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  • Cultura

El humor suizo de Plonk et Replonk

14.01.2015 – Stéphane Herzog

Jacques y Hubert Froidevaux, y su amigo Miguel Morales, han inventado un humor 100% suizo, cuyos blancos son el ejército, el Cervino y los enanos de jardín. Encuentro con Plonk et Replonk en La Chaux-de-Fonds.

Una ciudad permanentemente sin agua, a 1000 metros de altitud, con un tren que debe zigzaguear para llegar a su destino debido a las pendientes. Así es La Chaux-de-Fonds, tierra de acogida para los creadores Jacques y Hubert Froidevaux, conocidos como Plonk et Replonk. Ya el propio nombre es una broma, porque la marca en cuestión cuenta con un tercero en discordia: Miguel Morales, amigo de la infancia de los hermanos.

“La Chaux-de-Fonds es una ciudad de la que uno parte”, bromea Jacques, el mayor, nacido en 1963, que desgrana los nombres de los célebres emigrados de esta ciudad: Blaise Cendrars, Le Corbusier, Jean Chevrolet. ¿Por qué irse de aquí? Quizá por el clima... “Seis meses de invierno y seis meses de impuestos”, resume Hubert. Y sin embargo ellos se han quedado “allá arriba”. Se dirá que por qué no más lejos.

Enanos en hormigón

La materia prima de Plonk et Replonk son los tópicos, que en Suiza nos remiten forzosamente al chocolate, los relojes, el Cervino y los enanos de jardín. Desde hace 15 años, el alegre equipo de Plonk et Replonk sumerge enanos en el hormigón. El modelo de base – un cubo del que sólo emerge la cabeza del enano, justo por encima de la nariz – pesa 8 kilos. También tenemos modelos XL, que pesan unos 20. Una de las ventajas del enano de jardín enterrado en hormigón como refugio antiatómico es que “los niños no pueden desplazarlo”, dicen estos bromistas a los que les gustan los cómicos suizos como Zouc y Bernard de Haller, pero también el imitador Yann Lambiel o el cÓmicoThierry Meury, entre otros.

¿Pero para qué demonios hundir enanos en el cemento? “Para protegerlos”, resumen los hermanos Froidevaux, que describen una Europa averiada en la que la pobreza y las desigualdades aumentan, de manera que el miedo al extranjero aumenta en todas partes. “En Suiza nos vamos aproximando a la situación de los años de la iniciativa Schwarzenbach”, refunfuña Hubert. “Suiza no se libra de las tensiones sociales, pero aquí el shock es menos fuerte. Uno no necesariamente va a acabar de mendigo”, admite Jacques.

Cuando estos dos ciudadanos de La Chaux-de-Fonds, apasionados por África, viajan a París, por ejemplo, se enfrentan a su vez a los tópicos sobre los suizos. “Los franceses tienen la tendencia a reducirnos a los bancos y piensan que el acento suizo francés es único, cuando resulta que hay por lo menos 15”, gruñe Jacques. La aprobación, el 9 de febrero de 2014, de la iniciativa contra la inmigración masiva, no ha arreglado las cosas. “Tratábamos de no llamar la atención como suizos”, cuenta Hubert, del que se han burlado amigos parisinos del Baron Rouge, el bar donde han expuesto en tres ocasiones.

300 cuchillas de sacapuntas

Plonk et Replonk han estudiado a fondo varios lugares de Suiza, y en especial Lausana – “donde la gente habla menos fácilmente”, dice Jacques –, pero al final fue La Chaux-de-Fonds la que más les convino. “Mi peluquero está a un minuto, mi médico a 37 segundos. No es difícil existir aquí”, resume Hubert. Otra ventaja: en el país de los relojes, nuestros dos artistas encuentran todos los  “pitchons” que quieren. Es decir, todos los artesanos de calidad que haga falta. “Me encanta la precisión”, dice Jacques, que con su hermano ha fabricado una “pinaillette”, una especie de guillotina portátil para cortar cabellos en cuatro. “El papelero se quedó pasmado cuando le pedimos 300 cuchillas de sacapuntas. Yo le dije que tenía hijos que coloreaban mucho”, dice el mayor muerto de risa.

No lejos de su taller, una maraña, por encima del Pod, la avenida central de La Chaux-de-Fonds, un fabricante de objetos de metal graba las placas numeradas para las “pinaillettes” y los enanos de jardín. El Migros local está bien abastecido de enanos y también hay cemento en la ciudad. Pero Plonk et Replonk confiesan que desde hace unos años piden sus enanos de jardín (de fabricación austriaca) por correo. Calculan que hasta ahora han comprado un millar.

