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Ciudades agobiadas por el calor

25.05.2020 – Theodora Peter

Debido al cambio climático son cada vez más frecuentes las olas de calor. Las más afectadas son las ciudades, en las que en verano se registra un mayor número de días calurosos y noches tropicales. Para mitigar este fenómeno se acondicionan más áreas verdes y superficies de agua y se mejora la ventilación de los barrios.

En los calurosos días de verano, los juegos acuáticos en la Plaza Federal de Berna son muy apreciados, tanto por turistas como por berneses. Frente a las imponentes fachadas de arenisca del Palacio Federal y el Banco Nacional, los niños juegan entre las 26 fuentes, cada una de las cuales representa un cantón de la Confederación. Para secarse, los niños empapados se acuestan boca abajo sobre el caliente suelo de piedra. En las terrazas de los restaurantes, a orillas del río Aar y en los puestos de helados se respira un ambiente mediterráneo. Es un hecho: desde un punto de vista climático, las ciudades del hemisferio norte “migran” cada vez más hacia el sur. Esto se desprende de una investigación de la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, en la que se analizan los cambios climáticos que se esperan para los próximos 30 años en 520 capitales del mundo. Según este estudio, el clima de Berna en el año 2050 se asemejará al clima actual de Milán; Londres se desplazará a Barcelona, Estocolmo a Budapest y Madrid a Marrakech.

Según los últimos escenarios climáticos, las temperaturas en Suiza se elevarán entre 0,9 y 2,5 grados centígrados en verano. Esto significa que el número de días de calor (30 grados centígrados o más) seguirá aumentando. Esto afectará sobre todo a las ciudades, que se convertirán en auténticas islas de calor. Las calles sin sombra y el asfalto de las plazas calientan el aire. Por la noche, el aire se enfría poco, lo que provoca noches tropicales, en las que la temperatura no baja de 20 grados.

Árboles en vez de aire acondicionado

Sion, capital del cantón del Valais, se ha visto especialmente afectada por el aumento de calor: en ninguna otra ciudad suiza han subido tanto las temperaturas en los últimos 20 años; desde 1984, los días de calor han pasado de 45 a 70. Hace seis años, la capital valesana lanzó el proyecto piloto AcclimataSion, fomentado por la Confederación. El objetivo es adaptar mejor la planificación urbana y las normas de construcción al cambio climático, explica el urbanista Lionel Tudisco. Para ello, se sigue el lema: “Más verde, más azul y menos gris”. Esto significa plantar más árboles en el espacio urbano. “Un árbol proporciona el mismo frescor que cinco acondicionadores de aire”, subraya Tudisco. Bajo la sombra de los árboles, la temperatura durante el día es hasta siete grados menor que en el entorno. Y para lograr una ciudad “más azul”, se instalan fuentes, lagos, fosos o corrientes de agua que “crean microclimas y reducen las oscilaciones térmicas”. Estas medidas no sólo deben reducir el calor en las ciudades, sino también aminorar el riesgo de inundaciones. Porque el cambio climático no sólo aumenta la temperatura, sino la frecuencia de las lluvias fuertes: una situación que se vivió en Sion en agosto de 2018, cuando una lluvia torrencial inundó en poco tiempo las calles de las zonas bajas.

Emblemática de AcclimataSion es la remodelación de la avenida Roger Bonvin, una alameda que permite caminar sobre la autopista cubierta. Anteriormente, este lugar de 500 metros de largo era un espacio público poco atractivo, con superficies selladas directamente expuestas a los rayos del sol. En la actualidad, 700 árboles dan sombra a los paseantes, que deambulan entre islotes de vegetación. Una playa de arena y varios espacios para sentarse o tumbarse transmiten una sensación vacacional, mientras que los niños pueden refrescarse en una fuente plana.

Mapas climáticos para señalar los puntos candentes

En las grandes ciudades también, las autoridades se preocupan por el cambio climático. Tal es el caso en Zúrich, donde se estima que los días de calor pasarán de 20 a 44. “Queremos evitar el sobrecalentamiento en toda el área urbana”, afirma Christine Bächtiger, encargada de la oficina municipal de protección medioambiental y de salud. Para lograr este objetivo, se debe asfaltar o sellar la menor cantidad posible de superficies urbanas, pues las superficies selladas absorben mucha radiación solar y calientan el entorno. Además, la ciudad pretende mitigar los efectos del calor en los barrios densamente poblados y en los que viven muchas personas mayores, especialmente sensibles a las altas temperaturas. Asimismo, se planea ampliar la red de vías de comunicación que conducen a parques o barrios con menor carga térmica. En comparación con otras ciudades, Zúrich tiene una topografía muy favorable: el 75 por ciento de la zona urbana poblada se beneficia de un aire fresco que llega por la noche a la ciudad, desde las laderas boscosas de los montes Zürichberg, Käferberg y Uetliberg. Para mantener este “sistema natural de aire fresco”, las obras de construcción deben preservar corredores que permitan la circulación del aire, o los edificios no deben exceder de una determinada altura.

