preferible buscar la protección de un país neutral, con menos escrúpulos morales”. Hagelin vendió su empresa en 1970 a otra empresa tras la que se ocultaban la CIA y el BND.

Los que espiaban eran la CIA y el BND. ¿Por qué se percibe el caso en Suiza como un escándalo nacional?

Desde la perspectiva suiza, el asunto clave es determinar qué tanto sabían las autoridades suizas acerca de las intenciones, el procedimiento y el alcance de las actividades de espionaje y si toleraban o, incluso, propiciaban la actuación de ambos servicios secretos.

Algunos empleados suizos sospecharon que potencias extranjeras intervenían su tecnología. Por eso, dieron aviso a la justicia suiza. ¿Qué ocurrió después?

Está comprobado que un empleado de Crypto AG comunicó a mediados de la década de 1970 a las autoridades que los equipos vendidos “habían sido equipados con generadores de claves manipulados, que permitían a los servicios de escucha de la RFA y EE.UU. descifrar los mensajes”, según consta en un fichero del Archivo Federal, con fecha de 24 de julio de 1977. Lo vergonzoso es que las actas correspondientes a ese fichero han desaparecido parcialmente.

La Policía Federal llevó a cabo una investigación al respecto, pero sin éxito. Algunos testigos de la época afirman hoy en día que los interrogatorios realizados entonces por la Policía Federal sólo se hicieron “pro forma”.

¿No es todo este asunto una simple reminiscencia de los tiempos de la Guerra Fría?

Es cierto que las primeras acusaciones se hicieron a mediados de los años 1970. También que un antiguo empleado de Crypto, Hans Bühler, acusó abiertamente a la empresa de cooperar con servicios secretos extranjeros –Bühler pasó nueve meses en un calabozo iraní por sospechas de espionaje y publicó sus acusaciones en 1994, en el libro “Verschlüsselt” (Cifrado)–. Pero hasta ahora ha salido a la luz todo el alcance del caso, pues antes no se disponía de las pruebas proporcionadas por las fuentes de la CIA. Además, el espionaje continuó hasta 2018, mucho después de la Guerra Fría. El BND se retiró en 1993, a raíz de la reunificación alemana.

De acuerdo con lo que sabemos hoy, ¿qué tan enterado estaba el Consejo Federal de estas actividades de espionaje?

Esta es una pregunta clave. Todavía no está claro en qué medida los consejeros federales estaban informados del espionaje. En los documentos de la CIA, se menciona que el ex Consejero Federal Kaspar Villiger (PLR) estaba enterado del asunto. Villiger, ahora de 79 años, desmiente categóricamente haber conocido detalles.

¿Por qué es tan importante la pregunta de si el Consejo Federal sabía de este asunto?

Si se demuestra que el Consejo Federal, o algunos de sus miembros, conocían las actividades de espionaje, surgen otras preguntas serias: ¿toleró el Consejo Federal el espionaje de la CIA? ¿O lo encubrió? ¿Aceptó usar la neutralidad suiza como señuelo? Y si Suiza conoció, toleró o encubrió esto, ¿cómo se justifica el espionaje de países en guerra cuando se pretende llevar a cabo una política de neutralidad?

¿Cómo están reaccionando el Consejo Federal y el Parlamento ante este caso?

La Presidenta Federal, Simonetta Sommaruga, dijo desde un principio que el Gobierno Federal recopilará todos los hechos y que está a favor de una investigación. La Ministra de Defensa, Viola Amherd, confirmó además que obran en poder de su departamento actas que permiten deducir que su antecesor, Kaspar Villiger, sabía del asunto. Las investigaciones están ahora a cargo de la Delegación de Control de la Asamblea Federal. Este organismo quiere averiguar lo que sabía Suiza sobre el espionaje y si el servicio secreto suizo se benefició también de él.

¿En qué medida pone en peligro “Cryptoleaks” el papel actual de Suiza?

