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  • Editorial

Inquietud en la gran arca

09.04.2021

Algunos son imponentes, como el lago de Ginebra; otros son pequeñas perlas sin nombre, perdidas entre las montañas. Entre grandes y pequeños, hay en Suiza más de 6000 lagos. A éstos deben añadirse unos 65000 kilómetros de ríos y arroyos que recorren el país. Los ríos conectan las zonas montañosas con el mar: gran parte del agua que desciende por las laderas de los Alpes fluye hasta el mar del Norte, el Mediterráneo, el Adriático, e incluso el mar Negro. Hablando de agua, puede afirmarse que Suiza nada en la abundancia.

Esta riqueza hídrica se refleja en la imagen que tiene el país de sí mismo, pues se considera el “arca de agua de Europa”. Así, los suizos estamos acostumbrados desde hace mucho tiempo a beber agua de cualquier grifo. Sin embargo, esta despreocupación se ve cada vez más amenazada. Hoy por hoy reina inquietud en la gran arca.

Por ejemplo, en muchas partes del país se rebasa el nivel máximo permitido de clorotalonil en el agua potable, lo que socava la confianza en su pureza. Se sospecha que este fungicida, que estuvo permitido hasta finales de 2019, es cancerígeno y modifica el patrimonio genético. De ahí que, en la actualidad, muchos proveedores de agua diluyan el agua contaminada con agua limpia: una práctica que no da una imagen muy grata del agua potable.

Los agricultores suizos, que anteriormente usaban este pesticida (autorizado) para proteger sus cultivos, ahora se sienten objeto de injustas críticas. En todo caso, no son los únicos responsables de tal situación: la pérdida de tierras de cultivo a consecuencia del crecimiento urbano desordenado, así como la demanda de alimentos baratos por parte de los consumidores, conducen a una agricultura cada vez más “eficiente”, con todos sus efectos secundarios. ¿Qué tipo de agricultura deseamos? Esta es la pregunta clave en torno a la cual giran dos controvertidas iniciativas que se someterán al voto popular este próximo 13 de junio.

Marc Lettau, redactor jefe

Por cierto, los hidrólogos advierten de otro motivo de preocupación por el futuro de nuestras reservas de agua. Pronostican que, debido al cambio climático, Suiza se volverá más húmeda y, al mismo tiempo, más seca. En invierno habrá más precipitaciones; pero la nieve se derretirá más pronto y se acelerará el retroceso de los glaciares, haciendo que el agua, en lugar de permanecer almacenada de forma natural en la montaña, descienda más rápido hacia los valles. En verano lloverá menos: se volverán más frecuentes la sequía y la escasez de agua a nivel regional, sobre todo en las zonas de agricultura intensiva. También seguirán aumentando las temperaturas de ríos y lagos, poniendo en peligro la vida de los peces. En el cantón de Neuchâtel, el lago des Brenets, que a fines del verano de 2018 se secó por completo, presagia posiblemente el nuevo clima de verano en Suiza.

IMAGEN: Fuente de agua en Macun, Foto commons.wikimedia.org
 

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