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  • Política

Iniciativa contra la cría intensiva: el debate se extiende a las granjas orgánicas

05.08.2022 – STÉPHANE HERZOG

Apoyada por la fundación Franz Weber y Greenpeace, la iniciativa contra la cría intensiva pide que se adopten como normativa los criterios de Bio Suisse. Los granjeros están divididos, incluso los del sector orgánico. A continuación, un reportaje en el Jura.

Agnès Saucy. Foto: Stéphane Herzog

En Develier, un pueblito a cinco kilómetros de Delémont, el cielo está bajo y encapotado. Noël Saucy espera en la puerta de su casa. Nos da la bienvenida con un apretón de manos y una franca sonrisa. Los Saucy trabajan aquí desde hace cinco generaciones. En 2002 invirtieron en una granja adicional, situada 200 metros más arriba. Allí descubrimos un cobertizo de 180 metros cuadrados y cuatro metros de altura, donde viven 2 000 gallinas ponedoras. A un costado, la esposa de Noël, Agnès Saucy, controla y limpia los huevos que llegan en una cinta transportadora. Cada huevo es fechado y marcado con un cero: este dígito señala que procede de una explotación que respeta la normativa de Bio Suisse. La producción diaria se sitúa entre 1 600 y 1 900 huevos, que se venden a un mayorista a 47 céntimos la unidad.

Los Saucy abandonaron la agricultura convencional en 2002, cuando la quesería del pueblo estaba a punto de pasar a la producción biológica. La transición duró dos años. Su granja ya contaba entonces con unas 1 000 ponedoras. En 2007, ya eran 3 000 gallinas, distribuidas en dos criaderos. Una explotación biológica puede tener un máximo de 4 000 gallinas, y un solo gallinero no más de la mitad. En la cría convencional, en cambio, se permiten 18 000 ponedoras en un mismo gallinero y 27 000 pollos de engorde, de hasta 28 días de vida. “La cría biológica es más exigente. Estamos orgullosos de haber conseguido este cambio. Hemos vuelto a cobrar conciencia de ciertos aspectos relacionados con la naturaleza”, resume Noël Saucy, cuyos productos pueden encontrarse en los mostradores de Migros. Sin embargo, esto no impide que este campesino de 57 años se oponga a la iniciativa contra la cría intensiva, sobre la que la población suiza votará el 25 de septiembre. “Si todo el mundo pasa a lo biológico, nuestros productos ya no se distinguirán de los demás”, argumenta Noël Saucy, quien no comparte la opinión de Bio Suisse.

En el centro del debate: el pienso y la dignidad animal

En la granja de la familia Saucy, las condiciones de vida de las gallinas ponedoras contrastan singularmente con las que conocían las gallinas criadas en baterías, hasta la prohibición de esta práctica en Suiza, en el año de 1992. Aquí, las aves se desplazan libremente dentro de una pajarera y ponen sus huevos en ponederos protegidos de la luz. Picotean en un cobertizo protegido del sol y tienen acceso a un corral exterior, cuyo piso está cubierto con virutas de madera. Cuando hace buen tiempo pueden retozar por un pasto donde encuentran sombra debajo de los saúcos y árboles frutales. Las gallinas son productivas durante once meses antes de ser sacrificadas y sustituidas por aves de 18 semanas de edad.

En la granja de los Saucy, el terreno del pasto debe ser lo suficientemente amplio para ofrecer un espacio de cinco metros cuadrados por cada pollo. La cría convencional solo prevé la mitad de esta superficie. Aquí, la alimentación se ajusta a las normas de la agricultura biológica y el estiércol de los pollos se reutiliza como abono. “Desde hace veinte años no utilizamos un solo kilo de fertilizante comercial para nuestros campos”, se alegra nuestro granjero, en cuya finca pastan también 45 vacas lecheras. El pienso se produce en la misma granja.