El arte de apropiarse de tarjetas postales

En la divertida obra de Plonk et Replonk, la postal ocupa un lugar crucial, y es este trabajo de apropiación de este ícono de los siglos XIX y XX el que les valió sus primeros pedidos, desde 1995. “La postal muestra lo banal, lo que ya no se ve”, resume Jacques. En este sistema, Ginebra se limita a su Jet d’eau, Berna a sus osos y Suiza al Cervino. Los dos acólitos han ampliado su vocabulario con otros tópicos: la familia, la patria, los militares, los oficios en desuso y los monumentos, el colmo de lo grotesco.

Hace 150 años, la postal funcionaba como un medio de comunicación, recuerdan los dos eruditos, mostrando ejemplos de sucesos actuales con imágenes de inundaciones, ciclones o accidentes aéreos. Esta aportación de veracidad es mayor por la calidad de las imágenes de la época. “La gente posaba mucho tiempo ante la cámara, y cuando alguien miraba al objetivo, se sentía su presencia, ya que las placas sensibles eran grandes, así que las fotos eran de una calidad extraordinaria”, precisa Hubert, que señala una tarjeta postal atroz en la que colones ingleses de Hong Kong posan ante las cabezas cortadas de varios autóctonos colocadas en el suelo (en una segunda mirada, uno descubre que llevan gorros de Papá Noel). Y por último el color sepia de las postales les da una pátina antigua (y por tanto verídica). Ya sólo queda añadir leyendas pseudo-serias que, acopladas a imágenes más o menos retocadas, crearán un paréntesis, el resultado deseado por estos dos suizos.  

Queja ante la Oficina de Turismo

Así, en La Chaux-de-Fonds, una alucinante postal de Plonk et Replonk muestra la explosión de una tubería de agua (un hecho histórico) en las calles de la ciudad. “Dos ancianas hicieron un comentario sobre la imagen, tratando de recordar el suceso, cuando en realidad lo que se ve son las cataratas del Niágara”, se mofa Hubert. Sin embargo, una postal en la que aparecían barcazas en un canal en pleno centro del Pod – la avenida central de La Chaux-de-Fonds – intrigó muchísimo a turistas belgas, que por lo visto ¡se quejaron de la falta de un canal cerca de la Oficina de Turismo! asegura Hubert, que añade que esta misma oficina les propuso figurar en una visita cultural de la ciudad, lo que habría petrificado a Plonk et Replonk : ¡el colmo para estos cómicos que desprecian los monumentos.

El apogeo de esta exitosa carrera se produjo quizá en el Museo Militar de Colombier, en 2010, durante una exposición llamada “Embrujos militares. 1515 – 2015 : cinco siglos de heroica resistencia”, uno de cuyos puntos culminantes fue un castillo construido por Jacques con galletas del ejército. La operación reunió a dirigentes políticos y militares suizos, entre ellos el ex consejero de los Estados socialista Jean Studer (actual presidente del Consejo del Banco Nacional Suizo), así como al oficial André Duvillard, entonces comandante de la policía de Neuchatel, nombrado delegado de la Red Nacional de Seguridad.

“Los oficiales estaban un poco perplejos en la inauguración”, dice Hubert, pero Duvillard dijo que “el margen de progreso del ejército depende de su sentido del humor, señal de que el ejército es menos monolítico de lo que parece“, concluye Jacques Froidevaux para reafirmar lo aducido por Hubert. Al fin y al cabo, las imágenes de las postales son antiguas y por tanto están libres de derechos de autor. Y es que en una ciudad permanentemente sin agua, hay que saber ahorrar recursos.

stéphane herzog es redactor de “panorama suizo”

Una infancia suiza 

Las galletas, el ejército, los relojes: todo ese mundo evocado y ridiculizado por Plonk et Replonk sale de Noirmont, pequeña ciudad relojera de las Franches-Montagnes, donde se criaron Jacques y Hubert Froidevaux, y su amigo Miguel Morales. “En aquella época el presupuesto del ejército era monstruoso; corríamos tras los soldados para pedirles galletas y chocolate”, recuerda Hubert. Estos chicos crecieron pasando mucho tiempo en un café-restaurante que regentaba su madre. En el bar se reunían todos los habitantes de Noirmont, desde el obrero hasta el patrón de la fábrica. El padre era ebanista. Durante un tiempo también construía féretros, como era costumbre en aquella época. Pero el negocio se esfumó. “Un día, con su camioneta VW llena, mi padre puso un féretro encima del mismo y cruzó Saignelégier así, fumando un puro, cuenta Hubert. Las obreras de la fábrica de relojes de la Ciny, al verlo pasar así se quejaron. Eran unas mojigatas”. A papá Froidevaux le quitaron la concesión mortuoria, lo que quizá coincidió con el inicio de la carrera de Plonk et Replonk, con una primera revista para aficionados redactada por Jacques y Miguel llamada “Yogur verde”, que a continuación se convirtió en “Yogur que mata”. Todo un programa.

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