La ciudad de Basilea también ha localizado en un mapa climático las islas de calor, los espacios verdes refrescantes y las corrientes de aire. Los planificadores urbanos y arquitectos aprovecharon estos conocimientos para diseñar el barrio de Erlenmatt, en la zona fronteriza entre Suiza, Francia y Alemania. Allí, los edificios se alinearon de manera que no se interrumpa el flujo de aire fresco procedente del valle de Wiesental. Además, este nuevo barrio, que se construyó siguiendo principios de sustentabilidad, se caracteriza por la presencia de extensas zonas libres y espacios verdes en las calles.

La ciudad de Ginebra apuesta por aumentar sus áreas verdes. Con este fin, las autoridades aprobaron el verano pasado un plan estratégico que incluye el reverdecimiento como parte del plan maestro comunal. Ya en el marco del programa “Urbanature” los jardineros municipales plantaron casi 1200 árboles y 1,7 millones de plantas en los espacios públicos. Además, según el gobierno municipal, se necesita un cambio de paradigma en la movilidad, con una reducción del tráfico individual motorizado. Así se podría reverdecer los patios interiores que actualmente se usan como aparcamientos. Los árboles no sólo refrescan la ciudad, sino que también atrapan las finas partículas de polvo del aire.

La ciudad de Berna persigue también una estrategia a diferentes niveles. Por ejemplo, los pavimentos sólo se sellarán cuando sea necesario para el tráfico o el acceso de los discapacitados. Mientras que un pavimento de asfalto se seca inmediatamente tras la lluvia, el agua se filtra por los pavimentos de gravilla y puede evaporarse posteriormente. “Tenemos que reconsiderar todo el circuito del agua”, afirma Christoph Schärer, Director de “Stadtgrün Bern”. El agua no debe fluir lo más rápidamente posible a la canalización, sino quedarse donde está para contribuir al enfriamiento mediante la evaporación, o a la irrigación de la vegetación. “Cada metro cuadrado no sellado es un metro cuadrado ganado”. En Berna, las numerosas fuentes y corrientes de agua contribuyen al enfriamiento, como el arroyo que se ha dejado al descubierto en el casco antiguo de la ciudad.

Crece la demanda de nuevas especies de árboles

En su afán de volverse una ciudad más verde, Berna apuesta cada vez más por árboles “exóticos” adaptados al cambio climático. Muchos de los árboles nacionales, como el tilo de hoja ancha y el arce blanco, no soportan mucho calor ni sequedad. Por eso, en Berna se planta el roble cabelludo. Este árbol de hoja caduca es originario del sureste de Europa y soporta, además del calor, también inviernos fríos o las heladas tardías de la primavera, más frecuentes en los últimos años. Pero el responsable de Stadtgrün no hablaría de una “mediterraneización”, al menos no por lo que a los árboles se refiere.

Adaptando el desarrollo urbano a las condiciones climáticas

Los días calurosos y las noches tropicales ponen en peligro la salud de la población. Durante las olas de calor, el riesgo de muerte aumenta significativamente. Así, en Suiza murieron en los veranos de 2003 y 2015 varios cientos de personas a consecuencia de las altas temperaturas, sobre todo personas mayores que viven en las ciudades. Con el cambio climático, los periodos de calor son más frecuentes, más largos y más cálidos. En términos de desarrollo urbano, esto significa que las ciudades y aglomeraciones urbanas deben diseñarse de manera que ofrezcan una buena calidad de vida, incluso con un clima más cálido. Con el informe “Hitze in Städten” [Calor en las ciudades], la Oficina Federal de Medioambiente (BAFU) sentó en 2018 las bases de una planificación urbana adaptada al clima. El informe muestra opciones para mitigar el llamado efecto de islas de calor mediante ejemplos de Suiza y del extranjero. Sin embargo, las medidas no pueden evitar el cambio climático, causado por las emisiones excesivas de CO2. Estas sólo pueden combatirse mediante una reducción drástica de los gases de efecto invernadero, tal como lo prevé el Acuerdo de París.

Informe de la BAFU “Hitze in Städten” (en alemán o francés)

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Mediterraneización aplazada

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