Un sello de bienestar animal: el código 0-CH-BIO identifica los huevos de granjas que cumplen los criterios de Bio-Suisse. Foto Stéphane Herzog

En relación con el pienso, Alexandra Gavilano, especialista en alimentación de Greenpeace, llama la atención sobre la considerable carga medioambiental que suponen las importaciones de soja y cereales para los animales. Además de lamentar la reducción de “los impuestos a la importación del pienso desde que comenzó la guerra en Ucrania”, la activista llama a los suizos a disminuir su consumo de carne, leche y huevos: lo ideal sería que los vegetales sirvieran en primera instancia para alimentar a la población humana.

La iniciativa contra la cría intensiva posee también una importante dimensión ética. “La dignidad del animal implica que este tenga derecho a no ser objeto de una explotación intensiva”, defienden los partidarios de la iniciativa. Subrayan que solo el 12 % de los animales de cría tienen acceso a un prado durante su vida y que hasta un 4 % muere antes de su traslado al matadero.

Para Noël Saucy, estas cifras deben relativizarse: “Las granjas con 18 000 pollos también disponen de invernaderos y pastos”, señala. ¿Acaso no apunta la iniciativa a que la Confederación proteja la agricultura suiza? Paradójicamente, Noël teme por su negocio. “Si la producción disminuye por la reducción del número de pollos permitidos en cada granja, nos harán competencia las aves de corral extranjeras, que se crían en condiciones mucho peores que en Suiza.”

“Las granjas con 18 000 pollos también disponen de invernaderos y pastos.”

Noël Saucy

En la Unión Europea se permite una densidad de hasta 100 000 pollos por cada granja. Noël opina que sería problemático construir un mayor número de pequeñas granjas orgánicas, aunque este es precisamente el modelo por el que se ha decantado él mismo. Los promotores de la iniciativa creen, por el contrario, que estas pequeñas explotaciones serían beneficiosas para el bienestar animal.

Un sistema de lealtad entre campesinos

Si la iniciativa recibe el visto bueno de los electores, aproxima­damente un 5 % de las explotaciones suizas se verán obligadas a modificar su método de cría. Greenpeace señala que 237 granjas poseen más de 12 000 pollos, lo cual representa un 43 % del total de las aves de corral en Suiza. ¿A qué se debe que una parte de los agricultores biológicos se opongan a la iniciativa? Christine Gerber, agricultora del Jura y socia de la organización Uniterre, tiene una idea al respecto: “Los hombres están atrapados en un sistema de lealtad hacia sus colegas y su educación, mientras que las mujeres damos a luz a los hijos. Tenemos nosotras la responsabilidad del futuro”, afirma Christine, cuya granja en Franches-Montagnes es un islote de neocampesinos. Aquí solo se come carne dos veces por semana.

Christine declara estar a favor de reducir la producción de aves de corral y cerdos. En cambio, lamenta que se estén llevando a cabo proyectos para aumentar la producción lechera. “Cuántas más vacas hay, más estiércol producen. Pero el terreno ya está sobrecargado”, dice. En el caso de una sequía, optaría por reducir el número de animales en su granja. Subraya que es muy largo el plazo que la iniciativa prevé (25 años) para organizar la transición hacia una agricultura biológica. “Tendremos más granjas pequeñas, y eso será algo muy positivo”, dice esperanzada.

Hay que actuar ahora, antes de que escasee el pienso

Para Greenpeace, esta transición llegará tarde o temprano, debido a la escasez de cereales y pienso en un entorno sometido a una creciente presión. “Hay que ayudar a los agricultores que dependen de este sistema de producción y de los grandes distribuidores”, dice Alexandra Gavilano, quien opina que la aprobación de la iniciativa permitiría “sentar las bases políticas para abrir un fondo destinado a transformar la agricultura”. El Consejo Federal propuso un contraproyecto directo al texto de la iniciativa, solicitando que todos los animales de cría se beneficien de salidas periódicas; sin embargo, el Consejo Nacional rechazó esta propuesta.

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