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  • Política

Aire fresco para la democracia directa

23.01.2019 – Jürg Müller

El 25 de noviembre de 2018, el pueblo suizo rechazó la iniciativa por la autodeterminación propuesta por la UDC, así como la iniciativa de las “vacas con cuernos”, pero se declaró a favor de los detectives sociales. En todos los proyectos, quienes marcaron la pauta fueron los grupos de la sociedad civil.

Fue un domingo electoral con una mezcla de temas típicamente suiza: las relaciones con el extranjero, la ganadería y los seguros. En el centro del debate se hallaba la iniciativa por la autodeterminación: una propuesta de la Unión Democrática del Centro (UDC) para que el derecho suizo prevaleciera sobre el derecho internacional. Esto habría conducido a modificar las relaciones con los tratados internacionales: en caso de conflicto entre el derecho constitucional suizo y las reglas jurídicas internacionales, el primero habría prevalecido automáticamente. Para la oposición, se trataba de una norma demasiado estricta, que excluía soluciones y compromisos flexibles: se habrían cuestionado los tratados internacionales y puesto en riesgo la estabilidad y la seguridad jurídica.

Esta iniciativa se rechazó masivamente con un 66,2 % de los votos en contra; la oposición de las suizas y suizos en el extranjero fue aún mayor que la de los propios residentes en el país. La UDC sólo pudo movilizar a su propia base electoral. Llama la atención este resultado, porque va en contra de una tendencia que se observa en muchos países: desde los EE. UU. hasta Gran Bretaña, pasando por Hungría, Polonia e Italia, los levantamientos nacionalistas van en contra de un derecho superior y de las organizaciones internacionales, y exaltan el aislacionismo.

Una cruel derrota para la UDC

¿Por qué en Suiza las cosas siguieron un rumbo distinto? Para la mayoría del electorado, el tema era demasiado abstracto, se alejaba demasiado de sus preocupaciones cotidianas; a ello se sumaba el temor al aislamiento económico y político de nuestro pequeño país, a la inseguridad jurídica en un entorno internacional de por sí inestable. También pudo haber jugado un papel importante la advertencia de los opositores de que la aprobación de la iniciativa habría conducido en última instancia a renunciar a la Convención Europea de Derechos Humanos. Estas y otras incertidumbres pudieron haber desconcertado a los electores y allanado el camino para el “No” pragmático.

Para la UDC, esto constituye una cruel derrota, que interviene justo antes del año electoral (ver páginas. 6–8). En vísperas de los comicios, Magdalena Martullo Blocher, Consejera Nacional de la UDC, hablaba de la que “probablemente fuera la votación más importante desde el ‘No’ al Espacio Económico Europeo de 1992”. Ponía así el listón muy alto, haciendo del proyecto de ley un tema clave de su partido; pero la oposición no se quedó dormida. Incluso antes de que iniciara la recogida de firmas para la iniciativa popular de la UDC en 2015, ya se habían movilizado ciertos grupos de la sociedad civil. Gracias a su precoz actuación, Operation Libero y la Alianza para la Sociedad Civil/Factor de Protección D, lograron reunir a unas 120 organizaciones en torno suyo y, de esta manera, imponer a largo plazo sus argumentos. Al final, la UDC se quedó aislada, porque todos los demás partidos, así como la federación de asociaciones económicas economiesuisse, también se opusieron a la iniciativa.

La UDC pareció darse cuenta de que el viento ya no estaba a su favor: renunció a su habitual estilo agresivo e intentó dirigirse al centro político a través de un discurso más moderado. En la mayoría de los carteles ya no aparecía el logotipo de la UDC. En sus anuncios publicitarios, jóvenes simpáticos sonreían y transmitían mensajes edulcorados: “Sí a la autodeterminación, Sí a la democracia directa”.

El “rebelde de las vacas con cuernos”

Fortalecer la democracia directa era uno de los argumentos electorales clave de la UDC. Precisamente la votación sobre la iniciativa de las “vacas con cuernos” demostró de forma contundente la vitalidad de esta democracia: aunque el proyecto de ley fue rechazado, obtuvo un 45,3 % de votos: en todo caso un resultado respetable, mucho mejor que el que obtuvo la iniciativa del mayor partido del país.

El ganadero Armin Capaul sólo recurrió a la iniciativa popular tras el fracaso de varias intervenciones suyas ante la administración y la política. Consiguió recoger unas 120 000 firmas prácticamente en solitario, con unos pocos apoyos. Capaul pretendía que la Constitución recogiera la obligación de pagar subsidios a los criadores de vacas y cabras con cuernos, debido a que la cría de estos animales requiere más espacio. Además, argumentaba Capaul, quemar los cuernos es una crueldad que mutila a los animales y viola su dignidad. Sus oponentes consideraban que los animales con cuernos son peligrosos y que la iniciativa podría incluso ser contraproducente, porque muchos agricultores atarían a sus animales en los establos en lugar de mantenerlos al aire libre. Sólo algunos círculos ecológicos de izquierda apoyaron a Capaul. Sin embargo, su iniciativa logró gran difusión mediática a nivel internacional.

El referendo sobre los detectives sociales no tenía ninguna posibilidad de éxito, de modo que la ley para la vigilancia encubierta de los asegurados se aprobó con un 64,7 % de votos a favor. Para sus oponentes, la ley iba demasiado lejos: temían que los detectives pudieran espiar a los presuntos defraudadores hasta en el dormitorio, violando así el derecho fundamental a la intimidad. El Consejo Federal, el Parlamento y los partidos conservadores argumentaron que el fraude en materia de seguros socavaba la confianza de la población en la seguridad social, lo que debilitaba la solidaridad y la voluntad de asumir conjuntamente los costes.

Partidos y asociaciones frente a una nueva competencia

A pesar de sus diferencias, los tres proyectos y las campañas electorales poseen un punto en común: todos ellos apuntan a un fenómeno reciente en la democracia suiza: los partidos políticos y las asociaciones –es decir, las organizaciones que tradicionalmente pueden promover referendos– se enfrentaron a la competencia masiva de diversos grupos de la sociedad civil. El referendo contra los detectives sociales es el primer referendo en línea organizado por un grupo de cuatro personas; el proyecto de las “vacas con cuernos” surgió por iniciativa de una sola persona; y la campaña contra la iniciativa de la UDC estuvo coordinada por grupos de la sociedad civil combativos y bien coordinados entre sí, que lograron superar sus diferencias ideológicas y políticas, actuando en gran medida fuera del marco partidario tradicional. En adelante, el Consejo Federal, el Parlamento, los partidos políticos y las asociaciones deben estar bien preparados: tendrán nuevos “compañeros de juego”. Si bien los procesos políticos se vuelvan quizá más complejos y difíciles de controlar, para la democracia directa se trata sin duda alguna de una buena noticia.

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