Suiza desempeña un papel de mediador en muchos conflictos, ofreciendo sus “buenos servicios” en regiones del mundo que experimentan graves tensiones. Así, actualmente actúa como “cartero” entre EE.UU. e Irán. Suiza sólo puede asumir este papel diplomático si está intacta su credibilidad como Estado neutral. Y es precisamente esa credibilidad la que está en juego. Obsérvese: sobre todo Irán fue espiado intensamente mediante la tecnología Swiss made manipulada, vendida por el representante de Crypto, Hans Bühler.

Los espías fueron EE. UU. y la RFA. ¿Por qué se ha perjudicado la reputación de Suiza?

En qué medida se ha perjudicado la percepción de Suiza desde el exterior está aún por verse. La percepción propia de Suiza, en cambio, sí ha sufrido daños. Se ha dañado su imagen de país neutral, tan importante para muchos suizos. “Cryptoleaks” tiene el potencial de convertir la neutralidad suiza en una burda farsa (véase también el comentario de nuestro invitado).

Credibilidad, confianza, autoimagen: éstos son factores blandos. ¿Se han perjudicado también intereses económicos concretos?

Suiza tiene un sector tecnológico en auge, que depende también de la credibilidad de la marca “Swiss made”. Además, Suiza se presenta como “ubicación digital limpia” y promueve una iniciativa internacional en el ámbito ético. “Cryptoleaks” resulta muy desfavorable en este contexto.

Para mayores detalles puede consultarse:
Documental de la radiotelevisión suiza SRF (en alemán)
Hans Bühler / Res Strehle: “Verschlüsselt: Der Fall Hans Bühler” (Cifrado: el caso Hans Bühler), nueva edición 2020, Wird & Weber-Verlag, ISBN 978-3-03922-044-1

Patrick Feuz es periodista, historiador, autor de varios libros de divulgación y, desde 2015, redactor jefe del diario bernés “Der Bund”

Comentario invitado

Una empresa de Zug resulta ser el centro neurálgico de una gigantesca operación de espionaje. Desde principios de los años 70, la CIA y el servicio secreto alemán espiaron a los gobiernos de más de cien países mediante máquinas de cifrado manipuladas, hechas en Suiza. EE. UU. probablemente continuó con sus actividades de espionaje hasta hace poco.

Entre los espiados figuran distintos generales argentinos durante la guerra de las Malvinas, así como la Guardia Revolucionaria Iraní durante la ocupación de la embajada estadounidense en Teherán. Los protagonistas afirman haber evitado mucho sufrimiento con estas actividades de espionaje, que duraron medio siglo. Pero también es posible que lo hayan causado.

De cualquier forma, esta revelación es dolorosa, pues demuestra que la neutralidad, ese valor sagrado para los suizos hasta hoy, es a menudo hipócrita. Los servicios secretos estadounidenses y alemanes se beneficiaron directamente de nuestra neutralidad y de la reputación tecnológica de Suiza. Esos eran, después de todo, los motivos por los que tantos países compraban nuestros codificadores.

Los funcionarios locales –desde los servicios secretos y las fuerzas armadas hasta la justicia y el sector político– tienen que haber sabido, o al menos intuido, que existía esta manipulación. Durante la Guerra Fría, Suiza se encontraba de hecho en el bloque occidental. El servicio secreto suizo trabajaba en estrecha colaboración con los estadounidenses y hasta la fecha depende de su ayuda.

Por eso se cerraron y se siguen cerrando los ojos

También se podría decir que la neutralidad era y sigue siendo, en parte, un simple elemento folclórico. En sentido estricto, la neutralidad sólo prohíbe a Suiza participar en una alianza militar. Pero hasta ahora sigue siendo para los suizos casi una razón de ser, que podría formularse como sigue: tratamos a todos por igual y nos mantenemos callados. Los políticos y los militares engañan así al pueblo, y éste se deja engañar con agrado, más aún si esto favorece los buenos negocios.

Pero al menos en el caso de los codificadores manipulados, Suiza ahora paga el precio –político y económico– de su flexibilidad. La demanda, tanto de los servicios de los diplomáticos suizos, como de nuestros productos de alta tecnología, podría decaer a consecuencia de la falta de confianza en la independencia de nuestro país.

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